23 de septiembre de 2013

1137- EL SANTUARIO DE PLUTÓN.

Lo que se ve en la foto adjunta son unas interesantes ruinas greco-romanas, vestigio de lo que parece haber sido un Santuario a Plutón y a Koré, dioses del inframundo. Desde luego no les falta imaginación a los arqueólogos que buscan cualquier excusa y pretexto que les haga captar sustanciosos mecenazgos que vayan llenando su siempre mustia cartera. Francesco D'Andria, que ya dijo en anterior ocasión haber descubierto la tumba del apóstol Felipe (?) asegura ahora haber descubierto la Puerta de acceso al Infierno en el sudoeste de Turquía, del que tanto se habló en la mitología griega y romana. 


El sitio arqueológico en cuestión es conocido desde tiempo inmemorial, incluso por los propios lugareños, como "La Puerta de Plutón". Lugar con emanaciones de gases tóxicos, de origen volcánico. El lugar está muy próximo a Pamukkale, antigua ciudad histórica de Hierápolis, famosa en la antigüedad y también ahora, por sus muchas fuentes termales. Del lugar que nos ocupa en el día de hoy, ya escribió Estrabón (siglo I a.C.) diciendo: ..."es un lugar tan lleno de vapor denso y brumoso que apenas se ve el suelo y cualquier animal que pase por allí cae muerto instantáneamente".  


Recreación del antiguo Templo de Plutón.
Los manantiales termales de Pamukkale, responsables de las famosas terrazas blancas de Travertino, se originan precisamente en esta cueva que hoy denominan de forma grandilocuente "La Puerta del Infierno". Ya en los primeros días de excavación se descubrieron columnas jónicas y referencias a Plutón y Koré. La llamada "Puerta del Infierno" estaba desaparecida durante siglos y fue descubierta al reconstruir la ruta de una de aquellas fuentes termales próximas. La sorpresa de los arqueólogos fue mayúscula al comprobar que, efectivamente, junto a la pequeña oquedad de la cueva, de la que emanan estos gases tóxicos, había unas inscripciones dedicadas a los citados dioses del inframundo.

Se descubrieron posteriormente unos restos de gradas, estatuas y coro que formaban parte de una especie de altar en el que posiblemente se realizaban los sacrificios de los que habla la historia antigua del lugar. Efectivamente el humo que de allí emana es muy tóxico y hasta incluso mortal si se respira durante un tiempo. Solo se puede entrar por la pequeña abertura protegido con máscaras anti-gas. De todas maneras nada hay que ver, solo comprobar que efectivamente aquello es la puerta de un "infierno irrespirable". Se dice que los peregrinos de la época bizantina, pagaban un tributo a su paso por dicho Templo consistente en el sacrificio de alguno de sus animales. Tras ese sacrificio a los dioses y ya protegidos por las divinidades, se bañaban en una piscina cercana de tibias aguas y dormían no muy lejos de esta cueva. 

A esta distancia no había peligro alguno con las emanaciones (dióxido de carbono) pero parece ser que los peregrinos tenían visiones proféticas y alucinaciones que achacaban a los dioses del lugar. El complejo 
estuvo en uso hasta el siglo IV de nuestra Era. Durante dos siglos después, ya abandonado, el lugar seguía siendo visitado con alguna frecuencia por antiguos peregrinos devotos que en alguna ocasión acabaron con desgracia, motivo por el cual las autoridades lo destruyeron completamente. El tiempo y los terremotos posteriores que se sufrieron en aquellas tierras acabaron arruinando aquel antiguo lugar de culto al inframundo y taponando la oquedad ahora descubierta.

RAFAEL FABREGAT

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