12 de diciembre de 2013

1209- LA SELVA INVADE LONDRES.

En la corona británica, no es oro todo lo que reluce y por si alguien tiene alguna duda, cabe decir que no solo tienen un cementerio en el centro de Londres sino que (además) lo tienen totalmente abandonado. Criadero de alimañas de todas las especies, el cementerio de Abney Park, en Stoke Newwgintong, es lugar de encuentro para gente rara que deambula por los sucios senderos pensando que camina por otro mundo. Efectivamente es otro mundo y especialmente cuando la falta de luz solar lo sume entre tinieblas. A partir de ese momento la gente "normal" lo abandona y los visitantes más tenebrosos salen al amparo de la oscuridad. Alimañas, ratas, rateros y drogadictos lo tienen como lugar de cita obligatoria.

 Los primeros buscan algún resto de comida de los visitantes diurnos, mientras que los segundos intercambian dinero y diferentes materiales con los que atender la demanda del ocio nocturno. 
Este cementerio fue construido a mediados del siglo XIX e inaugurado en 1.840 para atender la demanda creada por un crecimiento poblacional desproporcionado. Abney Park es uno más de los siete cementerios que tenía la ciudad en aquellos tiempos. En concreto, Abney Park se construyó con el fin de dar eterno descanso a los "dissenters", protestantes que se oponían a la iglesia anglicana y motivo por el cual nunca fue consagrado, lo que no impidió construir una iglesia hoy también en ruinas. 


A mediados de los años setenta del pasado siglo XX el cementerio fue clausurado y convertido en "reserva arbórea", forma refinada de decir que se abandonaba a su suerte y quedaba como criadero de suciedad y alimañas. Los cadáveres estaban enterrados a tan escasa profundidad que esas mismas alimañas han desenterrado y roído los huesos de muchos de aquellos cadáveres que buscaron la paz eterna entre estas paredes. La naturaleza ha reconquistado lo que los hombres de buena voluntad le arrebataron en su día. Los gobernantes actuales no pierden el tiempo en labores sin rentabilidad y especialmente si versan sobre el bien común de los ciudadanos. 


Caminar por los senderos de este lugar es parecido a hacerlo por la selva. Solo las tumbas y las estátuas mutiladas nos recuerdan que estamos en un cementerio. De vez en cuando extraños ruidos entre la vegetación asustan a los visitantes obligándoles a pensar en fantasmas del pasado que no son tales. Por mucho que la niebla ayude a ver espectros fantasmales se trata solamente de cientos, o quizás miles, de animales que allí se cobijan entre la cerrada vegetación. A unos centenares de metros los transeúntes de iluminadas y atiborradas calles jamás pueden imaginar la escasa distancia que les separa de la suciedad más inmunda, incluso con cadáveres a la vista de todo el que quiera mirar.


Bastante más apartados, los políticos descansan blandamente en sus mullidas camas, habilitadas en excepcionales casas de barrios pudientes de Londres. Mientras tanto las ratas campan a sus anchas por la necrópolis en busca de alimento. Si lo encuentran deambularán de uno a otro lado del recinto intentando encontrar partener con la que multiplicarse y si no es así, saldrán a buscarlo por los barrios humildes próximos al antiguo cementerio, con el consiguiente peligro de salud pública. Abandonar un recinto como ese a su suerte lo llaman en Londres "reserva arbórea". En España, como no somos tan finos, lo llamamos abandono político de cuatro sinvergüenzas que solo miran por limpiar el centro de la ciudad.


Sin embargo esto no solo ocurre en Londres. En las ciudades españolas sucede lo mismo y en más aún en los pequeños pueblos. Acatando las órdenes de quien corresponda, los encargados de la limpieza urbana pasan una y otra vez, casi a diario, por las calles del centro de la población mientras que en calles y aceras de la periferia crecen las hierbas y se permite la existencia de solares sin cerrar. Todo el mundo sabe que esta suciedad y abandono extramuros fomenta la cría de roedores y la llegada de más de una serpiente de tamaño considerable, pero no pasa nada, total son cuatro desarrapados los que allí viven. La democracia es la igualdad de derechos,  pero solo a la hora de pagar...

RAFAEL FABREGAT

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