7 de octubre de 2013

1149- LA SONRISA INVISIBLE.

Actualmente casi todo el mundo sale sonriente en las fotos, pero eso no ha sido siempre así. Hasta mediados del siglo XX en las fotos todo el mundo salía con el gesto serio. Repasen fotos antiguas y verán que (normalmente) los gestos siempre son serios, inexpresivos, fríos, distantes. Lo que ahora se dice "con cara de póker". Da la impresión que el hecho de fotografiarse era una especie de castigo y parecer ser que así era, pero ¿por qué sucedía esto?. Documentos de hemeroteca nos dicen que en el siglo XIX y principios del XX había dos importantes motivos para salir en las fotografías con gesto serio. El primero de ellos era técnico ya que, para captar la luz y consiguiente fotografía, aquellas primeras cámaras necesitaban una exposición cercana a los diez minutos y nadie aguantaba tanto tiempo una sonrisa forzada. 


Quienes lo intentaban provocaban un borrón en la foto. Para conseguir la foto correcta, muchos fotógrafos contaban con pequeños reposacabezas que mantuvieran al cliente en la posición exacta durante todo el tiempo de exposición necesario para captar la luz. De todas maneras la extremada dureza de la vida en aquellos momentos de incertidumbre, guerras continuas y estrecheces de toda índole, invitaba poco a la alegría y caso de que la técnica hubiera sido más rápida, también hubieran salido más fotos serias que alegres. El otro motivo de salir en las fotos con gesto serio era moral. 


En nuestra cultura el gesto alegre estaba visto como algo infantil y hasta incluso desdeñoso. La risa se consideraba cosa de niños, de locos, de borrachos o reservada para el mundo de la farándula y la prostitución. Por el contrario, el gesto serio denotaba personalidad y garantía de seriedad en el mundo de los negocios y en todos los avatares de la vida. También en la literatura quedó grabado este sentir popular. El escritor Marck Twain dejó escrito que... "Una fotografía es un documento demasiado importante para hacerlo a la ligera. De hecho no hay nada que lo dañe y lo estropee más, que una estúpida sonrisa que queda grabada para la posteridad". Y es que, en aquella época, la fotografía era algo bastante caro, solo reservado para la gente pudiente y preocupada por ofrecer una imagen responsable de sí mismos. Quizás con algo de sarcasmo Charles Dickens escribió también que "la sonrisa solo es válida para las damas y para los caballeros a los que no les importe parecer o no inteligentes". 


El historiador Colin Jones en su estudio sobre la evolución de la sonrisa nos recuerda también que, en las artes plásticas, se pensaba que la mejor forma de captar el carácter del modelo era en total y absoluto reposo, sin forzar el más mínimo gesto, lo que significaba estar en pose seria e incluso grave. La sonrisa fotográfica se entendía como mueca irónica o malsana suficiencia. Salvo raras excepciones, esta idea de gesto serio para la pose fotográfica y el arte, se mantuvo vigente hasta muy avanzado el siglo XX. Una vez más fue Hollywood quién cambiaría la tendencia, tanto en las películas como en las sesiones fotográficas de los actores que posaban para sus revistas de alcance mundial. Técnicamente las cosas habían mejorado mucho para entonces, pero el arte cinematográfico demandaba la imagen alegre y despreocupada de las estrellas. 


El hecho de mostrar los dientes al objetivo se extendió como plaga feliz, multiplicada por la rapidez en captar ese instante de aparente felicidad. Hoy, ya en pleno siglo XXI, ni siquiera la realeza o los más importantes magnates del mundo precisan mostrar un gesto serio en las fotografías para dar la imagen adecuada a su rango social. Especialmente entre la realeza, se busca incluso esa imagen humana y de cercanía al pueblo. Que la gente corriente los vea como una familia "normal" y por tanto también con las alegrías cotidianas. Para estudiar a un individuo es lógico y conveniente mirar las fotografías recogidas a lo largo de su vida y no solo las de un instante en el que uno puede "posar" de forma inexpresiva o con una sonrisa forzada por los acontecimientos. Esa es, en este momento, la actualidad fotográfica de occidente. 
Gestos naturales y sonrisas que quieren expresar el momento alegre que viven. 


Esto que a todos nos parece, en este momento, tan natural no lo fue tanto hasta medio siglo atrás. De hecho sigue siendo todavía 
impensable  en otras partes del planeta. Allí la sonrisa todavía sigue siendo infravalorada socialmente, lo que provoca caras tímidas y directamente serias como aquí sucedía en tiempos pasados. Parece ser que, independientemente del momento más o menos boyante que se viva, es la libertad la que permite la amplia sonrisa, mejor aún aquella que muestra parte de la dentadura dando paso a la la risa contenida, la que demuestra una sana alegría de vivir. La que nos gusta contemplar y expresar a los demás. La que no deberíamos perder nunca.

RAFAEL FABREGAT

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