30 de octubre de 2013

1172- CAZADORES Y VERDUGOS.

Es increíble que, en pleno siglo XXI y dentro del llamado primer mundo, se lleven a cabo prácticas propias de la edad cavernaria. No se puede entender que, después de criarte a un perro que te da todo su cariño desde el momento de nacer y todo el rendimiento que sus facultades le permiten, lo cuelgues de un árbol porque ya no cumple tus expectativas. En España hay cientos de miles de perros "falderos" (yo tengo uno de ellos) que viven mejor que sus amos y están atendidos sanitariamente y alimentados como auténticos reyes. Todo eso sin ningún esfuerzo por su parte. Los dueños de esos perros no le exigimos absolutamente nada a ese animal. Nos basta con el cariño que nos demuestran cada día. Y cuando enferman, ya sin posible solución, nos gastamos un dinero (que no sobra) sacrificándolos sin dolor para que dejen de sufrir.


¿Mojigatos?. Puede. Por mí como si quieren llamarnos maricones, pero muchos como yo queremos a nuestros animales de compañía y no podemos permitirnos el verlos sufrir. Desde aquí y a sabiendas de que más de cuatro me van a mandar a la mierda, denuncio el maltrato animal de un porcentaje elevadísimo de cazadores que se deshacen de sus perros sin ningún miramiento, cuando no cumplen o dejan de cumplir sus expectativas. En mi tierra, que no es de galgos, también antes se veían cosas parecidas pero hace ya muchísimas décadas que esto no sucede. Me consta que se sacrifican animales, claro está, pero con un tiro certero que no les haga sufrir y enterrándolos después. Desde luego el animal jamás puede imaginar que su compañero le va a descerrajar un tiro, en plena juventud y facultades, por mucho que no sean las que su amo exige.


En la meseta peninsular, porque no quiero ni siquiera mentar las regiones de que se trata, los perros galgos siguen apareciendo colgados de los árboles como fruta madura. Unos porque se han hecho viejos y otros porque no corren lo suficiente, según los sinvergüenzas de sus amos que desde lo alto otean el horizonte y disfrutan viendo como los animales se dejan el hígado para que ellos se diviertan. Ni siquiera las liebres importan, pues ni gustan ni apetecen en un mundo donde el plato está lleno de antemano. Son las apuestas y el cosquilleo de verse dueños de los mejores animales de la jornada. Y el que no vale... ¡a la mierda con él!. Si lo de la reencarnación fuera cierto, que no lo es, yo les haría nacer perros. Pero no un perro cualquiera sino un perro inteligente que conociera el comportamiento e intenciones de su amo, cuando las piernas le fallaran.

Todos sabemos que esta práctica de colgar perros es algo prohibido por ley pero estos facinerosos sin corazón, que gastan varias cajas de cartuchos en un día normal de cacería, escatiman un cartucho para acabar con la vida de su perro y sobre todo tener que trabajar 15 minutos cavando un hoyo para enterrarlo. Sanguinarios holgazanes que detrás de una acción tan cruel se marchan a almorzar con el resto de compañeros, mientras el animal se debate entre la vida y la muerte, como si nada hubiera pasado. ¿Qué no harían estos desalmados en tiempos de guerra o de auténtica necesidad?. Yo pido perdón a mis lectores por si alguna de mis palabras puede ofenderles, pero es que todo mi cuerpo se altera viendo las barbaridades que algunos seres humanos son capaces de llevar a cabo, ya no con los que pueden ser sus enemigos, sino incluso con quienes se lo han dado todo.


En el tema de los galgos y aparte de aquellos que se dedican a la competición, que son los menos, están todos aquellos dedicados en cuerpo y alma a la caza propiamente dicha. Una vez finalizado el periodo de caza estos perros, si son buenos, son alimentados durante el resto del año y hasta incluso entrenados para que den lo mejor de si mismos la temporada siguiente pero cuando esto no sucede, porque ya son viejos o porque no han resultado ser útiles para la caza, son sacrificados. Todo eso es comprensible y aceptado por todos, pero hay muchas formas de hacer las cosas y debe evitarse hacer sufrir al animal y también el que terceras personas tengan que verlo colgado de un árbol. Todos no somos tan insensibles ni tenemos el por qué llevarnos a casa esa espeluznante imagen. Aplaudimos por tanto la ley que lo impide y las condenas que de tales actos se deriven.

El Juzgado nº1 de lo Penal de Toledo ha dictado la primera sentencia al respecto, condenando a siete meses de cárcel a uno de estos dueños por ahorcar a sus perros. Somos muchos los que aplaudimos la sentencia. ¡Ya está bien, que la Edad Media hace muchos años que pasó a la Historia!. Está claro que el sujeto en cuestión no verá la cárcel pero, esta sentencia de hipotética privación de libertad, lleva pareja la prohibición durante dos años y un día de contacto alguno con animales y retirada de la licencia de caza. No podrá por tanto criar ni tener animal alguno, ni comprar o vender animales de ningún tipo, ni ejercer cargo alguno en ninguna asociación relacionada con la caza. El motivo de la sentencia fue el ahorcamiento de tres galgos de su propiedad. A dos de ellos que llevaban chip los descolgó y los enterró para que no dejar visible su proceder. Al tercero, que no lo llevaba, se lo dejó colgando del árbol.


El miserable, le dijo al juez que no sabía que colgar a un perro fuese delito. ¿Hace falta que lo diga un juez?. Las asociaciones de animales y especialmente las de galgos, han afirmado estar de acuerdo con la sentencia. El mundo de la caza y en este caso el de los galgos no es un mundo de salvajes y no están dispuestos a que, por culpa de cuatro indeseables, la opinión pública ponga a todos en el mismo saco. Buenos y malos los hay en todos los ámbitos pero que cada palo aguante su vela. Es de esperar que este precedente haga desistir a muchos de aquellos que hasta ahora han llevado a cabo estos actos espeluznantes y vandálicos, impropios de gente civilizada. En cada uno de estos pueblos, donde se caza con estos animales, más de 100 perros son abandonados a su suerte cada año a final de la temporada de caza, sin contar los que se cuelgan. ¿Por qué los transeúntes de algunos caminos han de sufrir tan bochornoso espectáculo?.

