25 de noviembre de 2013

1192- UNA MONEDA TUVO LA CULPA.

Desde tiempos lejanos, muy anteriores al cristianismo, es costumbre botar las nuevas naves con un conjuro a los naufragios. Ya que pese a éstos los naufragios sucedían igualmente, griegos y romanos impusieron la costumbre de colocar una moneda de oro en la base del palo mayor a fin de que, en caso de que el barco se hundiera, los ocupantes tuvieran pagado su viaje al otro mundo. Era el precio simbólico que se pagaba a Caronte, barquero de Hades, por llevarles al cielo a través de la laguna Estigia. También los muertos normales satisfacían este pago, motivo por el cual se les enterraba con una moneda bajo la lengua. Aquellos que no dispusieran de la moneda tambien eran acogidos por Hades, pero antes tenían que vagar cien años por las riberas del río Aqueronte.

Los marinos de otros tiempos, que tanto dependían de la suerte bajo tormentas y huracanes, siguieron con esta costumbre tras la implantación del cristianismo. Todos los navíos y galeones salidos de los astilleros del Imperio Español, fueron botados con la citada moneda de oro en la "coñera", nombre que se daba a la base cóncava que acogía al palo mayor. Después de tantos siglos y tanta modernidad, la costumbre se mantiene y a falta de palo mayor se suele poner bajo la base de la estructura más alta de la nave. En los buques militares, bajo la torre del radar. Ese es el origen de la leyenda y, por lo que pueda suceder, ningún constructor de buques pone en duda la importancia de llevar a cabo este ceremonial de la colocación de la susodicha moneda. El VASA, un navío de guerra construido por orden del rey Gustavo II Adolfo de Suecia, naufragó en su viaje inaugural el domingo 10 de Agosto de 1.628 en la misma boca del puerto de Estocolmo. Armado con 64 cañones de bronce el VASA desplazaba 1.300 toneladas con un velamen de 1.150 m2. El buque pesaba 80 toneladas y su dotación era de 130 marineros y 300 soldados. 

Las pruebas de estabilidad fueron abortadas a pesar de lo cual se izaron cuatro velas y se dispararon las dos salvas de saludo, previas a la salida de puerto. Al llegar a la bocana del puerto una ráfaga de viento azotó al VASA y éste volcó por no estar la carga bien asegurada. Mil robles se habían talado al solo objeto de construir este navío cuya ejecución costó cuatro años y todo quedó sepultado bajo las aguas. 
Los compases utilizados en la construcción del VASA eran los adecuados para un navío de un puente de cañones, pero el rey ordenó que la nave llevara dos puentes a fin de que fuera una máquina de guerra temible. Algunas fuentes indican que, a pesar de que apenas soplaba un ligero viento, la nave se balanceó anormalmente desde la botadura. 


Todos apuntaron a que la nave era demasiado alta con respecto a su manga. Al inclinarse, el agua entró por las troneras inferiores y se precipito a la bodega provocando su hundimiento inmediato. A los 15 minutos de levar anclas estaba hundido en el fondo del mar. El buque fue rescatado el 24 de Abril de 1.961, más de tres siglos después de su hundimiento y está expuesto en su museo correspondiente, en la Isla DjurgardenEl rescate se prolongó durante más de seis años pero finalmente el VASA emergió del fondo del mar. 


El asombroso estado de conservación se debía, al parecer, a la baja salinidad de las aguas del entorno de Estocolmo y porque el buque estaba prácticamente hundido en el fango. Sin embargo la pregunta sigue en el aire. ¿Por qué se hundió el VASA?. Cada uno tiene su respuesta personal. Llevaba poco lastre, los cálculos del constructor fueron erróneos... Pero la culpa pudo ser de una moneda. Según pudo comprobar el ingeniero encargado de reflotar el buque, éste no llevaba moneda alguna bajo sus palos. Para el caso es como si se tratara de un barco maldito. Se cree que quizás un obrero necesitado las cogería del astillero durante su construcción, en el momento de colocar los palos, provocando su desgracia.

El VASA mide 52 m. desde la quilla hasta la parte superior del palo mayor. La reconstrucción fue árdua. Se montaron sus tres palos: trinquete, mayor y mesana añadiendo las puntas que faltaban y colocándole todo su aparejo. Antes de instalar el palo mayor de seis toneladas se colocó, esta vez sí, una moneda en la "coñera" para que al buque no le faltase la suerte que no tuvo en su botadura. Ésta garantiza (sin ninguna duda) que aquel hundimiento no volverá a producirse. Como curiosidad decir que el palo de mesana es el único que no sobrevivió, por lo que hubo de construirse uno nuevo. Otra es que teniendo colocadas cuatro velas cuando se hundió, las otras seis fueron halladas cuidadosamente dobladas en su lugar correspondiente y, aunque en mal estado, ha sido posible conservarlas. La más pequeña (32 m2. de tela de cáñamo) se exhibe en el museo. Afortunadamente he tenido la suerte de visitar personalmente este museo.

RAFAEL FABREGAT

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