19 de septiembre de 2013

1133- CONTRA LA SOBERBIA, HUMILDAD.

Nadie es más porque le alaben, ni menos porque le critiquen. Tu conciencia es la que marca tu valor como persona. Es tu balanza interior la que determina el peso de tu valía. Lo que piensen de ti los demás es secundario, lo verdaderamente importante es lo que pienses tú de ti mismo. ¡Criticar es demasiado fácil y los necios abundan!. 


Nadie tiene potestad para juzgar a los demás y mucho menos sin tener pruebas de ello e incluso creyendo tenerlas. ¿Acaso tiene alguien tan limpia su conciencia, como para ser capaz de tirar piedras a los demás?. Está claro que no, pero tirándolas aparentan transparencia y se liberan de sus muchos pecados de cara a la galería. ¡Cuanta porquería hay en las almas de algunas personas y cuanto desengaño en las personas de bien...! 
"Bienaventurados los pobres de espíritu (humildes) porque de ellos será el Reino de los Cielos". Mateo 5:3. En la soberbia está la raíz del pecado y la fuente y raíz de todos los pecados. Todo lo material carece de importancia porque, en este mundo, la apariencia acaba pasando. ¿Qué nos mueve pues hacia tanta soberbia?. El que ama el peligro en él sucumbe, mientras que el prudente medita sobre cada uno de sus actos. ¿De qué se enorgullece el que no es otra cosa que tierra y ceniza...? ¡Si ya en el vientre de su madre era podredumbre!. 


También los mejores médicos mueren... y los reyes dejan aquí sus riquezas y territorios. Cuidemos nuestra manera de pensar, para que así cambie nuestra manera de vivir. La soberbia no es otra cosa que el creernos superiores a los demás. La soberbia es siempre una actitud negativa, la sobrevaloración del YO respecto a los demás. El orgullo incita a valorarse en exceso y a pensar por tanto que se es capaz de destacar en todo sobre los demás, lo que deriva en una natural arrogancia y por lo tanto en uno de los siete pecados capitales, según la Teología. Al efecto el libro del Eclesiastés dice: "Vanitas vanitatum omnia vanitas". (Vanidad de vanidades, todo es vanidad). Lo que se pretende transmitir (y tan pocas veces se valora) es la inutilidad de los placeres mundanos frente a la certeza de la muerte. Un sombrío punto de vista de la vida y del mundo que no creo sea de interés para nadie. ¿Acaso no es mejor pasar la vida lo mejor posible, aunque sin hacer mal a nadie y siempre desde los cánones de la familia, el trabajo y la humildad?.


Ser soberbio nubla la mirada y no permite ver lo bueno que tienen los demás. Sin embargo, esa forma de ser es actualmente popular e interesante. Para muchos es aprovechar las oportunidades, aunque sea a costa de engañar a los demás o al propio sistema, descalificando al prójimo, dejando patente tu astucia y capacidad para aprovecharse de ella. Yo, quizás más tonto, no lo veo así. Uno tiene que ascender por méritos propios y sin derribar a los demás. Sin embargo la condición humana hace inevitable nuestra caída en el pecado de Hybris. En un mundo tan competitivo como el actual, cualquiera que represente una amenaza a la competencia o atención de los demás, puede caer y cae muchas veces en una "lista negra"; una lista en la que pierdes la razón y quedas descalificado de por vida. Y lo más absurdo es que no se trata de nada personal, sino solamente por una cuestión de soberbia.

RAFAEL FABREGAT


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