RAFAEL FABREGAT

29 de octubre de 2013

1171- ENTIERRO ENTRE LAS NUBES.

La definición exacta de esta ceremonia mortuoria, aunque parezca una paradoja, es la de "entierro en el cielo". Cierto es que cielo y tierra se tocan pero no deja de ser extraño, como extraña y macabra es la forma de llevarla a cabo. El entierro en el cielo es una forma tibetana de que el difunto vuelva a la naturaleza. El ritual más acorde con la religión de estas gentes es la cremación pero en la mayor parte de esta agreste naturaleza nada crece y se carece por tanto de la leña necesaria para ello. Desde muchos siglos atrás el sustitutivo de la cremación es pues la de enterramiento al cielo. Una forma sencilla de enterramiento que en occidente no podemos comprender. En algunas partes del país el sistema empleado es también el de lanzar al río el cadáver desmembrado del difunto, que no deja de ser también algo macabro. 

Como en cualquier parte del mundo, el enterramiento en el cielo es llevado a cabo por verdaderos especialistas que, a cambio del importe pactado, realizan este trabajo de forma habitual y con sistemas más o menos mecanizados. Por estas latitudes los caminos son escasos y menos aún aquellos que llevan a tan trágico destino. La ceremonia y trabajo del enterrador consiste en ir a recoger el cadáver del difunto, entre rezos y nubes de incienso. Sin embargo, una vez llevado a cabo el ritual, ya no cabe refinamiento alguno. El cadáver es liberado de las vestiduras de las que fuera portador hasta ese momento y envuelto en una sábana para llevarlo a su último destino, algunas veces a cuestas.


En núcleos de población más numerosa, enterradores más modernos y preparados tienen motocarros que permiten llevar a los familiares y al difunto a su destino final, sin tener que sufrir una dura caminata que siempre finaliza en lo más alto de una montaña próxima. En otros casos, el servicio de oración y traslado en motocarro nada tiene que ver con el enterrador que pasimonioso espera en la cumbre la llegada de los clientes. Langmusi es punto de enterramiento al cielo, elegido por lo monjes como lugar sagrado para esta misión y uno de los más importantes en cientos de kilómetros a la redonda. Cuenta con todos los servicios de transporte, música y oración. El encargado de llevar a cabo el rito en sí es Lobseng, un tibetano de media edad y complexión fuerte que dice haber superado ya los 200 servicios mortuorios. Todo un veterano de gran estima para los vecinos.

El aire matinal es frío y nubes bajas cubren las cumbres aledañas. De pronto Lobseng escucha el ronroneo familiar del motocarro que sube por la ladera. En la pequeña caja transporta a media docena de personas apiñadas junto a un bulto envuelto en una sábana blanca. En un pequeño cerro situado a escasos doscientos metros, unos músicos hacen sonar sus instrumentos mientras el vehículo se acerca por el embarrado camino al lugar donde Lobseng espera a la comitiva. Se trata de un montículo de piedras donde numerosas banderolas multicolor saludan a los dioses. Las notas del diangro, la trompeta y el sarangui nepalí sobresalen de la percusión de los panderos que marcan un compás más festivo que mortuorio. El motocarro se para y bajan conductor y familiares que con extremo cuidado depositan el blanco blanco bulto en el suelo de la montaña. 

Tras el descenso de los viajeros y el intercambio de saludos Lobseng se lleva a cabo una ceremonia tibetana consistente en ofrecer el cuerpo del difunto a los buitres. Ellos representan al dios de la naturaleza que lo acoge entre sus brazos. Es una ceremonia llevada a cabo durante siglos en esta parte del mundo. Tras las oraciones de rigor, Lobseng carga en bulto a la espalda y cogiendo un saco con algunas herramientas se aleja unos doscientos metros a un punto algo más bajo de la montaña. Se trata de un círculo de grandes piedras, negras y grasientas, donde se acumulan huesos, ropas y restos mutilados de otros difuntos trasladados con anterioridad. El oficiante deposita el bulto en el interior del círculo pétreo y desata la sábana dejando visible el cuerpo del fallecido, al tiempo que los primeros buitres se posan a prudente distancia. 


El cuerpo debe atarse a una estaca para que lo buitres no se lo lleven. Estas aves tienen sobrada potencia para eso y mucho más y la familia del difunto quiere que el trance sea limpio y rápido y esa es la misión del "enterrador en el aire". Perfectamente situado el muerto en el lugar correspondiente, Lobseng saca del saco el hacha y otras herramientas que pudieran ser necesarias. Para ayudar a las aves a comer con rapidez, el muerto debe ser abierto y troceado. 
Este acto se denomina "jhator" y significa entregar el alma a las aves. Según las creencias tibetanas es la mejor forma de elevar el alma al cielo devolviendo el cuerpo a la naturaleza ya que, una vez el alma elevada, carece de valor alguno. Los buitres saben perfectamente cual es el contenido del fardo y decenas de ellos se van posando en las inmediaciones esperando la retirada de aquellos personajes que tan bien les alimentan e impacientes esperan.


Los músicos han callado sus instrumentos y al igual que los familiares del difunto miran expectantes desde lo alto. También los familiares están siguiendo en silencio todos los movimientos que preceden a la elevación del alma del familiar bien amado. Solo el ruido de las alas que agitan los buitres se escucha en el lugar. Ya con el hacha en la mano Lobseng mira hacia el cabeza de familia que asiente entristecido. Tras varios golpes el cadáver queda abierto y partido en varios trozos mientras los pájaros se picotean entre ellos impacientes. 


