11 de octubre de 2013

1154- EL ÚLTIMO PREGONERO.

Lógicamente no puedo saber quien sería la última persona que ejercería este trabajo en un ámbito nacional pero es de suponer que, año arriba o abajo, todos estos empleados municipales finalizarían esta labor en época parecida. En nuestro pueblo (Cabanes) el último pregonero fue Emilio Martí, popularmente conocido como "Emilio el alguacil" y, aunque no tengo una fecha exacta, tengo claro que cesaría en su trabajo a finales de la década de 1960 o comienzos de la de 1970. El trabajo de Emilio era más bien el de Alguacil, pero también se encargaba de llevar a cabo los diferentes Bandos que le encargaban sus superiores, las diferentes entidades locales, vecinos y comerciantes. 


A diferencia de ahora, el cargo de Alguacil era entonces un oficio de cierta relevancia puesto que podía influir positiva o negativamente en tus relaciones con el Ayuntamiento. Como en todos los núcleos urbanos de pequeña entidad, el Alguacil podía gestionarte cualquier problema aligerando los inconvenientes naturales del trámite en cuestión. Emilio era un hombre de fuerte carácter, pero con el que se podía contar para cualquier cosa que necesitaras. En su labor de pregonero, era portador de una especie de trompetilla que hacía sonar en los diferentes puntos de la localidad. En el caso de tratarse de un Bando del Sr. Alcalde hacía sonar tres veces la citada trompetilla; dos veces cuando se trataba de asuntos oficiales de menor entidad y solo una cuando se trataba de anuncios particulares. 


Los Bandos del Sr. Alcalde siempre eran escuchados con interés porque solían referirse a cobro de Contribuciones o anuncios oficiales de Fiestas o eventos de importancia. De todas formas también el resto de Bandos se escuchaban con atención puesto que eran siempre portadores de alguna novedad u oferta puntual. En Bandos de interés general, como el cobro de Contribuciones, además de dar los tres toques de rigor, solía hacer un recorrido más periférico y por lo tanto pregonando el asunto varias veces más. En este recorrido "especial", aparte de los puntos habituales, solía llevar a cabo un recorrido más extramuros para que ningún vecino pudiera alegar que no se había enterado de aquel Bando de obligado cumplimiento. 


- Tuuuuuuut, per ordre del Sr. Alcalde es fa saber que...
- Tuuuuuuut, tuuuuuuut, el President de la Cámara Agraria fa saber que...
- Tuuuuuuut, el que vulgue comprar peix, en la Plaça del Generalísimo....
En nuestro barrio (Calle Delegado Valera y aledaños) el Sr. Emilio bajaba, trompetilla en ristre por la calle Delegado Valera (carrer de Castelló) cantando el Bando correspondiente frente al Bar Tony, en la Plaza del Árbol y en la esquina con Escultor Maurat (ferrería de Pipa). Desde allí ya se dirigía hacia la calle del Capitán Cortés (hoy La Font) pero, cuando se trataba de Bandos importantes, bajaba hasta la confluencia de las calles Valera y Cortés (Salones Lassel) para hacer llegar su voz hasta la carretera de Zaragoza. 

En el caso de otras obligaciones inaplazables o enfermedad del alguacil, el bando podía llevarlo a cabo cualquier otra persona en la que éste delegara, aunque este hecho era extremadamente raro. Como se ha dicho anteriormente, Emilio tenía una cierta autoridad a nivel local y por tanto eran muchos lo que le hacían la "pelota" a fin de conseguir algún favor. Siendo costumbre entonces el juego de cartas en las tardes festivas, solía ser "compañero" de mi padre en el juego del "tute", "guiñote" o "manilla", amén de ser también compañeros en las cacerías de conejos o perdices. Sin embargo también mi padre tenía su genio y discutían por cualquier cosa llegando a estar sin hablarse durante semanas y meses enteros. Incluso llegaron a jugar a cartas ¡sin hablarse...! 


Al final, con aficiones tan semejantes, las aguas volvían a su cauce y reiniciaban su amistad para volver a discutir pocas semanas después. Eran como niños grandes. María del Pilar, su segundo retoño, nació el mismo año que un servidor y sabe de la amistad y permanentes discusiones entre nuestros padres, que nunca llegaron a nada... Una vez al año, con motivo de la comida que anualmente celebramos "los quintos", aún solemos recordar alguna anécdota referente a aquellas discusiones paternas. Ella se casó con un joven de Oropesa del Mar y marchó del pueblo, pero acude puntual a esta comida anual. Justamente este año y atendiendo su petición, la celebraremos en su pueblo de acogida (Oropesa del Mar) que es el de su marido Eduardo Casañ. 

Con la jubilación de Emilio Martí quedó colgada la trompetilla que reclamaba la atención de los vecinos de Cabanes. Muy pronto fueron instalados por toda la localidad altavoces que informaran desde el Ayuntamiento de los diferentes Bandos y anuncios de toda índole. Manolo "el boter", hasta entonces camarero de profesión, tomó el relevo y se hizo cargo de esos trabajos de Alguacil y Pregonero. Claro que él no se mojaba cuando llovía ni se helaba cuando hacía frío. Sentado en el acogedor rinconcito del palacio consistorial que le asignaron, nos informó durante años a través de esa megafonía, que también hoy empieza a estar en desuso. En este mundo de cambios permanentes, Internet es el medio actual para enterarte de todo o gestionar cualquier cosa. Nada es para siempre... 

RAFAEL FABREGAT

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