10 de enero de 2014

1228- GUADALETE EN LA HISTORIA DE ESPAÑA.

Cueva de Hira.
El año 570 los desiertos arábigos vieron nacer al que sería su máximo profeta, coloquialmente llamado Muhammad o Mahoma. Una noche del año 610, estando en plena meditación en la cueva de Hira, se le apareció el arcángel San Gabriel (?) que le transmitió todos los conocimientos necesarios para concebir el Corán o libro sagrado que a partir de entonces adoptaría el islam como verdadera palabra de Dios, para ellos Allâh. Era el Antiguo Testamento.
Como solía suceder en la mayor parte de las religiones, los propagadores de la Fe iban armados con buenas espadas y, aunque no sin resistencia, las ciudades de Arabia y otras mucho más lejanas fueron uniéndose a una "movida" que no admitía el no por respuesta.
Comenzó una "guerra santa" que cortaba el cuello a los infieles y la propagación de la Fe se hizo rápida y efectiva. Un ejército cada vez más numeroso se lanzó a los caminos y con fe o sin ella, uno tras otro los países fueron sumándose a la nueva religión. 


Cayó primero Israel, Jordania e Irán para luego tomar Egipto, Libia y Túnez. El año 698 los "soldados de Alá" tomaron Cartago y tras llegar a Ceuta pasaron a la Península Ibérica en el 711. Allí estaban entonces los visigodos, pueblo germano oriental que había apartado del poder peninsular a los romanos. El trono visigodo no era hereditario, motivo por el cual las conspiraciones y asesinatos eran frecuentes. La corrupción de la Iglesia, infectada por el poder político y las riquezas, fue causa indirecta del desastre. El año 710 había una guerra civil en la antigua Hispania. Los seguidores de Don Rodrigo y de los hijos de Vitiza se disputaban el trono a la muerte de este último. Finalmente Don Rodrigo fue proclamado rey. Achila II, hijo de Vitiza, marchó humillado al norte peninsular mientras sus hermanos pidieron ayuda a los musulmanes para expulsar al intruso. 


Esta facilidad en el acceso islámico a las tierras visigodas fue el detonante de la derrota de éstos frente a los musulmanes. 
El conde Don Julián, gobernador de Ceuta y estrechamente vinculado con el malogrado Vitiza, negoció con el emir norteafricano Muza la ayuda mora y el desembarco en la península. Los musulmanes aceptaron el pacto de ayudar a los vitizanos en su guerra contra Rodrigo. Cegados por la presencia de Don Rodrigo en el trono visigodo, los vitizanos soñaron que tras la recuperación del poder sus aliados volverían a sus tierras africanas como ocurriera en otras ayudas anteriores. En el verano del 710 el califa de Damasco aconseja a Muza que realice una exploración del terreno y a tal efecto desembarca en la costa de Cádiz un capitán de su confianza (Tarif abu Zara) 400 hombres y varios caballos. Sin apenas guarnición, la breve tropa asoló la comarca y obtuvo un interesante botín. Tarif vuelve rápidamente y cuenta a Musa que aquellas tierras están prácticamente desprotegidas y le anima a proseguir la invasión. El conde Don Julian proporciona cuatro naves y el 28 de Abril del año 711 Muza envía 7.000 soldados bereberes que inician la invasión musulmana.


Con el fin de obligarles a luchar hasta la muerte, la orden de Musa a su lugarteniente es que tras el desembarco de las tropas en tierras visigodas las naves sean quemadas. Sancho, el sobrino de Don Rodrigo intenta parar la embestida musulmana pero viendo que es imposible manda un correo a su tío que se encuentra en Navarra. Mientras tanto Musa, animado por la debilidad del enemigo, manda otros 6.000 efectivos que fanatizados esperan conquistar para Alá aquellas tierras infieles. Don Rodrigo no puede acudir con la rapidez requerida pues está luchando contra los vascones pero finalmente logra reclutar un ejército voluntario y parte hacia Cádiz a la espera de parar la invasión sarracena. Dispone de casi 30.000 soldados, contra los 13.000 musulmanes. En teoría es un ejército más que suficiente para derrotar al enemigo. Cuando llegan al sur peninsular los musulmanes han consolidado su poder en la zona y ocupan Carteya, la actual Algeciras. 


El 19 de Julio del 711 y con el río Guadalete como mudo testigo de una traición sin precedentes, se inicia una batalla que resultará decisiva. Don Rodrigo y el grueso del ejército godo ocupan el cuerpo central, mientras los hermanos Vitiza aguardan en los flancos para descargar el golpe final al enemigo. Los 13.000 musulmanes están prestos a dar la vida por Alá y deseando que empiece la batalla. Eran dos culturas con diferentes puntos de vista sobre la vida y la muerte. El imperio musulmán joven y en expansión, contra la vieja y decadente monarquía, cansada y dividida. Sin duda no fue fácil y aquella batalla se prolongó entre el 19 y el 26 de Junio. Más de una semana de constante derramamiento de sangre. Las orillas del Guadalete se llenaban de desolación mientras las aguas se teñían de rojo. 