De inmediato los buitres se lanzan sobre el cadáver que devoran con rapidez. Lobseng se acerca a los familiares y en una especie de prolongación de la ceremonia inicial les entrega aquella sábana que ha llevado a su familiar al destino final de su vida. Apenas han pasado escasos minutos cuando todo ha finalizado. Del cuerpo apenas han quedado unos huesos descarnados que nadie podría identificar y los familiares suben nuevamente al motocarro que les devuelve a sus hogares. 

Lobseng hace una señal y también los músicos descienden del pequeño montículo para iniciar todos juntos el camino de retorno. Los buitres han marchado y todo queda en silencio, solo roto por el ligero viento que silba entre los matojos esteparios. Para el caso de personajes de más prestigio, hay enterramientos más complejos donde se contrata a enterradores más profesionales. El mejor y el que más cobra, es aquel que no permite que quede rastro alguno del difunto. Eso requiere el trabajo adicional de desmenuzar cada uno de los huesos.  En este caso son varios los hombres que llevan a cabo el ritual, en el que ningún familiar puede participar. Tras quitarle la sábana, el cadáver es situado dentro del círculo boca arriba sobre una piedra cóncava al efecto. Uno de los hombres elimina el cuero cabelludo con un afilado cuchillo mientras los buitres empiezan a bajar por la ladera. 

A continuación van cortando el cuerpo a tiras que lanzan a los buitres y finalmente se retiran unos metros para que ellos se lancen sobre el cadaver. El cuerpo queda escondido por decenas de alas y cabezas que hunden sus picos en la carne. De vez en cuando las cabezas se levantan teñidas de rojo para tomar aliento y hundirlas de nuevo. La ceremonia es motivo de alegría para esas gentes que no ven en el cadáver más que una nave vacía que nada tiene que ver con su familiar. Cuando el trabajo está adelantado los hombres espantan a las aves y se acercan. Con hachas y machetes cortan los miembros y machacan los huesos para que los animales puedan acabar totalmente el trabajo, al tiempo que espolvorean los restos con harina para absorber los líquidos y ayudar a los animales a comerlo todo. Se retiran y las aves vuelven a atacar las sobras hasta no dejar nada. 


El equipo de lava y frota las manos con alcohol, lanzando al pequeño fuego unas ramas de ciprés que desinfectan de forma ceremonial el motocarro que ha transportado al difunto. Los encargados del enterramiento han recogido un hueso del cráneo del muerto que también se desinfecta con el humo y que se entrega más tarde al hijo del muerto para que lo lleve a Lasa. Después lo trae de regreso a casa donde quedará indefinidamente como testigo de la vida de sus descendientes. El gobierno aconseja el enterramiento común pero, conocedor de estas costumbres ancestrales, acepta que tales prácticas sigan llevándose a cabo en estos remotos parajes. El paraje queda en silencio, roto tan solo por el ruido del viento que azota las banderolas de plegaria. El ritual ha finalizado. 

RAFAEL FABREGAT

28 de octubre de 2013

1170- JESÚS NO ESTÁ EN EL CIELO.

La iglesia católica nos cuenta que Jesús murió crucificado un viernes a mediodía y después enterrado en la gruta funeraria de José de Arimatea, que fue taponada con una gran roca. Nos dice también que el domingo siguiente la roca había sido removida y el cuerpo había desaparecido, pues había resucitado de entre los muertos. Así lo atestiguaron sus discípulos diciendo que después regresó al cielo y está sentado a la derecha del Padre. Pero no todos cuentan lo mismo. Del Jesús que nos habla la iglesia católica no tenemos datos históricos de su vida, pues los relatos bíblicos pasan de la edad de los 12 años a cuando ya había cumplido los 30 edad; menos aún de su muerte en la cruz y especialmente de su resurrección. Todo son conjeturas escritas mucho después. Se trata por tanto de un dogma de fe de la religión cristiana. Nada más. 

Sin embargo sí hay constancia de la vida de un Jesús de ideas y filosofías idénticas que, tras su crucifixión, marcha hacia el Este dejando claro testimonio de su vida y de sus actos. Ese hombre se establece en Cachemira y vive allí (como profeta) hasta su muerte. Su tumba está en Srinagar y desde entonces es venerada por todos. Su nombre también era Jesús, en este caso Yuz Asaf, porque son varios los nombres que derivan de éste: Yusuf, Isa, Yuz-Asaph, Yusu, Yuz Asaf, Issana y otros muchos nombres que aparecen en los textos y leyendas cachemires hablando siempre del mismo personaje. Pero este Jesús fue más tangible. 
Aunque predicó el amor a Dios y a los hombres, llevó una vida "normal", se casó y tuvo hijos. Toda su vida está documentada y hay constancia escrita de todo su árbol genealógico hasta nuestros días. Textos antiguos y tradiciones de todo tipo hablan de la vida y obra de este "segundo" Jesús, al norte de la India. 


Por esos documentos se sabe de su esposa y descendencia. Hoy, un tal Basharat Saleem, puede declararse descendiente vivo de Jesús. En esta misma ciudad se conserva perfectamente custodiada toda la rama histórica de su familia, desde casi veinte siglos y sin ninguna laguna. Ese árbol genealógico, que llega desde Jesús hasta Basharat, ha sido estudiado minuciosamente por el profesor Hassnain, director de Museos, Archivos y Bibliotecas del gobierno de Cachemira, sin que se haya encontrado resquicio alguno que desmienta esta continuidad hasta nuestros días. 

