25 de octubre de 2013

1168- EL TIMO DE LAS CABAÑUELAS.

Lo del (timo) las cabañuelas lo saben hasta los negros, como saben el del calendario zaragozano, lo cual no impide que en el medio rural se siga comprando. Sin embargo se compra por colaborar con determinada causa o Dios sabe por qué, pero no para saber que pasará la semana próxima con el tiempo, que no lo sabe nadie. También para recordar algunos datos de siembras, tratamientos 
o remedios caseros para determinadas dolencias que, algunas veces, la memoria no permite mantener en la cabeza de todos. Timo una cosa y timo la otra, pero con el antiguo cuento adivinatorio, han vivido algunas familias varias generaciones. En la España de nuestros amores a este "milagroso" sistema de predicción meteorológica, se llama también las témporas y viene a ser lo mismo: una manera de "sacar dinero de bolsa" usando el cielo como forma de vivir sin tener que agachar la espalda, aunque también hay gente que lo hace por "amor al arte". 


Texto del siglo XVII.
De todos modos poco les queda ya. La juventud actual pasa de todo esto y no cree en nada. Con esa actitud demuestran estar mejor preparados y ser por tanto más listos que lo fuimos nosotros. 
Los "listos" del tiempo suelen vaticinar que en invierno hará frío y calor en verano, que en primavera pueden darse lluvias de Levante y en otoño tormentas de Poniente y para redondear ese calendario de "novedades" te dicen en qué fecha madurará la uva, cuando vendrán las primeras naranjas y los días que hay que esperar, tras la lluvia, para ir a buscar setas. Lo que se dice un total cachondeo pues eso lo sabemos todos. Sin embargo hasta pocos años atrás esos almanaques se vendían en todas las tiendas de ultramarinos de pueblo y se siguen vendiendo en determinadas zonas. Es más, como te descuides un poco se acaban y te quedas sin "saber" lo que pasará al año siguiente, con la consiguiente comezón del patriarca que solo se acuerda que la siembra de calabazas es el primer viernes de Marzo.


Aunque estas ediciones de sapiencia meteorológica mencionadas eran las más populares y conocidas, había otras muchas que, de forma oral y desinteresada, viajaban de boca en boca por todas las regiones españolas. El crujido de una puerta rota en masía abandonada, un amanecer con neblina en determinada montaña, o cualquier otra chorrada, servía a los "adivinos" para decirte el tiempo que haría al año siguiente. Era algo similar (aunque más burdo) a lo que los "hombres y mujeres del tiempo" nos dicen ahora a través de la televisión... pero ellos a un año vista, ¡que tiene más mérito!.
- "Para mañana nubes y claros, con lluvias dispersas que ocasionalmente pueden ser fuertes". -nos cuentan en la tele "los del tiempo".
¿Se han enterado de lo que hará exactamente mañana?. Pues eso. Vamos a repetirlo por si acaso no lo han entendido: "Que puede hacer sol o estar nublado y que, en caso de estar nublado, puede llover mucho, poco, o nada". ¿Ahora sí?. 



Pues bien, así pero multiplicado por cien, son las cabañuelas, el calendario zaragozano, las témporas y todo cuanto te digan de un año para otro. Si los expertos no saben con exactitud lo que va a pasar mañana, teniendo como tienen los aparatos más modernos y el cielo plagado de satélites, ¿como van a saber lo que pasará cuatro ignorantes que apenas si saben cuanto hacen dos más dos?. Naturalmente de hoy para mañana todos sabemos si la forma de las nubes presagian viento o lluvia, si la cicatriz de una antigua herida pica presagiando un cambio de tiempo, o si los pajarillos que se bañan en los charcos indican viento; también si las rayas que dejan los aviones en el cielo desaparecen o quedan allí ensanchándose indican un cambio de tiempo; si cae el hollín de las chimeneas señala humedad y viento si huelen los desagües de la casa. Pero es que en España enseguida sale la picaresca...

Todo eso son señales de cambio de tiempo, unas veces para una posible lluvia y otras como presagio de tiempo seco y ventoso, pero para eso no hace falta ser un lince pues son cambios a futuro inmediato. Pero para un año...¿Quien sabe lo que va a ocurrir dentro de un año?. ¡Pues nadie!. En este asunto de los almanaques, uno es el "experto" y otros los que llenan la bolsa a su costa: editores, distribuidores y comerciantes. Y cuando compras el "librito" y te marchas se ríen. Hombre, pues claro, ¿qué esperabas?. El "experto" suele ser un hombre de campo. Agricultores, criadores de cerdos o pastores de ovejas a quienes la lluvia les ha pillado mil veces y por tanto con mucha memoria. Gente que van todos los días al campo y si cae una piedra de una pared y al día siguiente llueve... ¡anotado!. Si otro día, trabajando más de la cuenta, les duele la espalda y hace viento... ¡anotado!. Con todo eso y mucho más elaboran un calendario que no sirve para nada pero que dice lo siguiente:


Veamos. Si un pajarillo se baña en un charco, tiempo seco. Si te pica una cicatriz cambio de tiempo. Si los desagües huelen hará viento. Si cae una piedra de la pared ponla en su sitio y coge el paraguas. Si hace viento no trabajes demasiado, no sea cosa que el lumbago...
Como habrán visto se trata pues de consejos (poco) fiables y (poco) garantizados, que no fallan (casi) nunca (dicen ellos) y naturalmente no seré yo quién diga que no compren su edición. ¡Por favor!. Aunque sea para reírse, que la economía no está para ir cerrando negocios. El dinero es para gastarlo. Comprar te hace feliz y das vida y trabajo a los demás...


En Canadá y Estados Unidos, siguiendo tradiciones de emigrantes irlandeses, celebran el día de la marmota para saber si el frío invernal ya ha finalizado. Sin embargo en este caso no se trata de algo abusivo sino de una predicción floklórica que gira alrededor de una fiesta campestre con baile y comida familiar. La marmota en cuestión está hibernando en su madriguera y, como si de un reloj atómico se tratara, en la mitad del periodo entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera (2 o 3 de Febrero) se asoma al exterior. Si está nublado sale fuera dando a entender que el invierno ya ha finalizado y si hace sol se esconde nuevamente y ya no saldrá de nuevo hasta seis semanas después, dando a entender que todavía vendrán días de fuertes heladas. Esta tradición se mantiene desde hace más de cien años, por la fiesta que la acompaña, ya que el acierto es solo del 39%.

RAFAEL FABREGAT

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