10 de abril de 2013

0978- EL ÁRBOL DE LA VIDA.

El Kiri o Paulownia Tomentosa podría salvar el mundo y algunos países no quieren quedarse atrás en el experimento. Parece una broma, pero no lo es. Se trata de un árbol de la familia de las escrofulariáceas, originario de China, que crece en circunstancias de bajísima fertilidad y absorbe diez veces más dióxido de carbono, a la vez que produce una mayor cantidad de oxígeno que cualquier otro árbol del planeta. 


Plantones de primer año. (12 meses)
Por si esas cualidades no fueran suficientes, purifica el suelo en el que está ubicado, fertilizándolo y permitiendo por tanto que se puedan plantar otros cultivos en zonas que hasta ahora han sido improductivas. ¡Una bicoca, vaya!. El "arbolito" puede crecer hasta los 27 metros de altura, con tronco de entre 7 y 10 metros de diámetro. Se hizo famoso en China y Japón como árbol ornamental y pasó a Europa a mediados del siglo XIX, pero no se conocían sus cualidades. Otra característica importante es su resistencia al fuego, al regenerar rápidamente sus raíces y vasos de crecimiento rápido. 


Árboles en segunda brotación. (18 meses)
Su único defecto es que no prospera en zonas que no sean soleadas, lo que le impide convivir con otras especies arbóreas de porte superior, cosa que no es fácil. Buscando la fertilización de zonas de suelos pobres, Texas ha puesto en marcha un proyecto consistente en la plantación de UN MILLÓN de árboles de esta especie. Sus objetivos son la fertilización de suelo no apto para cualquier otro cultivo y el aporte adicional de apoyo al cambio climático. Este país tiene suelo, aire y aguas muy contaminadas, lo que a inspirado llevar a cabo esta prueba que, de salir bien, será el inicio de otros programas más amplios. El Kiri sería una fácil solución para nuestros montes. Sus raíces previenen la erosión y, en caso de incendio, rebrota rápidamente. Tolera cualquier tipo de suelo y los más altos índices de polución. 


Su rapidez de crecimiento es también un acicate para llevar a cabo la experiencia. Hay que tener en cuenta que el Kiri es el árbol de crecimiento más rápido del mundo pues en ocho años pasa de simple semilla al porte de un roble de 40 años. Solo el primer año alcanza la altura de 4,50 metros. Sus hojas son exquisitas para infusión y sus flores atraen a las abejas que producen una miel de altísima calidad. Se dice que se trata del árbol del futuro, pero no hay razón alguna para esperar ni un minuto más. Dicho árbol forma parte del presente del planeta y por lo tanto perfectamente disponible en cualquier vivero que se precie. Solo con convertirlo en especie común de parques y jardines urbanos rebajaría notablemente la contaminación de las ciudades. Me pregunto yo a qué estamos esperando...

RAFAEL FABREGAT

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