19 de septiembre de 2013

1132- LOS CASTILLOS CUERVO. (JAPÓN)

Nada tienen que ver con los castillos españoles o europeos conocidos por todos nosotros. La característica que les apoda (CASTILLOS-CUERVO) es justamente el color negro de la parte exterior de estas fortalezas que poco tienen que ver con el castillo típico de gruesos muros y profundo foso con el que los reyes medievales de occidente se protegían del enemigo. Concretamente este castillo (Matsumoto) está ubicado en Nagano, capital de la prefectura homónima, a unos 150 Km. de Tokio Y fue construido en 1.504. No tiene mucho que ver con el original puesto que más de seis siglos de historia habían acabado prácticamente con su endeble estructura y hubo de soportar una total restauración que le salvó de irse abajo.

La zona se encuentra en el centro del país y es considerada "el techo de Japón" pues se trata su parte más montañosa. Nada menos que 14.000 Km2 de parajes naturales donde escaladores, campistas y esquiadores se dan cita durante todo el año por su incomparable belleza. Numerosas fuentes termales de origen volcánico proporcionan baños saludables en un entorno idílico de belleza espectacular y con el aire más limpio de Japón. Los macacos no son ajenos al placer y beneficio de las aguas termales y a menudo, especialmente en los meses de frío intenso y copiosas nevadas, pueden verse sumergidos en las pozas naturales que salpican estos parajes. Justamente por ese motivo algunos les llaman "los monos de las nieves".


A 15 minutos de Nagano, en autobús, tenemos otra joya arquitectónica del medievo japonés mucho más antigua que la anterior. Es el Templo de Zencoji de 1.400 años de antigüedad (siglo VI). Se dice que este templo albergó la primera estátua de Buda traída a Japón desde la península de Baekje, en la parte meridional del reino coreano. Una copia de esa estátua se muestra al público devoto durante el mes de Mayo de cada seis años, siendo en 2.015 cuando corresponde la próxima llegada de esa divinidad. El templo fue reconstruido en su totalidad el año 1.707 y como curiosidad añadida cabe destacar que, bajo el mismo, hay un túnel en el que los visitantes tratan de encontrar y tocar "la llave del Paraíso" que se encuentra en una de sus paredes. El único requisito es que, para que el sortilegio llegue a producir el efecto deseado, la llave debe ser encontrada en completa oscuridad.

Pero sigamos... El Castillo de Okayama es otro de esos "castillos-cuervo" japoneses. Más austero que el de Matsumoto y de más reciente construcción (siglo XVI). Solo 500 años nos contemplarían si no fuera porque en la Segunda Guerra Mundial fue derribado en su totalidad y (solo quedando los cimientos) lo que vemos es pues una reconstrucción, fidedigna, eso sí, de lo que era el pequeño castillo en su forma original. ¡Hay las guerras, que poco respeto tienen por la Historia...!


El Castillo de Matsumoto, objeto principal de esta entrada, es de la era Sengoku, construido como fuerte con el nombre inicial de Castillo Fukasji. Siguiendo las directrices de la Restauración Meijí y con el riesgo de ser desmantelado, en 1.872 fue vendido en pública subasta. Máximo exponente del arte hirajiro forma parte actualmente del Tesoro Nacional de Japón. Su altura es de 30 metros en seis plantas y sobre muros de piedra de siete metros. Como podemos ver era el momento final de los castillos militares y el comienzo de los castillos de prestigio. Está levantado en zona pantanosa que obligó a sus constructores a fijar en el suelo grandes vigas de madera bajo la sólida estructura para impedir el previsible hundimiento del terreno. 



A pesar de las medidas que se tomaron en su construcción, 300 años después empezó a inclinarse de forma alarmante. A principios del siglo XX los habitantes de Matsumoto lo salvaron de nuevo, esta vez en forma económica y tras varias iniciativas de recaudación de fondos. Viendo la imposibilidad de solucionar el problema, el castillo fue desmantelado pieza por pieza y tras asegurar su cimentación construido de nuevo. Hay que aclarar que en 1.504, fecha en la que se construyó el castillo en cuestión, ya había una fortificación anterior de la que no se tiene noticias de a qué época pertenecía. En la década de 1.950 el gobierno nipón lo restauró nuevamente dándole el maravilloso aspecto que podemos contemplar. La visita a sus alrededores es gratuita, no así el interior de la fortaleza y el museo que contiene, cuya visita guiada cuesta 600 yenes, algo menos de 5 euros. 


RAFAEL FABREGAT

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