26 de mayo de 2013

1021- BUQUES "PELAYO" Y "ALFONSO XIII".

Aunque en este caso fueran acompañados por la derrota y la pérdida del Imperio insular, ante un ataque injustificado y ruin de los Estados Unidos, nadie puede olvidar las grandes gestas llevadas a cabo por la Armada Española a lo largo de su historia. 


El acorazado Pelayo.
Como se deduce del título de esta entrada, queremos hablar de dos barcos históricos de esta flota: el acorazado "Pelayo" y el transatlántico "Alfonso XIII" majestuosos los dos y bien dotado militarmente el primero, pero marcados de antemano con el estigma de la derrota, en una lucha desigual contra el abuso de la fuerza oportunista de unos ambiciosos Estados Unidos que tenían en mente, desde mucho tiempo atrás, el dominio del Caribe. Realmente ni uno ni otro barco tuvieron actuación significativa en la contienda, pero si prestaron su apoyo y tuvieron su presencia en la misma. El acorazado "Pelayo", de 9.950 toneladas, fue construido en los astilleros de Forges et Chantiers, en La Seyne, Tolón (Francia) y botado el 5 de Febrero de 1.887. Armado con 35 cañones de diferentes calibres, 4 ametralladores y 7 tubos lanzatorpedos, eran una máquina de las más modernas que surcaban los mares. Cuatro máquinas verticales de doble expansión, con 12 calderas y doble hélice, desplazaban el imponente buque a una velocidad máxima de 16,7 nudos. Con una capacidad de almacenaje para 1.000 toneladas de carbón, su autonomía era de 3.000 millas náuticas a la velocidad media de 10 nudos. Junto al crucero "Extremadura" eran las dos primeras unidades de la Armada Española equipadas con el revolucionario sistema Telefunken de radiotelegrafía sin hilos. 


Sin embargo, el "Alfonso XIII" era un transatlántico de pasajeros y carga, apenas armado para la guerra. Solo cuatro cañones Hontoria de 12 cm., dos de 9 cm., dos de 7,5 cm. y 2 ametralladoras. El buque pesaba 4.381 toneladas y navegaba a una velocidad de 16 nudos. Este barco y algunos otros que participaron en la "guerra de Cuba", no eran navíos botados para este fin pero acudieron en ayuda de las fuerzas armadas españolas en un intento de salvar lo insalvable al ser requeridos para ello. Tras la falsa acusación de voladura del "Maine" en aguas de la Habana, España se veía en inmersa en una guerra no buscada contra el único enemigo que podía vencerle por superior potencia naval y cercanía a su territorio. 


El Pelayo y su escuadra en Port Said.
El "Pelayo" fue el único buque acorazado de la Armada Española, hasta el blindaje de las fragatas "Numancia" y "Vitoria" por lo que, durante muchos años fue el más potente de los buques españoles y motivo por el cual le apodaron "el Solitario". Debido a su corta autonomía, el "Pelayo" solo hizo en la Guerra de Cuba una maniobra de despiste, navegando hacia el Caribe para posteriormente volver a aguas peninsulares con el Alfonso XIII a fin de salvaguardar las costas españolas para el caso de un ataque norteamericano peninsular, acción que no llegó a producirse debido a las presiones británicas que no querían se extendiera el conflicto a todo el Atlántico. Posteriormente, ya con la guerra perdida, el "Pelayo" y buena parte de la flota española restante marchó hacia Filipinas en un viaje que no llegó a efectuarse al hundir los norteamericanos un buque en el Canal de Suez para impedir el paso de los españoles. Finalmente, tras no pocos contratiempos y ya aniquilada la escuadra de Cervera en Cuba, temiendo un ataque a las costas españolas, el Pelayo y toda la flota que lo acompañaba regresó a la península.


Acorazado "Pelayo".
La tragedia de las fuerzas españolas estaba servida y los buques cruzaban el atlántico en busca de la catástrofe asegurada. David contra la ambición y la fuerza de Goliat. Fue el más triste capítulo de la historia española moderna, porque también Cuba y Puerto Rico eran España. Un final conocido de antemano, pero del que todo el mundo estaba pendiente. El 20 de Abril y totalmente pintado de negro el Alfonso XIII salía de Cádiz en dirección a San Juan de Puerto Rico y la Habana. Además de la tripulación, su carga eran hombres, armas y víveres para Puerto Rico, así como jefes y oficiales para la Habana, además de hombres, cartuchos y varias partidas de bacalao, barriles de tocino, harina y garbanzos para la tropa. Llegó a Puerto Rico el 4 de Mayo sin novedad y ante las dificultades en eludir el bloqueo quedó incorporado a las fuerzas navales de aquella división insular. Tres días después la capital fue atacada por la escuadra norteamericana. 


Transatlántico Alfonso XIII.

El Alfonso XIII, fondeado en el puerto, recibió cinco impactos de escasa consideración y tras la escaramuza levó anclas llegando a Santiago de Cuba el 19 de Mayo para después regresar a Cádiz. Su última acción en esa guerra está rodeada de misterio. El 15 de Julio de 1.898 zarpó de Cádiz dando escolta al transporte "Montserrat" que intentaba su tercera ruptura del bloqueo enemigo en aguas de Cuba. Lo consiguió llegando a Matanzas días después, pero lo hizo solo. ¿Donde estaba el Alfonso XIII y qué aguas recorrió?. No se sabe. Tras la masacre norteamericana, el día 11 de Agosto la prensa informa que el "Buenos Aires" y el "Alfonso XIII" marchan hacia Southampton a fin de recoger a los supervivientes españoles y el 20 llegan al puerto de Vigo las tripulaciones de los buques hundidos en aguas cubanas. 


Harapientos, enfermos, barbudos, cadáveres vivientes de una guerra perdida antes de comenzar. Muchos murieron durante la travesía y fueron lanzados al agua, con el sudario de su manta de campaña y viejas parrillas de los hornos atadas a sus pies. Dos días después se publicaba el Decreto que desmilitarizaba y devolvía a la Compañía Trasatlántica los cruceros. La Guerra de Cuba había terminado y el invasor reclamaba no esas, sino todas las posesiones españolas insulares, incluidas las Filipinas. El Imperio español de ultramar había llegado a su fin. Así se hicieron grandes los Estados Unidos, expoliando a unos y a otros, indios americanos autóctonos incluidos. Porque en los últimos 500 años a Norteamérica viajaron muchos, pero solo quedaron los "mejores" de cada casa. Democracia y libertad sí, pero no para todos.

RAFAEL FABREGAT

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