25 de octubre de 2013

1167- GENTE CON BUEN CORAZÓN.

No hablamos de gente buena o de buena gente, sino de gente sana. Pueden tratarse por tanto de auténticos bellacos, pero con el corazón "como un toro", que se dice vulgarmente. De esto y no de otra cosa trata esta entrada de hoy. En principio (cosas de la edad) uno hace orejas a cualquier cosa que le digan pero, a medida que transcurren los años, vas dándote cuenta que las opiniones cambian y lo que ayer era bueno hoy es malo o viceversa. ¡Se dicen tantas cosas!. Cuando el país tiene excedentes de algún tipo de alimento salta de inmediato la noticia de sus bondades, olvidando que apenas unos años atrás se denostaba su consumo. 


Pasó esto con el pescado azul, con la carne roja, las grasas de origen animal (incluida la de la leche), los huevos (1 o 2 a la semana, máximo), productos del cerdo y un largo etcétera que en la actualidad se consideran alimentos convenientes y de primera necesidad. Vamos, que esto es un auténtico cachondeo y ahora es sano por tanto el pescado azul, el aceite de oliva, la leche, el vino, el pan y el jamón serrano, especialmente si es de bellota. Nadie sabe qué comió el cerdo propietario de la pata que te han vendido en el supermercado y ni siquiera si es nacional, pero ahora es bueno. Uno se tiene que fiar (no hay más remedio) de lo que te diga el dependiente de turno. 


En España y en gran parte de Europa, identificamos la calidad en base al precio que te pretenden cobrar. Eso, amigos, solo sucede en esta parte del mundo. Y después hablan de la picaresca española... ¡Pero si en España somos más inocentes que monaguillo custodiando el vino sacramental!. ¡Ay Señor!. Os diré más... En un barrio con posibles, pones media caja de manzanas en una parte de la estantería a 0,75€ y la otra mitad en la otra punta a 1,50€ y, siendo las mismas, vendes antes las caras. ¿Por qué sucede eso?. Pues porque relacionamos lo caro con lo bueno. Vamos, que el 28 de Diciembre todos celebramos nuestra onomástica. 


Apenas hace dos semanas -lo conté aquí- compramos tres sacos de patatas en Mosqueruela recién cogidas del campo.
- Este año van caras -dijo mi mujer- ¡A 0,70 € el kilo!.
- ¿Y eso es caro? -pregunté yo para chinchar.
- ¡Hombre, tu dirás...! -me respondió ella.
- Y las chuletas de palo a 15 € el kilo ¿te parecen baratas? -dije yo hurgando en la herida.
- Pues no es mal precio -me respondió.
- Pues a mí, en lugar de tres chuletas, me pones solo una y me añades un huevo frito y una buena paletada de patatas fritas. ¿Te parece que el conjunto entra en el presupuesto?. Coño con la manía de que las cosas del campo son caras, cuando en realidad es lo mejor que comemos y lo más barato que compramos... ¿O no es así?. 


En cuanto al tema que nos ocupa, lo que no creo que cambie es que la vida sedentaria no es aconsejable, como tampoco lo es el consumo de tabaco, ni el exceso de sal, ni ese café que tanto nos gusta, ni la copa que tantas veces lo acompañaba, ni el exceso de trabajo, ni el estrés, ni los disgustos...  ¿Y un trocito de panceta, acompañada de unos tomates y cabeza de ajos, todo ello a la brasa...? Porque claro, al final uno frunce el ceño y dice: ¡pues esto me lo salto!. Bien está lo del ejercicio moderado y diario, también lo de no fumar ni acudir a lugares que lo hagan, lo de no comer salado... aprobado también, a ciertas edades, lo de trabajar poco y que no te den muchos disgustos, pero ¿qué hacemos con la hipoteca y sus intereses?. ¿Y con los problemas laborales?. Y sobre todo, sobre todo... ¿qué hacemos con la panceta a la brasa...?


Si hay que cambiarla por un chuletón, se cambia y ya está. Si, ¿verdad?. ¡Ay, menos mal!. Ya pensaba yo que... Es que a la gente de pueblo, nos quitan esos placeres y nos lo han quitado todo. ¿Por qué si no, los de la capital quieren ir al pueblo?. 
¡Hombre! -dirán algunos- ¡Hay otros motivos para ir al pueblo los fines de semana!.
Coño, pues claro que hay otros motivos... ¡Están las patatas que cogió el abuelo, los huevos que te guarda tu madre, la garrafa de aceite y la mitad del conejo que ha sobrado de hacer la paella que te has comido a mediodía!. Sin contar los litros de vino que has sacado de la Bodega Cooperativa y que les descontarán a tus padres de la cosecha.


Hay un segundo motivo muy importante también y es que, los fines de semana, allí en el pueblo hay otros cuantos que, como tú, han acudido en busca "del amor paternal" y de los víveres que antes hemos comentado. Entre ellos hay pues una camaradería, una solidaridad, un igual a igual que los hermana a todos y, si se tercia, se puede organizar también una cena sabática.
- ¡Total! -dice el listo de turno- traemos un par de cosas cada uno y...
Claro, claro... De la despensa de tu madre, ¡espabilado!. Lo curioso de todo esto es que cuando hijos y nietos se despiden en la tarde dominical, para regresar al bullicio de la ciudad, los expoliados padres les despiden con los ojos lacrimosos. Cosas de la edad...
- Adios hijos adios. Hasta el próximo sábado. ¡Pepito, María, Ricardín, portaros bien...!
Y el coche se aleja con los bajos rozando el suelo por el exceso de carga.
- ¡Ala Manolo! -dice la abuela- Otra semana solos. Vamos, vamos a recoger las cabras, que ya anochece...
Mañana, lunes otra vez. Me parece que lloverá...

RAFAEL FABREGAT

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