Si todo esto fuera cierto, cabría pensar que Jesús no murió en la cruz sino que, tras su tumultuosa vida de predicación y persecución judía, vivió una segunda etapa de su vida en tierras lejanas donde murió finalmente a edad avanzada y de forma natural. Solo de esta forma se completaba el designio divino de encontrar a todas las tribus de Israel haciéndoles llegar la palabra de Dios. Una interesante forma de llenar los muchos vacios que nos brindan los textos bíblicos. No debemos olvidar el detalle de la gran simpatía que Pilato le tenía a Jesús. El evangelio de Juan nos dice que Pilato intentó liberarlo pero los judíos se lo impidieron gritándole que, al declararse rey, se declaraba enemigo del César. 
Pilato no podía arriesgar su cargo y ante el peligro de enemistarse con el César estaba obligado a crucificar a Jesús, pero aún así intentaría salvarle. 

A tal efecto fijaría su crucifixión para el atardecer de un viernes. Pilato sabía muy bien que, de acuerdo con las leyes judías, el cuerpo no podía permanecer en la cruz después del anochecer, puesto que ningún ajusticiado podía quedar expuesto durante el día sagrado del sabbath. En los textos bíblicos aparece José de Arimatea, persona notable de la ciudad, amigo de Pilato y dicípulo secreto de Jesús que, a la puesta del sol, se lleva el cuerpo al sepulcro que tiene preparado para sí, lugar seguro que ya no despierta el interés de los judíos. Existe pues la posibilidad de que Jesús fuera bajado vivo de la cruz. Según los mismos textos bíblicos Jesús solo estuvo unas horas en la cruz, cuando en realidad se podía continuar vivo incluso varios días. Aunque no era habitual, si a un crucificado se le bajaba al día siguiente y se le daban los cuidados oportunos, podía recuperarse y sobrevivir a la crucifixión. Esos textos nos dicen que cuando se bajó a Jesús de la cruz los ladrones que le acompañaban seguían vivos, motivo por el cual se les quiebran las piernas para que mueran. Es pues improbable que Jesús hubiera muerto ya. Cuando José de Arimatea fue a pedirle a Pilato el cuerpo de Jesús, éste preguntó extrañado si ya había muerto y al decirle que sí, autorizó que lo bajaran de la cruz. 

El análisis del "sudario de Turín" indica que el cuerpo envuelto en él estaba con vida. El cuerpo no fue entregado a sus enemigos, sino a quienes le amaban. José de Arimatea y Nicodemo se lo llevaron a la gruta mortuoria del primero a escondidas de sus enemigos y, con la excusa de embalsamarle, no lo enterraron. Lo llevaron con una sábana comprada por José y les acompañaban María Magdalena y María, madre de José. Hay que tener en cuenta también que, para salir del sepulcro, fue necesario apartar la piedra que lo taponaba lo que demuestra que salió un cuerpo físico y no un alma espiritual. Cuando llegaron las mujeres el domingo para ungirlo se preguntaban como podrían separar la piedra de la entrada, pero cuando llegaron ésta ya no estaba y un joven vestido de blanco (¿ángel?) les dijo que  Jesús había resucitado. 
- Decidle a Pedro y a los discípulos que se verán en Galilea como Él predijo...
El tratado del Cánon de Avicena y muchos otros, hablan del ungüento Marham-I-Isa o Marham-I-Rosul afirmando que es el que Nicodemo aplicó a las heridas de Jesús tras su bajada de la cruz y que tiene la facultad de curar toda clase de heridas y de facilitar la nueva circulación de la sangre. 


Es de suponer que Jesús, ya curado de sus heridas, se marchara rápidamente huyendo de sus enemigos. En primer lugar visita a María Magdalena (que abraza sus pies). Luego visitó a Jaime y a Pablo, como dice la primera epístola a los Corintios (15, 7-8). Jesús marcha a pie a Galilea (100 Km.) y cuando llega los discípulos quieren huir despavoridos al verle, pues creen que se trata de un espíritu (Evangelio de Lucas 24, 37-39) y Jesús les dice:
- "Tocadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como yo tengo".
- "¿Tenéis algo para comer?" -dijo después. Y le dieron un trozo de pescado a la brasa. Después le dijo a Tomás que estaba alejado mirándole:
- "Acerca tu mano y ponla en mi costado. No seas incrédulo, sino creyente".

Pero Jesús tenía que escapar de Palestina y después de este contacto con los suyos marchó hacia el Este. Tenía que acabar el trabajo encomendado por el Padre... Buscar las tribus de Israel y salvarlas del pecado. Sin embargo, ¿donde estaban?.
Varios siglos antes Josué dividió la Tierra Santa entre los hijos de Israel. Judá y Benjamín ocuparon el sur de Palestina, mientras las diez restantes lo hicieron en el norte del país. Durante el reinado de Saul volvieron a reunificarse, hasta la muerte de Salomón cuando volvieron a separarse.


Estela que marca la tumba de Sem. 
La incursión asiria del rey Tiglatpileser les lleva hacia el norte y años más tarde son apresados por Sargón II, rey de Asiria, que gana el cerco puesto a Samaria y se lleva cautivos a todos los supervivientes. Los israelitas ya no regresan jamás y quedan englobados dentro del Imperio Persa. Los descendientes de las diez tribus de Israel van avanzando hacia el Este, a medida que los conquistadores persas extienden sus dominios. Afganistán, Pakistán y Cachemira, hasta llegar a la ribera del Indo donde se detienen. Allí se establecen con el nombre de Bani Israel (hijos de Israel) y ese es el objetivo de Jesús: Cachemira. Según los textos bíblicos Jesús marcha a Emaús, valle de Josafat, y de allí a SamariaAlcanzó Nazaret y marchó hacia el lago Tiberiades (Juan, 21, 1) desde donde parten las caravanas a DamascoDe allí Jesús y su madre (María) parten hacia Siria y aprovechan para visitar la tumba de Sem, hijo de Noe. Sin embargo Jesús marcha pricipitadamente de Nissibis pues su vida está amenazada.  Desde entonces toma el nombre de Yuz Asaf y así le llaman los leprosos curados en aquellas tierras. 


