30 de enero de 2014

1246- LAS GRANDES MENTIRAS DE LA HISTORIA.

Cueva de Altamira.
Unas veces por carecer de escritura y otras por la imposibilidad de su descifrado, poco o nada sabemos de la humanidad anterior a 5.000 años atrás. Solo lo que nos permiten vislumbrar las imágenes prehistóricas de algunas cavidades, la moderna arqueología y algunas leyendas que quedaron plasmadas en antiguos manuscritos de dudosa fiabilidad. Sin embargo, con tan escasos materiales, se han elaborado desde siempre históricas imágenes y libros que nos hablan con pelos y señales de lo que (se supone) acontecería en esos tiempos y en otros incluso mucho más lejanos. ¿Conocimiento, intuición, o burda mentira?. La fantasía juega sin duda un papel importante en la Historia que ha llegado a nuestros días, pero no es ese el mayor problema sobre la poca fiabilidad de la misma. La Historia la escribieron (y la escriben) los hombres de todos los tiempos según su opinión y sus intereses. Independientemente del lugar del planeta que se tratara, en tiempos pasados faltos de ecuanimidad y libertades democráticas, la Historia se escribía según ordenaba quien mandara en ese momento y lugar. 


Se contaban antiguas batallas y se daban como ciertos hechos y cifras que poco o nada tenían que ver con la realidad. El escribano no dejaba de ser un lacayo al servicio del poder y a tal efecto se comprobaba todo cuanto escribía, con peligro para la integridad física del autor si lo expuesto no era conforme a los intereses de los gobernantes. Ya no hablemos de gestas y dioses. Si para quien manda es halagador que sus acciones queden reflejadas con gran pompa y boato, aún con menoscabo de la verdad, no lo era menos para quienes representaban al poder celestial, verdaderos dueños del destino de reyes y vasallos. 


Hechicero alejando a los espíritus malignos.
Desde siempre y aún hoy, en los escasos y remotos poblados en estado salvaje que puedan quedar en el mundo, hay un representante celestial que manda tanto o más que el propio jefe de la tribu. Es más, este último no mueve un solo dedo sin pedirle consejo a este "sabio" capaz de hablar con Dios y con los espíritus. Está claro que, aunque haya dudas sobre su sapiencia, listo y peligroso es el hechicero. No hay que remontarse tan atrás para saber que la Historia está escrita con favoritismos o con desmerecimiento de la misma, según quien fuera el escritor y el relato que se tratara. 

Letrina real del castillo de Loarre. (Huesca)
Se nos ha dicho en varias ocasiones que los reyes españoles eran tan sumamente cochinos que, si les venían las ganas en ese momento, hacían sus necesidades (cagaban, vaya) en su propio trono y en mitad de una audiencia si llegaba el caso. De ser verdad, que no lo pongo en duda, ¿podría el escribano del rey contar tan sucia realidad, por muy natural que sean las necesidades fisiológicas de cualquier ser humano?. Sin duda no, pues en ello se jugaba el pan de su familia y quizás su propio cuello. Será por tanto lo que cuenta el enemigo o el que se lucra escribiendo tales afirmaciones. Personalmente he comprobado que muchos castillos solían tener una letrina en la torre del homenaje que, situada en saliente de la citada torre, permitía que los desechos cayeran directamente al suelo sin manchar tan nobles paredes. Claro que tan loable y moderno invento solo disfrutaban el rey, su familia y muy privilegiadas personalidades.


Lujoso orinal del siglo XVIII.
De la misma manera, se nos ha dicho que los grandes jardines de palacio eran para el alivio de criados y visitantes de la corte, pues ni el mismísimo Palacio de Versalles tenía baño alguno. Solo los más nobles huéspedes de palacio, la familia real y algunos huéspedes especiales, tenían a su disposición reales orinales que los criados vaciaban después en lugar habilitado para ello. Pero...¿Como puede ser eso?. ¿Y las visitas?. Está claro que, ante una auténtica e insoslayable emergencia, en algún lugar había de darse solución al problema pero, con las abundantes y sofisticadas prendas que se llevaban en aquellos tiempos, imposible salir a los jardines palaciegos a ejecutar tan difíciles manejos, ni aún siendo acompañados por un ayuda de cámara... 


Total, que unas veces a favor y otras en contra, pocas veces se habrá escrito la Historia con el rigor que sería deseable, por lo que poco o nada sabemos de lo que en verdad ocurrió en el pasado sobre guerras, batallas y menos aún sobre el día a día de aquellas gentes. Ante esta falta de rigor en las cifras y en los detalles, ¿qué podemos creer?. Ayer mismo leía una misma noticia en dos medios distintos y una de ellas multiplicaba por cinco las cifras que daba la otra. ¿A quien creer?. Si esta circunstancia se da en las noticias ocurridas en el presente, ¿qué realidad puede haber en las que se escribieron en el pasado?. Yo soy amante de la Historia. Me gusta viajar en el tiempo y enterarme de como se luchaba y se vivía en tiempos pasados pero, ¿donde está la verdad?. Y claro, si la Historia está construida sobre los cimientos de la mentira, ¿a quien puede interesar?.


En fin yo, a mi edad, ya no voy a cambiar mi modo de vida ni mi forma de ocupar el mucho tiempo que tengo. Verdad o mentira, indagar en los entresijos de la Historia me atrae y me impide pensar en los diferentes problemas diarios o en lo cerca que tengo mi meta. Es pues una forma de ocupación y de evasión que no voy a abandonar, pero resulta frustrante que aquello que informa del pasado a generaciones presentes y futuras tenga tan escasas expectativas de realidad. De todas formas no es algo nuevo ni desconocido. A mayor distancia en el tiempo y en el espacio, más difícil es encontrar la verdad. Todos sabemos que la Historia es una gran mentira, escrita por aduladores o difamadores interesados, pero es lo que hay... ¡y lo que hubo siempre!. No habiendo una verdad absoluta, es cada uno de nosotros el que tiene que extraer "su verdad" de las cosas. Tampoco será cierta, pero será la suya.

RAFAEL FABREGAT 

2 comentarios:

  1. Podries intentar estudiar unpoc mes i no tindries que fer els comentarios tan poc afortunats con el que fas , hi ha tecniques

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  2. Hola anónimo. Claro que dirigirme a tí es como hacerlo a la nada, al impresentable que critica en la sombra, al amparo de la oscuridad de una madrugada sin sueño. Cuando te suceda esto llámame o ven a mi casa que gustosamente te daré unas pastillas que te irán como anillo al dedo. Dormirás plácidamente y serás mejor persona. A escribir mejor no te ayudará, lo siento, pero también en ese aspecto puedo ayudarte. No directamente, porque yo no sé escribir, pero conozco a alguien que puede darte unas clases. ¡Ay!. Se me olvidaba que tú las técnicas ya las conoces. ¡Que lástima que no sepas aplicarlas...! Haremos intercambio. Tu me enseñas la técnica y yo te doy las pastillas para ser mejor.

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