28 de noviembre de 2013

1196- DOS CARTAS DE AMOR.

El artesonado mudéjar de una desaparecida iglesia granadina, que forma parte de los fondos del Museo de la Alhambra de Granada, pone al descubierto una carta de amor escondida casi 100 años atrás. Esta carta de amor la escribió un tal Pepe a su novia Emilia el 29 de Agosto de 1.921. Papel vulgar y pobre ortografía, pero rica en sentimientos y un cierto misterio. El encabezamiento nos dice que Pepe era del municipio alpujarreño de Sorvilán y que esta carta era tan solo un anuncio de la principal, que nunca sabremos si llegó a su destino. La misiva, bastante bien conservada, anuncia que le manda una carta muy importante (quizás una proposición) a través de un recadero, que la entregará a un tal Antonio junto a un racimo de uvas y finaliza de esta manera:


"Si el miércoles no la llevara, no hables el jueves al otro que va con uvas. Me dirás si recibiste las uvas y mandarás tu respuesta con el que lleve las uvas. Sin otra cosa por hoy, besos del que te quiere. Pepe."
El artesonado que albergaba la carta era de la Iglesia de San Gil, en Granada. El misterio que rodea estos hechos es que esta iglesia, ubicada en la calle Elvira, fue destruida a finales del siglo XIX para construir la Gran Vía central de la ciudad, por lo que aquella misiva nunca estuvo en el techo del templo y fue escondida en el artesonado ya estando éste almacenado. Dado que esta carta piensa exponerse en el Museo alhambreño como curiosidad, están investigando el lugar exacto que cobijaría el artesonado en esas fechas de 1.921.

Ahora la imaginación de cada cual cerrará este capítulo de amor, sin duda prohibido por los padres de la joven Elvira, que tiene que valerse de métodos complicados para recibir noticias de su amado. Entre el pueblo de Sorvilán y Granada hay 92 Km. de distancia, sin duda demasiados para declarar un amor que hoy podría navegar por internet en una fracción de segundo. Tantas precauciones hacen pensar más en un imperativo paterno que en el que la distancia que los separaba.


Arqueólogos de la Universidad de Andong (Corea del Sur) encontraron en unas excavaciones un enterramiento y procedieron a romper el sello de tierra endurecida. Pronto salió a la luz un ataúd de madera y en su interior los restos momificados de un hombre, especialmente alto para su raza y época (1,75 m.) que pudo ser rápidamente identificado debido a 13 cartas que junto a él se encontraban. Se trataba de Eung-Tae, del clan de Goseong-Li. Entre esas 13 cartas había una muy especial que cuidadosamente doblada estaba colocada en el pecho del difunto. Era una carta de amor de su esposa, embarazada en el momento de la muerte de su esposo y dirigida "al padre de Won" que supuestamente era el nombre que tenían previsto ponerle al ser que portaba en su vientre. La carta de fecha 1 de Junio de 1.586 estaba bien conservada y perfectamente legible rezaba así:

"Siempre dijiste: Amor, vivamos juntos hasta que nuestro pelo encanezca y podamos morir el mismo día. ¿Como has podido morirte sin mí?. ¿A quien vamos a escuchar mi pequeño y yo, como podemos vivir?. ¿Como pudiste alejarte de mí?. ¿Recuerdas como tu corazón moraba en mí y como yo habitaba en el tuyo?. Cada vez que nos acostábamos juntos, siempre te decía: Amor, ¿habrá alguien que se quiera como nosotros?. ¿Realmente como nosotros?. ¿Como pudiste dejarme así, después de todo?. Es que no puedo vivir sin ti. Es que quiero irme contigo. Por favor, llévame donde estés. Mi corazón, mis sentimientos hacia ti son lo último que podré olvidar en este mundo. En mi corazón desgarrado solo queda un dolor sin límites. Solo puedo preguntarme: ¿como puedo vivir con el niño si nos faltas, pensando en ti, sin fuerzas para sosegarme?. Por favor, respóndeme a todas estas preguntas, lee esta carta y contéstame con todo detalle en mis sueños, en cuanto puedas. Esa es la razón por la que te escribo esta carta y la entierro contigo. Ojalá pueda escuchar tu voz suavemente en mis sueños. Mírala atentamente y habla conmigo. Un día me dijiste que querías decirle algo al niño cuando viniera al mundo, pero te has ido tan repentinamente. Cuando dé a luz al niño, ¿a quien llamará padre?. ¿Como puedes entender como me siento?. No existe una tragedia como este amor mío bajo el cielo. Te has ido a otro lugar, pero no padeces una tristeza tan profunda como la que me dejas. No puedo contar como me siento realmente, no puedo expresar mi dolor sin fin salvo con estas palabras ásperas y precipitadas. Por favor, como te digo, lee atentamente esta carta y ven a mis sueños y muéstrate y hablemos de todas estas cosas. Estoy tan segura de que podré verte en mis sueños. Ven a mí, en secreto y muéstrate. ¿Lo harás?. Hay tantas cosas que debo decirte, tanto que queda fuera de esta carta".

Por si la carta fuera poco, la enamorada esposa dejó también, junto a la cabeza de su esposo, un pequeño y delicado paquete de papel que contenía unas zapatillas confeccionadas con su propio pelo, con la siguiente dedicatoria:
"Con mi pelo, te había tejido esto".
La perfecta conservación de Eung-Tae, de las cartas y zapatillas contenidas en su ataud, parece ser que se debe al perfecto sellado que, en la Corea medieval se hacía en los enterramientos, motivo por el cual los materiales orgánicos se preservan mejor.
Después de casi cinco siglos el estremecedor contenido de esta carta sigue conmoviendo los corazones, hasta el punto de inspirar novelas, una película y hasta una ópera.

RAFAEL FABREGAT

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