13 de enero de 2014

1230- LAS OSCURIDADES DEL VATICANO.

Son del conocimiento general las dudas sobre la muerte del papa Juan Pablo I (1978) y su posible conexión con el hecatombe del Banco Ambrosiano en 1982. El principal accionista era el Banco Vaticano y dicho fue por este papa que su mayor interés era desvincular algunas conexiones bancarias de los caminos de la Iglesia. Demasiados intereses se movían alrededor de una iglesia que pensaba más en los temas materiales que en los espirituales. ¿De qué se extrañaba este buen señor?. Solo quien acepta esos preceptos y se mueve a su son puede llegar al cargo de cardenal que él ostentaba y más aún ser nombrado Papa.

Los comienzos de cualquier causa siempre son meritorios. El Banco Ambrosiano se fundó a finales del siglo XIX en Milán y sus metas teóricas eran el dar cobertura a las necesidades piadosas, organizaciones morales y ayudas de caridad. Unas metas idílicas y propias de las instituciones en las que teóricamente se supone que debería moverse la Iglesia Católica y cualquier otra. Sin embargo, al igual que todo Banco que se precie, a mediados del siglo XX el Banco Ambrosiano se había convertido en una máquina de hacer dinero. Bajo su amparo y protección empezaron a florecer compañías por Europa y Sudamérica. 


Penetró en sus entrañas la política y la corrupción de todo tipo. Su compleja red de bancos y compañías aseguraban préstamos sin garantías a diferentes ramas del poder mundial a la vez que se dedicaban al blanqueo de diferentes actividades ilícitas. Todo era bueno si dejaba beneficios. Ante tanta corrupción descontrolada el Banco de Italia elaboró en 1978 un informe que predecía el negro futuro del Banco Ambrosiano y que llevó a profundas investigaciones criminales. Algún culpable fue juzgado al tiempo que alguno de los investigadores fue encontrado muerto. Así son las cosas.

En 1982 y tras las profundas investigaciones, el Banco Ambrosiano tenía 1.287 millones de dólares que no podía justificar. Algunos dirigentes huyeron del país con documentación falsa, otros saltaron por la ventana y se estamparon en la acera. El propio director general (Calvi) fue encontrado colgado en el puente Balkfriars de Londres. El Banco de Italia asumió el control y los fondos a las compañías extranjeras fueron cortados conduciendo a su declive. Se activaron discusiones en torno a quien era el culpable y pagador de tanto desperfecto y el Vaticano asumió pagar una importante cantidad, aunque sin admitir responsabilidad.


No era una nimiedad, sino cientos de millones los que el Vaticano dedicó a pagar a los acreedores del Banco Ambrosiano, uno de los cuales era el propio Banco de la Nación de Perú. Poco antes de que el escándalo saltara a los noticiarios mundiales el encargado de las transacciones (Gerard Soisson) fue encontrado muerto en Córcega. Simplemente sabía demasiado. El escándalo salpicaba en todas direcciones y la propia prensa se consideró culpable de la muerte prematura de Albino Luciani puesto que, siendo ya papa Juan Pablo I, planeaba la pronta reforma de las finanzas vaticanas.


Tribunal Supremo de Roma.
Miles de millones procedentes de la droga y extorsiones de todo tipo había entrado y salido de los Bancos de la Iglesia. La malversación y el blanqueo de capitales a la más alta escala eran el pan nuestro de cada día. Varias personas, acusadores y acusados, murieron en el camino, ninguno de ellos de enfermedad natural, sin que a nadie le importara lo más mínimo. Mucha gente fue procesada y encarcelada preventivamente pero el dinero, como la fe, mueve montañas y el 6 de Junio de 2007 el Tribunal Penal de Roma los absolvió a todos por falta de pruebas... Así es este mundo de mierda en el que nos ha tocado vivir.

RAFAEL FABREGAT

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