25 de marzo de 2013

0960- LA RELIGIÓN ¿UN MAL NECESARIO?.

Católicos, protestantes, ortodoxos, islamistas, budistas, induistas... Normalmente las religiones (todas) son fuente de represión y de recaudación en los sectores más menesterosos. Las normativas no suelen ser siempre atendidas por aquellos que las predican, en cuanto a las peticiones interminables de caridad, suelen dirigirse justamente a sectores que son quienes más ayuda necesitan. Aún así, las religiones son positivas. Lo son para el cuerpo en general y para el alma en particular, porque la humanidad siempre se ha sentido sola y desvalida. Desde el principio de los tiempos el hombre ha mirado siempre al cielo en busca de esa protección que solo en la tierra ha encontrado. Solo palabras claro pero, en su ignorancia, a la humanidad le es suficiente con que alguien escuche. La mente humana ya tiene asumido que encontrar ayuda es una utopía. Mucho es si alguien tiene la paciencia de escuchar y el tiempo suficiente para dedicarte una palabras de ánimo y eso, en la religión, suele ocurrir.


Creo que ya he contado en anterior ocasión una anécdota curiosa que me sucedió, pero lo repetiré para aquellos que no lo leyeron en su día... Trascurridos un par de meses después del bautizo de mi segunda hija recibí la visita del sacristán de mi pueblo, diciéndome que el párroco quería hablar conmigo. No le hice esperar y aquella misma noche fui a su casa.
- Ave María Purísima -dije desde la puerta, como saludo que era habitual en aquellos tiempos.
- Sin pecado concebida. ¡Ah!. ¿Eres tú?. Sube, sube -respondió desde la escalera al reconocer la voz de quien llamaba. 
- Buenas noches mosén. Me han dicho que quería hablar conmigo...
- Pues si, si... Tienes aquí una deuda que pareces haber olvidado.
- ¿Una deuda?. Pues lo siento. No recuerdo... -respondí extrañado.
- ¿Tu no bautizaste hace un par de meses a tu hija? -me dijo.
- ¡Claro, claro que sí!. A mi hija Ana María...
- Pues eso. Todavía no me has pagado el bautizo -me dijo con una sonrisa.

Aquello me dejó descolocado y seguramente me puse rojo como un tomate. No es que a un servidor le sobren los colores en la cara, pero una de mis pocas virtudes es la de ser buen pagador y fiel cumplidor de todos mis compromisos. 
- Pero, para bautizarse... ¿hay que pagar? -le 
acerté a responder perplejo.
- Hombre... ¡pues claro que sí! -me dijo el cura ya con cierta acritud.
- Pues perdóneme usted. No lo sabía. Yo es que siempre me ha gustado mucho lo de la Historia Sagrada -ahora esta asignatura se llama Religión- y nunca leí que Jesucristo le pagara a San Juan Bautista por bautizarle... -le dije con cierta sorna, que no le pasó desapercibida.
- ¡Tú me parece que eres muy listo! -me dijo ya alterado.
- No, no señor cura. Yo le pago lo que sea. A ver, ¿qué le debo? -pregunté.
- No me debes nada. ¡Buenas noches! -dijo en tono airado.
- Lo dicho mosén. Yo le pago lo que corresponda -respondí.
- Te he dicho que nada, buenas noches -me despidió.
- Pues nada, así las tenga usted -respondí encaminándome hacia las escaleras. Sin duda el cura se quedó rezando, pero mejor no saber el contenido de la oración...


Estudios científicos realizados a creyentes de diferentes religiones, han avalado que las prácticas religiosas son buenas para la salud mental. Desarrollan ciertas partes de la corteza cerebral y ayudan notablemente a controlar el estrés y la ansiedad. Incluso se dice que los enfermos de ciertos tipos de cáncer, si son creyentes, suelen vivir hasta casi dos años más que aquellos que no lo son. Desde luego nadie es capaz de cuestionar estas aseveraciones, pero si hay que decir que estos resultados no son iguales en todos los indivíduos. Tanto es así que hay personas en las que la religión, no solo deja de serles beneficiosa, sino que les es perjudicial. A ciertos individuos las prácticas religiosas, siempre necesitadas de una dosis elevada de fe, les generan ansiedad y lejos de reducirles el estrés pueden multiplicárselo. Realizado un estudio sobre hombres y mujeres próximos a la senectud la investigación encontró en los creyentes volumen cerebral muy inferior a los no creyentes y atrofia en el hipocampo, estructura de la corteza relacionada con la memoria y las emociones.


La opinión de los investigadores es que las personas religiosas sufren un sobreesfuerzo muy notable al temer un posible castigo divino ante determinados comportamientos que son incapaces de evitar. La angustia se multiplica ante el respeto que los diferentes mandamientos les imponen y que no siempre se ve atendido con sus acciones de simples mortales. Al fin y a la postre es una especie de "dolor espiritual" que puede perfectamente compararse con el dolor físico, ya que repercute negativamente en el cerebro y por extensión en cualquier parte del cuerpo. La única respuesta contundente que recibieron los investigadores es que, efectivamente, la religión afecta al ser humano. Lo que no quedó tan claro es que fuera positiva o negativamente.


Desde el punto de vista de sus "inventores" sí está claro que las religiones son una sistema recaudatorio y forma de controlar a las masas. Así se lo comenté aquel día, de forma suavizada, al cura que me reclamó el pago del bautizo de mi hija. 
- La religión es muy beneficiosa para el control de la humanidad -le dije- y si Dios no hubiera existido (!), hubieran tenido que inventarlo. Sin temor a nada -recalqué- el mundo sería un caos inimaginable. 
Lo que no le dije al cura (él ya lo sabía) es que las peores masacres de la humanidad, fueron creadas al amparo de las diferentes religiones...

RAFAEL FABREGAT
El último Condill, español.

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