9 de junio de 2013

1037- EL ALTO PRECIO DE LOS SUEÑOS.

Presionado por la miseria con la que vive su familia, Ibrahim decide probar el gran sueño europeo. Su primo Mamadou ya marchó cuatro años antes, instalándose en el Mediodía francés donde trabaja en una gran finca de frutales y viñedos. El pasado año regresó por primera vez a su tierra, con coche propio y cargado de regalos para todos. 

Mamadou cuenta maravillas de aquella fértil tierra, de ricas aguas y grandes cosechas. De su rica gastronomía y de sus acogedoras gentes. De una jornada reducida e importantes sueldos, diez veces el que se cobra en Senegal por trabajar doce largas horas, de sol a sol. 
La familia de Ibrahim tiene sus raíces en la aldea de Fandene, situada a 4 Km. de Thies, de unos 500 habitantes escasos. Sus padres murieron y él vive en la casa familiar con su mujer, Aminata y sus cuatro hijos, pues sus hermanos marcharon a Thies. Encontrar el sustento diario para los suyos es cada día más complicado y la crisis política que azota Senegal es otro inconveniente más. Ante las expectativas de las que le habla su primo Mamadou, decide probar suerte en unas tierras que todos resumen con la palabra Europa, como si todos los países que la conforman fueran de idénticas características. 


En este último año ha conseguido reunir una exigua cantidad de Francos que espera le sean suficientes para llegar al continente europeo y a partir de ese momento el todopoderoso Al-láh ya proveerá. Ibrahim abraza a su mujer y a sus hijos prometiéndoles noticias a la mayor brevedad posible y se encamina hacia Thies que, con algo más de 300.000 habitantes, es la tercera ciudad más importante del país. Allí tiene amigos que le facilitarán plaza en una de las pirogues (pateras). Los constructores trabajan a destajo pero la demanda de pasaje es elevada y no hay sitio para todos. Ibrahim no es pobre de solemnidad pues ha conseguido reunir dinero para el viaje y alimentos necesarios para la travesía, pero quiere una vida mejor para su familia y marcha con la esperanza de encontrarla.


Muchos de los pasajeros, con el dinero justo para pagar al patrón del pirogue, apenas llevan unos frutos secos y una garrafa de agua. No vamos a relatar los pormenores de un viaje duro y trágico, por el fuerte temporal que se levantó frente a las costas marroquíes.  Con un viaje de 1.600 Km. y 11 días de duración, 9 de los 23 pasajeros no llegaron a ver las costas españolas. No hay un sentimiento de solidaridad. Cada cual lucha por su vida y al inicio del viaje todos son conscientes de que así tiene que ser. Sin embargo son inevitables las disputas y la lucha por sobrevivir. Cuando alguien muere no hay un sentimiento de culpa por la ayuda no prestada. La única meta es llegar. A la vista de las costas de Fuerteventura el motor de la frágil embarcación se para y los pasajeros quedan a la deriva en medio del fuerte temporal. ¡Inshallah!. La pequeña embarcación zozobra y todos quedan a merced de las aguas embravecidas. El patrón y algunos supervivientes logran alcanzar la zodiac que remolcan desde la partida, pero la carga es excesiva y el patrón se ve obligado a pedir socorro con el móvil. Siete horas tardó el helicóptero de salvamento en localizar la pequeña embarcación neumática.

A su llegada a la costa de Fuerteventura los supervivientes quedan detenidos, pero están a salvo y en tierras Españolas. La mayoría de ellos serán repatriados y otros entregados a las autoridades españolas que, tras un periodo más o menos largo, los llevará a la península donde quedarán a su suerte, sin permiso de trabajo ni de residencia. Algunos de ellos traen direcciones de familiares o conocidos, otros no llevan nada. Dos años más tarde y tras un sin fin de penalidades, Ibrahim consiguió llegar a El Ejido (Almería) y encontrar trabajo en los invernaderos. Sin embargo, ante la fuerte competencia de hortalizas marroquíes, cada día hay menos trabajo y finalmente tiene que marchar. Un conocido le informa de la posibilidad de vender de forma ilegal a comisión y lo encontramos en el paseo marítimo de Oropesa del Mar. Gana poco pero, de vez en cuando, consigue mandar algún dinero a la familia y da gracias a Al-lâh por ello.

Mientras tanto, en la aldea de Fandene, Aminata mira hacia el norte y reza también pidiendo salud y suerte para su marido. Ya hace casi cuatro años que marchó a una Europa muy diferente a lo que ellos creían. El orgullo de los que fracasan y el interés de quienes viven de ello, impiden decir la verdad sobre esta incierta aventura en la que tantos pierden la vida por alcanzar un sueño casi imposible. Los "afortunados" que consiguen alcanzar las costas españolas ven con tristeza que no es el paraíso soñado, sino una nueva lucha por la supervivencia. Sin papeles no hay trabajo y sin trabajo no hay papeles. Con siete millones de parados, tampoco los españoles tienen ese trabajo soñado. 


La suerte que muy pocos emigrantes alcanzan, es encontrar a quien les dé trabajo y les admita en su casa gestionándoles ese anhelado permiso de trabajo y residencia. La razón de que la mayoría de europeos les cierren la puerta es que cuando el emigrante dispone de los permisos necesarios, intentando mejorar, abandona sin miramiento alguno ese trabajo inicial y la casa de quienes le acogieron y le gestionaron los permisos. Para eso arriesgó su vida viajando a España -piensa el emigrante con razón- pero quién le abrió las puertas de su casa y gastó su tiempo y su dinero para legalizarlo también tiene la suya. Alguien puede pensar que este es el resumen de una novela, o boceto y eje principal de la misma, pero no es así. Esto sucede todos los días, en nuestro país y en muchos otros. El final no siempre es el mismo. Muchos, desesperados y hambrientos vuelven a su tierra con el rabo entre las piernas, avergonzados por el fracaso. Sin piedad alguna, serán objeto de las burlas de unos y otros. Así es la vida. Al menos lo intentaron...

RAFAEL FABREGAT
Un tema interesante cada día del año.

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