Los días iban reduciendo las fuerzas y agotando los recursos de ambos contendientes y cualquier resultado podía producirse. Sin embargo en el momento crucial de la batalla los hermanos Vitiza, que odian a Don Rodrigo, se pasan con sus tropas al bando musulmán. Según los propios cronistas árabes, aquella traición fue determinante para el resultado final de la batalla. Privados de la superioridad numérica y en una maniobra envolvente, las tropas de Don Rodrigo se vieron prontamente diezmadas. Los musulmanes, motivados más si cabe por la inesperada ayuda, atacaron con mayor ímpetu. El futuro del reino godo se estaba decidiendo en esos momentos. Con la batalla perdida y las tropas diezmadas, Don Rodrigo y un grupo de leales consiguieron escapar del cerco y llegar a Lusitania. Según testimonio del abad Antonio Carbalho da Costa, en la iglesia de San Miguel de Fetal de la ciudad portuguesa de Viseu, se conservó hasta el siglo XVIII una lápida con la siguiente inscripción: "Aquí yace Roderico, rey de los godos"


Abd al Aziz, primer emir de Al-Andalus con capital en Toledo.
El 26 de Junio del año 711 quedó marcado en los anales de la Historia como punto y final del reino visigodo. El ejército godo ya nunca volvería a ser una fuerza de combate. 
Prontamente los vitizanos se darían cuenta de la diferencia entre alianza y dominación. Sin embargo algo positivo nacería de esa histórica derrota. 
Aniquilado el poder visigodo, la expansión de los musulmanes hasta el último rincón peninsular fue cuestión de semanas. Animado una vez más por la contundente victoria Muza mandó 18.000 nuevos soldados a la península Ibérica y comenzaría la conquista de Hispania que en pocos meses queda ocupada por el invasor mahometano. Lo que el mayor imperio de todos los tiempos (Roma) tardó dos siglos en conquistar, el islam lo dominó en apenas unos meses. Creyéndoles aliados, en Toledo los vitizanos reciben al invasor con vítores y alabanzas pero éste no solo les ignora sino que se lleva sus tesoros y entre ellos la "mesa de Salomón".


Dibujo de la mesa de Salomón en una Biblia del siglo XVI.
En la Biblia (Libro de los Reyes, capítulo 7 versículos 23 al 26) se dice que, como parte del mobiliario del Templo de Jerusalén, el rey Salomón mandó fundir el oro suficiente para construir de una sola pieza una mesa que describía mediante jeroglíficos la Creación y todos los conocimientos del Universo. Dicho mueble representaba el mar descansando sobre doce bueyes. Salvada por los sacerdotes del saqueo y destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor II en el 587 a.C., fue trasladada a Roma tras la conquista de Tito en el año 70 y guardada inicialmente en el Templo de Júpiter para pasar posteriormente a los palacios imperiales. Según cuenta Flavio Josefo (Guerra de los judíos VII-XVIII) "de todos los tesoros acumulados en las diferentes conquistas del Imperio ninguno era comparable con el obtenido en Jerusalén, destacando una mesa de oro que pesaba muchos talentos"... (Un talento equivalía entonces a 27 Kg.) Cuando Roma fue saqueada por los godos en el año 410, la "mesa de Salomón" fue llevada a Carcassona y luego trasladada a Rávena para preservarla de los ataques francos. 

El año 526 el rey visigodo Amalarico reclama su propiedad y Teodorico, rey de los astrogodos, se la devuelve. Nadie más volvió a mencionar esta pieza extraordinaria. Perseguidos por los francos, el año 507 los visigodos abandonan Tolosa y se refugian en Hispania. Se supone que todo su tesoro y naturalmente la mesa de Salomón se instalan en Toledo que es la nueva capital, pero nadie volvió a mencionarla. Tampoco los moros la encontraron y al respecto y solo queda para la Historia la cita de Ben Adhari: "Trasladaron tesoros y botines innumerables, entre los cuales se encontraban numerosos amuletos mágicos, de cuya conservación y custodia dependía la suerte del Imperio fundado por Ataulfo"... A partir de ese momento los musulmanes se convirtieron en el enemigo común a erradicar y, aunque costó ocho siglos, esta situación propició sin duda la unidad de los diferentes reinos de España.

RAFAEL FABREGAT

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