4 de febrero de 2014

1251- EUREKA, DEL ORO A LA CHATARRA.

Sucede muy a menudo. Nada es eterno. Los países que fueron gigantes después quedaron atrás, de la misma manera que los que nada eran son hoy ombligo del mundo. Lo mismo sucede con algunos pueblos que en otros tiempos fuero emblema de riqueza y progreso y hoy son almacén de miseria y ruina. Es el caso de EUREKA, una pequeña localidad del Condado de Juab, en el Estado de Utha (EEUU) del que voy a contaros su historia. 


La ciudad minera de Eureka en 1911.
Los primeros mineros de esta región fueron una familia de mormones que llegaron a la zona en 1847. Nada sabían del oro que había en sus entrañas y se dedicaron a sacar piedra para edificios, carbón para calefacción, hierro para herramientas y plomo para la munición. Por aquel entonces la región pertenecía a México como Estado de Deseret. La aldea tomó el nombre de Ruby Hollow. Un año después, en 1848, la zona fue cedida a los Estados Unidos y en 1850 se convertía en territorio de Utha. En Octubre de 1862 y con la Guerra de Secesión en pleno apogeo llegarían a la región tropas bajo el mando del coronel Patrick E. Coonor para proteger el correo pero, ante su escasa actividad militar, prontamente se dieron cuenta de la riqueza minera de aquellas tierras y bajo los auspicios de Coonor muchos soldados iniciaron la búsqueda de oro y plata en las montañas cercanas, que naturalmente encontraron.


EMMA, Una de las minas más importantes.
Inicialmente el hallazgo de minerales preciosos se intentó mantener en secreto pero, tras la llegada del ferrocarril en 1869 el secreto no pudo ser guardado. El año 1870 aquel lugar miserable fue rebautizado con el nombre de Eureka, quizás por aquel hallazgo de mineral, pero su crecimiento todavía no había empezado. Una década después (1880) y con un censo de 122 habitantes la noticia fue ampliándose y "la fiebre del oro" llegó a estas tierras inhóspitas. Aquellas docenas de pequeños agujeros y grietas abiertos por los soldados de Coonor se convirtieron en miles de profundos pozos. Más de treinta grandes empresas mineras fueron copando los miles de inscripciones prospectoras abiertas en los primeros años por los pioneros. 


Eureka hacia el año 1920.
Llegaron las fundiciones, toda la industria auxiliar y los comerciantes y aventureros que siempre van al acecho de la riqueza fácil. En los diez años siguientes (1890) el censo marcaba 1.733 habitantes (+1320%). El año 1892 aquella miserable aldea fue elevada a la categoría de ciudad, ya convertida en centro financiero del Distrito Minero Tintic, con un procesado anual de centenares de toneladas. Numerosas industrias al servicio de la minería y otras al de la diversión de las diferentes categorías de trabajadores, se instalaron en la nueva ciudad haciendo que el dinero corriera a raudales. El año 1900 el número de habitantes subió a 3.085 (+78%) y diferentes compañías relacionadas con el oro y la plata se establecieron en la ciudad minera por excelencia. 


Instituciones financieras, tiendas, varias iglesias,
edificios gubernamentales, 
escuelas primarias y secundarias, etc. En 1910 llegaba a los 3.416 habitantes (+11%). La cifra más alta de aquel movimiento demográfico se alcanzó el año 1920 con un total de 3.608 habitantes. El dinero corría imparable. Fuertes inversores británicos llegaron a pagar 5.000.000 de dólares por la mina Emma. Hasta los propios gobiernos del Reino Unido y de Estados Unidos se involucraron cuando, poco tiempo después, la veta de oro se perdió. Tras el escándalo las prospecciones británicas se paralizaron pero para entonces Utha ya había encontrado el éxito. 

Cientos de explotaciones, unas grandes y otras pequeñas siguieron triturando y lavando mineral. Se calcula en más de 1.500.000.000 $ USA el valor de los extraído. A partir de 1925 las diferentes explotaciones mineras fueron cerrando y a medida que los recursos escaseaban, también los negocios nacidos al amparo de los minerales preciosos fueron desapareciendo. El Crac de 1929 fue el hachazo final de este enclave minero. 


Algunos resistieron con todas sus fuerzas esperando un nuevo milagro pero finalmente en 1957 se cerraba la última mina y en 1980 el censo no llegaba a los 700 habitantes. Es lógico que, quien ha visto el dinero correr como río imparable, se resista a pensar que la vida de Eureka ha muerto para siempre. Realmente no es así. Como forma de supervivencia, en 1979 el lugar fue registrado como Lugar Histórico y recibe la visita de algunos turistas despistados que solo pueden encontrar desolación. 


Al amparo de esas visitas se mantienen abiertos algunos establecimientos que viven de los recuerdos del pasado, mientras otros se pudren entre el óxido y los hierbajos. En este momento Eureka es una especie de ciudad fantasma. Bien es verdad que todavía viven alrededor de 400 personas, pero la alegría marchó de este lugar hace tiempo... ¡Y sin duda lo hizo para no volver jamás!.

RAFAEL FABREGAT

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