1 de diciembre de 2013

1200- LA MONJA ALFÉREZ.

No fue un dechado de virtudes, sino todo lo contrario, pero justamente por ello y por su valentía pasó a la Historia. En realidad se llamaba Catalina de Erauso y era natural de San Sebastián (Guipúzcoa) donde había nacido en 1.585. Su padre fue un importante militar, comandante de la provincia vasca a las órdenes del rey Felipe III. Como correspondía a tan ilustre familia, a los cuatro años de edad fue internada en el convento dominico de San Sebastián donde una prima hermana de su madre era priora. En principio no había otra intención paterna que la educarla para las labores propias de su sexo al solo efecto de poder casarla posteriormente "como Dios manda". Sin embargo su difícil carácter hizo que muy pronto la trasladaran al Monasterio de San Bartolomé donde se educaba de una forma más rígida y allí permaneció hasta la edad de 15 años. Recluida en la celda por sus peleas constantes con otras compañeras, con el material que tenía a su alcance se hizo ropas de hombre y cortándose el pelo, el 18 de Marzo de 1.600 se fugó. 


Ahí comenzaban las andanzas de una mujer disfrazada de hombre, que se convirtió en un verdadero mito. De pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad recorrió gran parte del norte peninsular, comiendo lo que podía y cuando podía. En Valladolid se encontró con su padre que estaba buscándola, pero sin que éste la reconociese. Siempre haciéndose pasar por un hombre regresó a San Sebastián tres años después, viendo a sus familiares y hasta escuchando misa en el convento donde estuvo de pequeña, sin que nadie la reconociera. Finalmente fue al puerto de Pasajes donde conoció al capitán Miguel de Berroíz que la llevó con él a Sevilla para, dos días después, llegar a San Lúcar de Barrameda donde, sintiendo la llamada de las Indias, consiguió plaza como grumete en un galeón que partió hacia América el Lunes Santo de 1.603 y que capitaneaba Esteban Eguiño, un primo hermano de su madre.


Contar con detalle su periplo por aquellas tierras sería misión muy árdua, que no entra en el cometido de este Blog. Diremos que llegó a Punta de Araya (Venezuela) y siguió hacia Cartagena de Indias y Nombre de Dios, cargando la plata que habían robado a unos piratas a los que derrotaron. Mató a su tío en una disputa en el camarote, le robó 500 pesos y diciéndoles a los marineros que marchaba a realizar un encargo, bajó a tierra y no la vieron más. El Barco zarpó sin ella una hora después. Estuvo tres meses en Panamá, después a Paita (Perú) y de allí a Trujillo y después a Lima. Se alistó para la conquista de Chile (1619) donde mostró su lado más cruel y belicoso contra los araucanos y allí se encuentra con su hermano Miguel de Erauso que no la reconoce. Tres años después es desterrada a Paicabí, donde interviene en la Guerra de Arauco contra los mapuches. En la Batalla de Valdivia recibe el grado de alférez.

Diferentes actos vandálicos y asesinatos hacen que la encierren. Otra vez libre mata en duelo a su propio hermano y huye a Argentina. Llegada a Tucumán se promete a dos jóvenes y termina huyendo a Potosí. Muertes y encierros se suceden en Piscobamba, La Paz y Cuzco, regresando al Perú. En 1623 es detenida nuevamente y pide clemencia al obispo Agustín de Carvajal, contándole que era mujer y había estado en un convento. Las matronas comprueban que es mujer y virgen, consiguiendo la protección del obispo y su envío posterior a España. La recibe el propio Felipe IV que le mantiene su graduación de alférez y su nombre masculino de Antonio de Erauso. Su periplo aventurero siguió hacia Europa siendo recibida por el papa Urbano VIII que la autorizó a continuar vistiendo de hombre. Siguió a Nápoles. En 1630 regresa a América instalándose en Nueva España.


En Orizava (Veracruz) abrió un negocio de transporte de mercancías entre Veracruz y Ciudad de México. La superviviente de tantas pendencias y batallas murió de repente, en 1650, mientras transportaba una carga en un bote, aunque hay otra versión que dice que lo hizo en los altos de Orizaba entre las patas de sus asnos. Sus restos descansan entre los muros de la iglesia del Real Hospital de Ntra. Sra. de la Inmaculada Concepción de los Hermanos Juaninos, iglesia que actualmente es conocida popularmente como de San Juan de Diós, en Orizava (Veracruz) México. Antes de su muerte Catalina dictó sus memorias que fueron publicadas en 1894, casi dos siglos y medio después de su muerte. Entre los cientos de anécdotas confiesa varias aventuras lesbianas, una de ellas cuando una ventera la sorprende "andándole a la hija entre las piernas". Son muchos los que se preguntan cuales fueron los merecimientos para que este personaje, asesino ruin y pendenciero, pasara a la Historia. Desde luego, eran otros tiempos...

RAFAEL FABREGAT

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