Tumba de María, madre de Jesús.
Más tarde encontramos nuevamente a Jesús en Irán pues allí se le conoce como "el hombre que llegó del oeste" y cuyas predicaciones y milagros son los mismos que conocemos. Nuevamente se encuentran estos mismos rastros en Afganistán donde hay dos explanadas con el nombre de Yuz Asaf, por ser lugares donde éste ha predicado. Cerca de la frontera entre Pakistán y Cachemira (Taxila) encontramos nuevamente datos sobre el paso de JesúsNo soportando ya más penalidades María muere en el pueblo de Murree (María), a 70 Km. de Taxila (Pakistán) y el pueblo mantiene este nombre hasta 1.875 en memoria de la madre de Jesús. El lugar donde está enterrada se conoce como Pindi Point y la sepultura recibe el nombre de Mai Mari de Asthan (lugar de descanso de la madre María). 


Edificio donde está la tumba de Jesús.
Tras dar sepultura a su madre Jesús se dirige a Sniragar y entra en Cachemira por el valle de Yusmarg (por el que llegó Jesús). A día de hoy ese valle, a 40 Km. de la capital de Cachemira, está habitado por la raza judía de los Yadu por ser el lugar elegido por Jesús para llegar a Cachemira. El primer historiador de Cachemira, Mulla Nadiri afirma que Yusa Azaf, de la tribu de Israel, proclama su cualidad de profeta en el año 54 (d.C.). Un antiguo libro persa, traducido del urdu, cuenta que el rey Shalewahin le ofrece a Jesús 50 mujeres para que le atiendan, pero él se niega a tomarlas. 

Ante la insistencia del rey acepta a una sola de ellas y el mismo libro relata que Jesús tuvo hijos con aquella mujer, de la que Basharat Saleem dice ser descendiente. Preguntado este señor por la mujer de Jesús cuenta que se llamaba Marjan y era de una aldea del valle de Pahalgam
El libro Ikman-ud-Din (siglo X) narra la muerte de Jesús: Al sentir la proximidad de la muerte mandó buscar a Ba'Bat (Tomás) y le indicó que construyese su tumba exactamente en el mismo lugar en el que muriese. Inmediatamente estiró sus piernas hacia el oeste y murió. (Pág. 358 del mencionado libro). 

Atendiendo el deseo de Jesús la tumba se levantó allí mismo, en el centro de la ciudad de Srinagar, capital de Cachemira. En un edificio de la ciudad hay un poste del tendido eléctrico con un cartel que pone: ROZA BALSe trata de un camposanto musulmán que está en el interior del edificio. Al entrar hay un cartel de madera que dice: "Ziarat Yuza Asaf Khanyar" (Tumba de Yusa Azaf, Khanyar). Se accede a una galería que rodea la cámara interior y se entra a ésta por una especie de ventana. 

Se aprecian dos losas sepulcrales, la mayor de las cuales está dedicada a Jesús. La pequeña es la de Sayyid-Nasir-ud-din, un santo cachemir. Sin embargo esta es una simple sala de adoración y los cuerpos yacen realmente en las sepulturas situadas en una cripta inferior a la que se accedía por una escalera exterior que daba a la calle por medio de una especie de ventana y que actualmente está tapiada debido al continuo ascenso del nivel del terreno y al que no se ha dado solución como forma de protección del recinto. (Ver foto superior). Se trata del espacio rectangular de la izquierda de la fotografía, hoy prácticamente cerrado por el elevado nivel de la calle. El cuerpo de Yuza Asaf (Jesús) descansa en un sarcófago de madera y protegido por una celosía de madera. De acuerdo con la costumbre judía esta orientado de Este a Oeste, exactamente en la misma posición y lugar donde murió

RAFAEL FABREGAT

27 de octubre de 2013

1169- JULIO CÉSAR EN AVÁRICUM.

Junto al río Yévre, en lo que actualmente es la ciudad francesa de Bourges, se levantaba Avaricum, un oppidum que daba cobijo y protección a la ciudad más bella de toda la Galia. Situada en tierras de los Bituriges, era la ciudad más grande y también la mejor fortificada. El río Yevre y zonas pantanosas aledañas apenas dejaban un estrecho acceso a la ciudad dándoles la mejor protección a sus más de 50.000 habitantes. Es a principios del año 52 a.C. cuando las tribus de la Galia Celta (parte central de la Francia actual) deciden rebelarse contra los invasores romanos. 


En el bosque sagrado de los Carnutos, los druidas convocan a los jefes de las diferentes tribus célticas. Parisienses, Carducos, Turones y Arvernos acuden a la llamada de los duidas Carnutos, deciden una rebelión a gran escala y los diferentes pasos a seguir. Siendo Cenabum (Orleans) la ciudad romana más próxima, se dirigen a ella y todos los romanos son pasados a cuchillo. Esas no eran lógicamente las tácticas romanas pero, desde el punto de vista de los Galos Celtas, todo lo que derrotase al enemigo era válido. Enterado de la rebelión, César se dirige a contener la rebelión. Conocedores de la superioridad romana, los galos-celtas no pueden enfrentarse en campo abierto y su táctica es atraer al enemigo hacia el interior de su territorio.


A medida que avanzan, los galos de Vercingetorix alejan cosechas y queman los campos para que los romanos no encuentren con qué alimentarse, mientras por detrás otras tropas rebeldes atacan los convoyes romanos de abastecimiento. Más de veinte ciudades y un número superior de aldeas galas son arrasadas por sus propios ejércitos, pero cuando llegan a la ciudad de Aváricum los Bitúrigos se oponen a la destrucción pues dicen que pueden defenderse del enemigo. El jefe galo comete el error de aceptar la autodefensa de la ciudad y pasa de largo sin destruir Aváricum. Todos creen que, al ver la imposibilidad de tomar la ciudad, Julio César pasará también de largo, pero no fue así. El ejército romano necesita comida y César no puede perdonar una ciudad por muy altas que sean sus murallas. 


