17 de mayo de 2013

1012- EL CID, ¿UN ESPÍA DOBLE?.

Como su propio nombre indica, Rodrigo Díaz de Vivar nació en la aldea de Vivar, a 10 Km. de la ciudad de Burgos, el año 1.048. Aunque hay controversia en su linaje, la mayor parte de los historiadores coinciden en la humildad de su origen; caballero de baja hidalguía o infanzón que por méritos propios asciende en la escala social hasta el punto de emparentar incluso con las monarquías, a pesar de las muchas zancadillas de la nobleza leonesa. Al parecer Rodrigo era hijo de un capitán de escaso relieve y sin tierras, pues no consta en documento alguno, de los otorgados por el rey Fernando I, que tuviera propiedad alguna. Sin embargo otros estudios hablan del personaje como ilustre varón perteneciente a la aristocracia, heredero de numerosas propiedades en el valle del río UbiernaSe considera probable que la familia paterna del Cid pudo haber pertenecido a un grado de media alcurnia, aunque su padre (Diego Flaínez) no pudo heredarla bien por la oposición de un hermano o por ser hijo ilegítimo. 


Más segura, eso sí, es la posible nobleza de su madre Sancha Rodríguez que sí estaba emparentada con familias destacadas del reino. Lo que si tenemos documentado es que con apenas 10 años de edad (1.058) Rodrigo entra ya en la corte de Fernando I como paje del príncipe Sancho, lo que indica que no era de tan humilde familia como citan algunas fuentes al posible objeto de destacar más si cabe su ascenso al poder. Al servicio del futuro Sancho II de Castilla fue instruido en las armas y en las letras, acompañándole en ayuda del rey de la Taifa de Zaragoza en la Batalla de Graus (1.063) contra Ramiro I de Aragón. Dividido el reino en tres partes a la muerte del rey Fernando I (1.065) Rodrigo Díaz de Vivar luchó al lado de Sancho II contra sus hermanos Alfonso y García que habían heredado las tierras de León y Galicia respectivamente y luchaba por reunificarlas. 


DOÑA JIMENA. (S. Loren, en la película El Cid)
Las cualidades guerreras de Rodrigo se adueñan de la situación y y Alfonso VI es capturado y Sancho II se convierte en rey de León, naciendo así, para Rodrigo, el sobrenombre de el Cid Campeador. Diferentes sublevaciones, amparadas por la hermana del rey (Doña Urraca) propician el sitio de Zamora en la que el rey Sancho es asesinado con una estratagema de un tal Bellido Golfos. El Cid Campeador, primeramente arrinconado por la familia Antúnez, se casa con Doña Jimena (nieta de Alfonso V) y se pone a las órdenes del nuevo rey Alfonso VI que recupera el trono de León y posteriormente hereda el de su hermano, con lo que el reino desgajado por Fernando I se unifica nuevamente. El Cid goza de la confianza de Alfonso VI y en 1.079 es encargado de cobrar las parias de Sevilla pero, en el desempeño de esta misión choca con las fuerzas del noble castellano García Ordoñez que apoyando al rey de Granada, al que ha ido a cobrarle las parias del leonés, ataca al de Sevilla. En esa denominada "Batalla de Cabra" el Cid apoya al de Sevilla y gana la batalla haciendo prisionero a García Rodrigo que a su regreso se queja al rey y provoca la enemistad de éste con el Cid. En todo caso fue un cúmulo de casualidades. 



El rey había encargado el cobro a ambos personajes al tiempo que los moros entran en guerra, propiciando que cada una de las delegaciones apoyen al deudor respectivo. Siguen los infortunios del Cid cuando, repeliendo una incursión de tropas andalusíes en Soria (1.081) se adentra en tierras de la taifa de Toledo y saquea su zona oriental, también bajo el amparo de Alfonso VI. Este cúmulo de desafortunadas actuaciones, unidas a las maquinaciones de algunos cortesanos enemigos de Rodrigo propician el primer destierro de éste. Nueve días tiene para marchar del reino de León. Solo le acompañan algunos familiares y doce de sus hombres. A partir de ese momento, ya sin vasallaje, Rodrigo recluta su propia mesnada y se lanza a la aventura de por libre, sin el mecenazgo de rey alguno y ahí es cuando se inician una serie de actuaciones que dan título a esta entrada. ¿Fue el Cid un espía al servicio de moros y cristianos?. Pues bien, puede parece ser que si, pero esto no pone ni quita mérito a sus gestas. 


En aquella época era frecuente que todo aquel que no dependiera de vasallaje alguno luchara a favor de quien le contratara. El Cid va primeramente a Barcelona donde ofrece sus servicios a los Condes de Barcelona, que le niegan su patrocinio. De regreso las circunstancias le obligan a buscar alianzas con su enemigo natural, ofreciendo sus conocimientos y sus servicios a la taifa de Zaragoza donde se le acoge con simpatía y desempeña el puesto de jefe del ejército del rey durante siete años (1082-1089). Ante la llegada de los almorávides a la península (1088) Alfonso se replantea sus relaciones con el Cid y pone fin al destierro devolviéndole las tierras, pero sin abrirle las puertas de la corte. No es ese el objetivo del Cid por lo que éste retorna a Zaragoza pero por poco tiempo. Tras los desplantes, el monarca castellano le ofrece todas las tierras levantinas que pueda conquistar y el Cid marcha hacia Valencia con un ejército de 8.000 voluntarios. Sin embargo por un malentendido el Cid no acude en ayuda de su rey en el sitio de Aledo y el castellano sufre una importante derrota tras la cual destierra al Cid por segunda vez expropiándole incluso sus bienes.


A partir de ese momento El Cid actúa a todos los efectos como un caudillo independiente. Conquista varias plazas valencianas y derrota al rey de Lérida en tierras morellanas (1088) siendo, a partir de ese momento, el personaje más poderoso del oriente peninsular. Todas las tierras levantinas desde Lérida hasta Denia y en un triángulo que llega hasta Albarracín son tributarias suyas. Conocedor de las estrategias militares de moros y cristianos, realiza maniobras dinámicas y desconcertantes que le aseguran victorias impensables. Nadie puede anticipar cual será su táctica en determinada batalla. Sin duda alguna Rodrigo Díaz de Vivar (el Cid Campeador) no fue nunca un doble espía sino un luchador fiel a las coronas que sirvió pero, desencantado por las injusticias, un buen día se cansó de todo y de todos dedicándose a trabajar para sí mismo. Allí donde se necesitaba un héroe allí estuvo él. El Cid murió el 10 de Julio de 1.099, a los 51 años de edad. Enterrado primeramente en la catedral de Valencia, tras no pocas vicitudes y destinos, su cuerpo quedó finalmente junto a su esposa Jimena en el crucero de la Catedral de Burgos.

RAFAEL FABREGAT





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