9 de abril de 2013

0977- EL EBRO, LA GRAN BATALLA.

Todo está dicho y escrito al respecto de la popularmente llamada "Batalla del Ebro", por lo que esta entrada es solamente una pincelada, un homenaje más a quienes dieron su vida por la libertad democrática, frente al totalitarismo golpista y dictatorial. 


Al replegarse las tropas republicanas en Febrero de 1.938, tras la pérdida de Teruel, el ejército franquista lanzó una ofensiva que barrió literalmente todos los frentes del ejército popular en la zona. En ese avance imparable, las divisiones del general Yagüe llegaron a Lérida donde los republicanos se defendieron con uñas y dientes, pero todo fue inútil. Por el sur los ejércitos del General Aranda llegaron hasta Vinaroz, partiendo las mermadas fuerzas republicanas en tres núcleos finales. Cataluña al norte, Valencia al sur y un último reducto central en la capital de España. Un ejército profesional y bien entrenado contra un puñado de jornaleros, gente de campo en su mayor parte. Soldados cuyas manos callosas solo estaban acostumbradas a la dura azada y sin otro ideal que el llevar una hogaza de pan a su mesa, rodeada de hijos hambrientos.

Era el más penoso David frente al más duro Goliat. Pero, en fin... Aunque muchos de los soldados del ejército republicano pudieran tener claras sus ideas políticas de irzquierdas, mayoritariamente habían sido reclutados forzosamente por las autoridades. No era su guerra y ni tan siquiera se habían presentado voluntarios a la contienda. No habían elegido su destino, como era el caso de buena parte de los que defendían los intereses de Franco que eran militares profesionales o luchaban por un ideal claramente definido. La suerte estaba echada. Profesionalidad e ideales, contra la mediocridad y el desinterés. Aún así las fuerzas republicanas presentaron batalla y vendieron cara su vida. La Batalla del Ebro se considera la más sangrienta de cuantas se llevaron a cabo en todo el territorio nacional, en aquella Guerra Civil que enfrentó a padres, hijos y hermanos.



En el cauce del valle del Ebro y entre las comarcas de la Terra Alta (Tarragona) y Mequinenza (Zaragoza) tuvo lugar esta singular batalla de varios frentes que sería decisiva para el resultado final de la guerra. El ejército republicano obtuvo una victoria inicial, pero la superioridad de materiales y hombres de los ejércitos de Franco se impusieron finalmente. Tras cuatro meses de lucha, lo que quedaba de las tropas republicanas volvieron a cruzar el Ebro en sentido inverso. La última baza de la República Española estaba jugada y perdida. Las tropas republicanas iniciales eran alrededor de 100.000 hombres, entre los que se encontraban jóvenes milicianos de Cataluña. Eran muchachos de apenas 17-18 años, del reemplazo de 1941, sin ninguna experiencia militar. Se la llamó la Quinta del biberón


Era sin embargo el ejército mejor preparado que se enfrentaría a Franco, pues entre sus filas figuraban los soldados con mayor experiencia en la guerra y con equipamiento recién llegado de Checoslovaquia y Rusia. Por parte de los golpistas estaba el cuerpo del Ejército Marroquí, al mando del general Yagüe. Tropas aguerridas compuestas de legionarios, regulares y mercenarios africanos de Sidi Ifni y Sáhara. Más tarde, ante la dureza de la contienda, se incorporaron cuatro divisiones más al mando del general García Valiño. Un frente de más de 60 Km. entre Mequinenza y Amposta. En una noche sin luna, 25 de Julio de 1938, las tropas republicanas iniciaron el cruce del Ebro, entre Mequinenza y Ascó. Pilladas por sorpresa las tropas de Yagüe se retiran desorganizadas pero posteriormente se atrincheran y resisten. Más de 300 aviones franquistas apoyan al ejército sublevado.

Tras una resistencia de cuatro largos meses los republicanos se vieron superados y hubieron de cruzar el río a la inversa por ese y otros frentes. Sin embargo los puentes no superaron la avalancha de hombres y material, desarmándose. Los que no pudieron cruzar fueron hechos prisioneros. Las bajas fueron muy elevadas en los dos bandos. A finales de Agosto se lanzan nuevos ataques contra las posiciones republicanas consiguiendo algunos éxitos importantes, pero las numerosas bajas obligan a suspender la ofensiva. La aviación franquista lanzaba cinco toneladas diarias de bombas, pero los aparatos republicanos y la artillería antiaérea no permitían claros resultados. Los aliados alemanes e italianos no estaban de acuerdo con la forma en que Franco desarrollaba las diferentes incursiones. A mediados de Septiembre, aunque la aviación republicana había perdido el dominio del cielo, las líneas de frente estaban estancadas. Las baterías antiaéreas se habían centrado en la defensa de los puentes y el resultado de las incursiones aéreas nacionales no ofrecían resultados positivos.


A primeros de Octubre las fuerzas de las tropas republicanas indicaban un progresivo retroceso. Franco realiza varias ofensivas que considera finales pero, aunque mortalmente herido, el bando republicano resiste aquí y allá. Tras el abandono de los voluntarios extranjeros por el Acuerdo de no Intervención, el 30 Septiembre fueron firmados los Acuerdos de Munich por los que Hitler tenía carta blanca para apoyar al general Franco. La suerte estaba echada. El 30 de Octubre se incia la ofensiva final. Durante tres horas, más de 100 aviones y 175 baterías nacionales bombardearon incesantemente las posiciones republicanas al norte de Sierra de Cavalls. Un centenar de cazas republicanos respondieron al ataque, pero poco pudieron hacer. Al anochecer los marroquíes del general Yagüe tomaron las posiciones abandonadas por los republicanos. 


No había quedado piedra sobre piedra y apenas pudieron coger un millar de prisioneros, la mayor parte heridos de consideración. Más de 500 cadáveres y 14 aviones derribados, pero aquello no había hecho más que comenzar. Dos días después fueron atacadas otras cotas en poder republicano, con igual suerte. Las fuerzas republicanas, convencidas de que habían perdido la Batalla del Ebro, hubieron de cruzar el río para salvar sus vidas. El 10 de Noviembre solo seis baterías republicanas quedaban al oeste del río. Las últimas escaramuzas vieron caer las primeras nevadas, en unas tierras poco tiempo atrás abrasadas por el intenso calor del verano. 


Al atardecer del 15 de Noviembre los últimos combatientes republicanos, al mando del comandante Tagüeña estaban cruzando el Ebro a la altura del pueblo de Flix. Tras el cruce del último soldado Tagüeña ordenó volar el puente de hierro. La Batalla del Ebro había finalizado con 10.000 muertos en el bando franquista y 15.000 en el republicano. Los prisioneros republicanos llegaron a los 20.000 hombres y más de 100 los aviones derribados. La culpa de tales pérdidas se achacan a Franco que, en su empecinamiento por llevar a cabo ese frontal asalto causó un número de bajas que no era necesario para ganar igualmente la guerra. La derrota en la Batalla del Ebro dejó expedito el camino hacia la conquista de Cataluña y la caída definitiva de la República Española.

RAFAEL FABREGAT


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