Julio César dispone de seis legiones (30.000 - 40.000 hombres) mientras que en Avaricum se calcula que había unos 40.000 habitantes y 10.000 soldados. A la llegada de los romanos a las murallas de la ciudad, el ejército galo de Vercingetorix se situó a unas quince millas de distancia por si fuera conveniente llevar a cabo alguna escaramuza. Pasimoniosamente los romanos, duchos en ingeniería militar, iniciaron la construcción de torres y rampas que acercaran a éstas a las murallas en el momento de iniciar el ataque . Después de un mes de trabajo y de intentos constantes de incendio por parte de los galos, las torres estaban preparadas. Desde ellas, unas trampillas darían paso a los soldados romanos que entrarían por la muralla sin dificultad. A César le acompañó también la suerte pues una fuerte tormenta hizo que los centinelas galos se retiraran de las murallas para cobijarse en las torres.


Aprovechando aquella falta de disciplina militar los romanos acercaron las torres de madera a las murallas y cuando los galos presentaron batalla ya era tarde pues los muros estaban tomados totalmente por los romanos. El resto de la tropa gala se aprestó a presentar la defensa de la ciudad pero, siguiendo las órdenes de César, ningún legionario romano bajó a atacarles. Los romanos rodeaban la ciudad completamente subidos en las murallas pero sin atacar. Pronto cundió el pánico y los galos intentaron huir sin resultado, pues todas las posibles salidas estaban cubiertas por las fuerzas romanas que mataban a todo aquel que se acercara. La defensa de Aváricun resultó uno de los más grandes fracasos de la táctica de "tierra quemada". Tras un mes de penalidades y escasa comida, la soldadesca romana no tuvo piedad con el enemigo.


La ciudad fue totalmente saqueada y todos sus habitantes (más de 50.000) muertos sin respetarse mujeres, niños o ancianos. Se dice que unas 800 personas consiguieron escapar de la masacre y unirse días después a los galos que viajaban por delante de los romanos. La ciudad de Avaricum aportó gran cantidad de provisiones a los asaltantes que permanecieron allí hasta primeros de junio para después emprender la marcha en persecución de los galos. Los dos ejércitos marcharon hacia el sur, unos a la vista de los otros pero cada uno en lado diferente al río Allier. Los galos chocando sus escudos provocando al enemigo, ante la anchura del río. En la oscuridad de la noche César escondió a dos legiones y continuó al día siguiente con aquella absurda persecución sin que los galos se percatasen. En un punto favorable, las dos legiones romanas en retaguardia cruzaron el río.

Situados detrás de los galos empiezan a fustigarles y éstos se refugian en la ciudad fortificada de Gergovia. Allí le infringen una importante derrota al general romano que tiene que retirarse. Marcha hacia el norte para recomponer su ejército y para unirse a las fuerzas que tenía luchando en Lutecia. Mientras tanto Vercingetorix, envalentonado por la victoria, decide presentar batalla a César en lo que constituirá su segundo gran error. El romano ha reunido sus fuerzas y completo otra vez su ejército vuelve hacia el sur dispuesto a continuar su guerra contra los galos. Éstos, más de 80.000 hombres están ahora resguardados en Alesia, ciudad santa situada en una meseta, desde la que se divisa un amplio territorio. Los ejércitos romanos rodean la ciudad y la escasez de alimentos pronto se hace presente. Los galos aguantan porque saben que un poderoso ejército está presto a llegar en su ayuda.

Conocedor de este hecho César ordena preparar un segundo perímetro exterior a 300 metros del primero y sitúa en el interior de éstos a los 23 campamentos de legionarios. El exterior de ese segundo perímetro lo llena de trampas de todo tipo: fosos, troncos de madera con punta, agujeros disimulados, empalizadas, muros, torres y todo cuanto era capaz de realizar la ingeniería romana. Mientras tanto los galos, acuciados por el hambre obligan a salir de la ciudad a las mujeres, ancianos y niños (unos 10.000) esperando que fuera César quien los alimentase, pero éste no cae en la trampa y los deja a su suerte, entre las murallas de la ciudad y su primer perímetro de cerco a la misma. El hambre y el duro sol acaba matándolos a todos. El 20 de Septiembre aparece el ejército esperado por lo galos y 250.000 guerreros se lanzan en brutal ataque contra los romanos.



Las defensas romanas se muestran eficaces. Tres ataques, en tres días diferentes, son repelidos por las legiones romanas. También las menguadas fuerzas de Alesia salen a presentar otro frente más de batalla, pero rápidamente son derrotadas y se refugian nuevamente en la ciudad. Viendo lo inútil de la situación y la próxima destrucción de la ciudad santa de Alesia, Vercingetorix, en un último acto de valentía, ofrece su vida para que la ciudad no sea destruida. A la mañana siguiente el jefe galo sale de Alesia a caballo y con su mejor armadura. Llegado a la tienda de Julio César arroja sus armas a los pies del romano y se arrodilla frente a él. Alesia no es arrasada, pero César se muestra in misericorde con el enemigo y de inmediato lo encadena y lo mete en una jaula de hierro que será arrastrada hasta Roma a la cola de su ejército. Allí será exhibido como trofeo de guerra...

RAFAEL FABREGAT

25 de octubre de 2013

1168- EL TIMO DE LAS CABAÑUELAS.

Lo del (timo) las cabañuelas lo saben hasta los negros, como saben el del calendario zaragozano, lo cual no impide que en el medio rural se siga comprando. Sin embargo se compra por colaborar con determinada causa o Dios sabe por qué, pero no para saber que pasará la semana próxima con el tiempo, que no lo sabe nadie. También para recordar algunos datos de siembras, tratamientos 
o remedios caseros para determinadas dolencias que, algunas veces, la memoria no permite mantener en la cabeza de todos. Timo una cosa y timo la otra, pero con el antiguo cuento adivinatorio, han vivido algunas familias varias generaciones. En la España de nuestros amores a este "milagroso" sistema de predicción meteorológica, se llama también las témporas y viene a ser lo mismo: una manera de "sacar dinero de bolsa" usando el cielo como forma de vivir sin tener que agachar la espalda, aunque también hay gente que lo hace por "amor al arte". 


