9 de julio de 2013

1070- ¡YA ERA HORA...!

Demasiada mierda nos hemos tragado (y seguimos tragando) en bares y restaurantes con el tema de las aceiteras y vinagreras que se llenan y se rellenan con auténtica basura, sin tirar jamás una sola gota de lo que había anteriormente. A eso lo llamo yo "mierda madre". Un poso milenario de calidad nula y rancias virtudes. Auténtico foco de bacterias que nadie consentiría en su casa, pero que allí nos tomamos amparados en el ambiente distendido de esos auténticos basureros públicos, que son algunos bares de nuestra querida España. 


Si el televisivo Chicote visitara la cocina de todos los bares y restaurantes de nuestra "piel de toro", no dejaría títere con cabeza, porque hay restauradores (pocos) que ignoran la mierda que hay en sus cocinas, pero presentan a su público mesas limpias y vajilla y cubertería en condiciones, pero hay otros... que ni eso. Cada cual en su casa tiene lo que tiene y no vamos a enseñarle a nadie lo que debe hacer, pero es inadmisible que ¡durante meses! un restaurante, al que voy con cierta frecuencia, presente a sus clientes los vasos llenos de mierda y que nadie mueva un solo dedo por solucionarlo. Será por aquello de que el ganado de muchos el lobo se lo come. Cuando digo mierda, no me refiero a restos del detergente utilizado en la máquina lavavajillas, que podría ser tolerable (un día) por un problema del aparato, sino a auténtica mierda de color marrón que solo puede tener explicación en que vasos y platos sucios se limpian en el mismo aparato.¡ Yo es que no me lo puedo creer... !Visita mensual de Sanidad (sin aviso previo) es lo que necesitan algunos locales públicos que se dedican al oficio de la restauración. ¿Quien vela por nuestra salud?. 


Que se sienten ocho comensales a una mesa y que todos ellos (con más razón que un santo) pidan que se les cambien los vasos y que traídos otros se ponga cada cual a limpiar el suyo por no armar la de Dios es Cristo, porque estaban igual... no es para levantarse y marchar, sino para poner una denuncia. Y los camareros lo saben... y los cocineros lo saben... y los dueños lo saben... ¡y nadie hace nada al respecto!. Yo he ido a cientos de restaurantes de todo tipo, más de malos que de buenos, pero ¡jamás! he visto semejante dejadez. Ni en la más mísera taberna de puerto. Quien lea esto dirá: ¿y sigues yendo a semejante pocilga?. Pues sí, casi todos los días. Lo que ya no puedo decir es el por qué, ya que cada cosa buena que sacan para comer, a los tres días la cambian y ya no vale nada. De un día para otro cambian la procedencia del pan, de la sal, del aceite... y de toda la comida que sirven. Hasta el agua se cambia de marca cada dos por tres. El cliente que les aprecia, porque ha visto nacer el negocio, (pobre infeliz) sale un día satisfecho y respira aliviado pensando que ya está, que por fin se han dado cuenta y en adelante... 

¡Pues no!. Casualidad, pura casualidad. Si lo que te han gustado son las longanizas blancas, al día siguiente serán rojas; si lo que te ha impresionado son los chipirones pasados por harina, al día siguiente serán cananas duras cual suela de zapato; si la paella con arroz frito te ha gustado, al otro día será hervido. Y así un día tras otro y tras otro y tras otro... ¿Masoquista?. Pues yo diría que si. Estoy llegando a la conclusión de que no quieren aumentar la clientela, porque si con el trato exquisito que dan al cliente, además fueran limpios y meticulosos a la hora de comprar y guisar la comida, no podríamos ir a ese local. Sencillamente no cabríamos. 
Puede también que sea una cuestión genética, en cuyo caso la mierda no se ve puesto que se entiende como algo sano y necesario. Una especie de material aislante que te vacuna contra cualquier enfermedad. No lo sé. Recuerdo tiempos pasados, en los que el dueño de hoy era simple empleado, en los que nos reíamos (por no llorar) de algún detalle parecido por parte del dueño y al que recuerdo con gran simpatía. Por ejemplo llevar a la mesa dos o tres platos vacíos en una mano y los bocadillos en la otra. 


Claro que aquello, comparado con esto, era simple anécdota. Aquella persona incluso compraba bolsas para la basura. Éstos ni eso, pues la echan a granel en el contenedor. Ahora el Gobierno va a prohibir el uso de aceiteras y vinagreras rellenables. 
- ¡Cojones! -dirán- ¡Siempre jodiendo!.
Cada hostelero pondrá sobre la mesa aceite virgen extra, aceite de oliva refinado, o aceite de girasol, pero la botella o bolsita individual tendrá una marca y una etiqueta que nos dirá lo que el dueño quiere dar a cambio de nuestro dinero y los clientes volverán o no volverán. Aplaudimos por tanto la medida. Será oro o será mierda, pero etiquetada y sabiendo lo que te comes. ¡Claro que los vasos seguirán igual...!

RAFAEL FABREGAT
Un tema interesante, cada día del año. 

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