Texto del siglo XVII.
De todos modos poco les queda ya. La juventud actual pasa de todo esto y no cree en nada. Con esa actitud demuestran estar mejor preparados y ser por tanto más listos que lo fuimos nosotros. 
Los "listos" del tiempo suelen vaticinar que en invierno hará frío y calor en verano, que en primavera pueden darse lluvias de Levante y en otoño tormentas de Poniente y para redondear ese calendario de "novedades" te dicen en qué fecha madurará la uva, cuando vendrán las primeras naranjas y los días que hay que esperar, tras la lluvia, para ir a buscar setas. Lo que se dice un total cachondeo pues eso lo sabemos todos. Sin embargo hasta pocos años atrás esos almanaques se vendían en todas las tiendas de ultramarinos de pueblo y se siguen vendiendo en determinadas zonas. Es más, como te descuides un poco se acaban y te quedas sin "saber" lo que pasará al año siguiente, con la consiguiente comezón del patriarca que solo se acuerda que la siembra de calabazas es el primer viernes de Marzo.


Aunque estas ediciones de sapiencia meteorológica mencionadas eran las más populares y conocidas, había otras muchas que, de forma oral y desinteresada, viajaban de boca en boca por todas las regiones españolas. El crujido de una puerta rota en masía abandonada, un amanecer con neblina en determinada montaña, o cualquier otra chorrada, servía a los "adivinos" para decirte el tiempo que haría al año siguiente. Era algo similar (aunque más burdo) a lo que los "hombres y mujeres del tiempo" nos dicen ahora a través de la televisión... pero ellos a un año vista, ¡que tiene más mérito!.
- "Para mañana nubes y claros, con lluvias dispersas que ocasionalmente pueden ser fuertes". -nos cuentan en la tele "los del tiempo".
¿Se han enterado de lo que hará exactamente mañana?. Pues eso. Vamos a repetirlo por si acaso no lo han entendido: "Que puede hacer sol o estar nublado y que, en caso de estar nublado, puede llover mucho, poco, o nada". ¿Ahora sí?. 



Pues bien, así pero multiplicado por cien, son las cabañuelas, el calendario zaragozano, las témporas y todo cuanto te digan de un año para otro. Si los expertos no saben con exactitud lo que va a pasar mañana, teniendo como tienen los aparatos más modernos y el cielo plagado de satélites, ¿como van a saber lo que pasará cuatro ignorantes que apenas si saben cuanto hacen dos más dos?. Naturalmente de hoy para mañana todos sabemos si la forma de las nubes presagian viento o lluvia, si la cicatriz de una antigua herida pica presagiando un cambio de tiempo, o si los pajarillos que se bañan en los charcos indican viento; también si las rayas que dejan los aviones en el cielo desaparecen o quedan allí ensanchándose indican un cambio de tiempo; si cae el hollín de las chimeneas señala humedad y viento si huelen los desagües de la casa. Pero es que en España enseguida sale la picaresca...

Todo eso son señales de cambio de tiempo, unas veces para una posible lluvia y otras como presagio de tiempo seco y ventoso, pero para eso no hace falta ser un lince pues son cambios a futuro inmediato. Pero para un año...¿Quien sabe lo que va a ocurrir dentro de un año?. ¡Pues nadie!. En este asunto de los almanaques, uno es el "experto" y otros los que llenan la bolsa a su costa: editores, distribuidores y comerciantes. Y cuando compras el "librito" y te marchas se ríen. Hombre, pues claro, ¿qué esperabas?. El "experto" suele ser un hombre de campo. Agricultores, criadores de cerdos o pastores de ovejas a quienes la lluvia les ha pillado mil veces y por tanto con mucha memoria. Gente que van todos los días al campo y si cae una piedra de una pared y al día siguiente llueve... ¡anotado!. Si otro día, trabajando más de la cuenta, les duele la espalda y hace viento... ¡anotado!. Con todo eso y mucho más elaboran un calendario que no sirve para nada pero que dice lo siguiente:


Veamos. Si un pajarillo se baña en un charco, tiempo seco. Si te pica una cicatriz cambio de tiempo. Si los desagües huelen hará viento. Si cae una piedra de la pared ponla en su sitio y coge el paraguas. Si hace viento no trabajes demasiado, no sea cosa que el lumbago...
Como habrán visto se trata pues de consejos (poco) fiables y (poco) garantizados, que no fallan (casi) nunca (dicen ellos) y naturalmente no seré yo quién diga que no compren su edición. ¡Por favor!. Aunque sea para reírse, que la economía no está para ir cerrando negocios. El dinero es para gastarlo. Comprar te hace feliz y das vida y trabajo a los demás...


En Canadá y Estados Unidos, siguiendo tradiciones de emigrantes irlandeses, celebran el día de la marmota para saber si el frío invernal ya ha finalizado. Sin embargo en este caso no se trata de algo abusivo sino de una predicción floklórica que gira alrededor de una fiesta campestre con baile y comida familiar. La marmota en cuestión está hibernando en su madriguera y, como si de un reloj atómico se tratara, en la mitad del periodo entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera (2 o 3 de Febrero) se asoma al exterior. Si está nublado sale fuera dando a entender que el invierno ya ha finalizado y si hace sol se esconde nuevamente y ya no saldrá de nuevo hasta seis semanas después, dando a entender que todavía vendrán días de fuertes heladas. Esta tradición se mantiene desde hace más de cien años, por la fiesta que la acompaña, ya que el acierto es solo del 39%.

RAFAEL FABREGAT

1167- GENTE CON BUEN CORAZÓN.

No hablamos de gente buena o de buena gente, sino de gente sana. Pueden tratarse por tanto de auténticos bellacos, pero con el corazón "como un toro", que se dice vulgarmente. De esto y no de otra cosa trata esta entrada de hoy. En principio (cosas de la edad) uno hace orejas a cualquier cosa que le digan pero, a medida que transcurren los años, vas dándote cuenta que las opiniones cambian y lo que ayer era bueno hoy es malo o viceversa. ¡Se dicen tantas cosas!. Cuando el país tiene excedentes de algún tipo de alimento salta de inmediato la noticia de sus bondades, olvidando que apenas unos años atrás se denostaba su consumo. 


Pasó esto con el pescado azul, con la carne roja, las grasas de origen animal (incluida la de la leche), los huevos (1 o 2 a la semana, máximo), productos del cerdo y un largo etcétera que en la actualidad se consideran alimentos convenientes y de primera necesidad. Vamos, que esto es un auténtico cachondeo y ahora es sano por tanto el pescado azul, el aceite de oliva, la leche, el vino, el pan y el jamón serrano, especialmente si es de bellota. Nadie sabe qué comió el cerdo propietario de la pata que te han vendido en el supermercado y ni siquiera si es nacional, pero ahora es bueno. Uno se tiene que fiar (no hay más remedio) de lo que te diga el dependiente de turno. 


En España y en gran parte de Europa, identificamos la calidad en base al precio que te pretenden cobrar. Eso, amigos, solo sucede en esta parte del mundo. Y después hablan de la picaresca española... ¡Pero si en España somos más inocentes que monaguillo custodiando el vino sacramental!. ¡Ay Señor!. Os diré más... En un barrio con posibles, pones media caja de manzanas en una parte de la estantería a 0,75€ y la otra mitad en la otra punta a 1,50€ y, siendo las mismas, vendes antes las caras. ¿Por qué sucede eso?. Pues porque relacionamos lo caro con lo bueno. Vamos, que el 28 de Diciembre todos celebramos nuestra onomástica. 


Apenas hace dos semanas -lo conté aquí- compramos tres sacos de patatas en Mosqueruela recién cogidas del campo.
- Este año van caras -dijo mi mujer- ¡A 0,70 € el kilo!.
- ¿Y eso es caro? -pregunté yo para chinchar.
- ¡Hombre, tu dirás...! -me respondió ella.
- Y las chuletas de palo a 15 € el kilo ¿te parecen baratas? -dije yo hurgando en la herida.
- Pues no es mal precio -me respondió.
- Pues a mí, en lugar de tres chuletas, me pones solo una y me añades un huevo frito y una buena paletada de patatas fritas. ¿Te parece que el conjunto entra en el presupuesto?. Coño con la manía de que las cosas del campo son caras, cuando en realidad es lo mejor que comemos y lo más barato que compramos... ¿O no es así?. 


En cuanto al tema que nos ocupa, lo que no creo que cambie es que la vida sedentaria no es aconsejable, como tampoco lo es el consumo de tabaco, ni el exceso de sal, ni ese café que tanto nos gusta, ni la copa que tantas veces lo acompañaba, ni el exceso de trabajo, ni el estrés, ni los disgustos...  ¿Y un trocito de panceta, acompañada de unos tomates y cabeza de ajos, todo ello a la brasa...? Porque claro, al final uno frunce el ceño y dice: ¡pues esto me lo salto!. Bien está lo del ejercicio moderado y diario, también lo de no fumar ni acudir a lugares que lo hagan, lo de no comer salado... aprobado también, a ciertas edades, lo de trabajar poco y que no te den muchos disgustos, pero ¿qué hacemos con la hipoteca y sus intereses?. ¿Y con los problemas laborales?. Y sobre todo, sobre todo... ¿qué hacemos con la panceta a la brasa...?


Si hay que cambiarla por un chuletón, se cambia y ya está. Si, ¿verdad?. ¡Ay, menos mal!. Ya pensaba yo que... Es que a la gente de pueblo, nos quitan esos placeres y nos lo han quitado todo. ¿Por qué si no, los de la capital quieren ir al pueblo?. 
¡Hombre! -dirán algunos- ¡Hay otros motivos para ir al pueblo los fines de semana!.
Coño, pues claro que hay otros motivos... ¡Están las patatas que cogió el abuelo, los huevos que te guarda tu madre, la garrafa de aceite y la mitad del conejo que ha sobrado de hacer la paella que te has comido a mediodía!. Sin contar los litros de vino que has sacado de la Bodega Cooperativa y que les descontarán a tus padres de la cosecha.


Hay un segundo motivo muy importante también y es que, los fines de semana, allí en el pueblo hay otros cuantos que, como tú, han acudido en busca "del amor paternal" y de los víveres que antes hemos comentado. Entre ellos hay pues una camaradería, una solidaridad, un igual a igual que los hermana a todos y, si se tercia, se puede organizar también una cena sabática.
- ¡Total! -dice el listo de turno- traemos un par de cosas cada uno y...
Claro, claro... De la despensa de tu madre, ¡espabilado!. Lo curioso de todo esto es que cuando hijos y nietos se despiden en la tarde dominical, para regresar al bullicio de la ciudad, los expoliados padres les despiden con los ojos lacrimosos. Cosas de la edad...
- Adios hijos adios. Hasta el próximo sábado. ¡Pepito, María, Ricardín, portaros bien...!
Y el coche se aleja con los bajos rozando el suelo por el exceso de carga.
- ¡Ala Manolo! -dice la abuela- Otra semana solos. Vamos, vamos a recoger las cabras, que ya anochece...
Mañana, lunes otra vez. Me parece que lloverá...

RAFAEL FABREGAT