28 de enero de 2013

0910- CABANES EN LA GUERRA CIVIL.

Según cuentan nuestros mayores, a Cabanes no llegó la guerra, a excepción de algunas bombas caídas en el casco urbano y que destruyeron la fachada sur del Ayuntamiento y las primeras casas de la calle San Antonio esquina a la calle de San Vicente, segando también la vida de una joven de la localidad. Era media mañana de un espléndido día 18 de Mayo de 1938. Los lavaderos públicos del "carrer de la Font" estaban repletos de mujeres haciendo la colada. A lo lejos se oyó el ronronear de dos aviones "mosca" del ejército nacional que, tras soltar algunas bombas en Benicasím y Oropesa, se dirigían al Cabanes republicano. Pronto se escuchó el estruendo de las bombas caídas en el Ayuntamiento y casas de la calle San Antonio. 

El terror se apoderó de las mujeres que se acurrucaron junto a las pilas. Todas menos una chiquilla de 14/16 años que, presa del pánico, salió corriendo hacia su casa a escasos 100 metros de distancia, con tan mala fortuna que una de las bombas cayó a su altura destrozándola por completo. Ningún otro herido hubo del citado bombardeo a excepción del vecino José Segarra Alcácer -de apodo "Perdiu"- pues la misma bomba le pilló muy cerca, cuando volvía de su finca de "Mocoró" donde había ido a segar alfalfa para los conejos, quedando sordo y dolorido durante más de dos meses. Aparte este desgraciado episodio poco más puede contarse de la Guerra Civil en Cabanes. 


En diferentes puntos del término municipal y no lejos de la población, fueron cavadas varias trincheras esperando una contienda que no llegó a producirse. Sin embargo Cabanes llegó a ser punto crucial de la Guerra Civil en nuestra provincia por otro motivo que muchos desconocen...
El año 2007 y con motivo de la celebración del centenario de su fundación, el Colegio Oficial de Médicos de Castellón publicó un boletín que hacía referencia a los Hospitales de nuestra provincia en los días trágicos de la guerra fraticida. En dicho boletín se citaba que en 1.937 el gobierno creó en la zona republicana una seria de Hospitales de Guerra que dieran cobertura hospitalaria a los heridos en la contienda. A este efecto el profesor Dr. José Puché Álvarez fue nombrado Jefe nacional de Sanidad Militar y se dividió el territorio por zonas. Las provincias de Valencia, Castellón y Teruel quedaron incluídas en el 4º grupo que sería atendido por el profesor Juan Peset Aleixandre. Tanto Puché como Peset pertenecían al Partido Socialista y eran grandes amigos, siéndolo a su vez del Doctor Juan Negrín López, entonces Ministro de Hacienda y posteriormente Jefe del Gobierno de la República, hasta el final de la guerra.


Bajo la dirección de estas destacadas autoridades y en colaboración con el Instituto de Higiene de Castellón, se llegó a la conclusión que nuestra provincia era seriamente deficitaria en cuanto a instalaciones sanitarias puesto que no contaba con otro establecimiento que el Hospital Provincial, propiedad de la Diputación. Para la provincia de Castellón se acordó la instalación de ocho nuevos hospitales de diferentes especialidades, en locales ya existentes que permitieran cubrir el servicio requerido de primeras curas y orientación. Uno de ellos y con la especialidad de "Hospital de Guerra de Vanguardia" fue asignado a Cabanes. La designación de nuestra localidad fue por contar con un edificio de características adecuadas y por su situación estratégica. La entrada de las fuerzas nacionales provenientes de Aragón, requería la instalación de un hospital cercano al frente que diera rápida respuesta a los heridos de ambos bandos en las previsibles contiendas próximas. La distancia al frente y las instalaciones con las que nuestro pueblo contaba, eran las requeridas.


A tal efecto el citado Hospital de Vanguardia se instaló en las Escuelas (viejas) de Niños y Niñas de Cabanes; edificio actualmente obsoleto como centro de enseñanza y en este momento dedicado a diferentes servicios como biblioteca y asociaciones locales, pero entonces recién estrenado pues había sido inaugurado un par de años atrás. El Hospital de Guerra contaría pues con un moderno edificio construido alrededor de un patio central. Fachada mirando al oeste, con puerta central, orientada a la carretera de Castellón a Zaragoza. A la izquierda de la puerta de entrada se ubicaron las oficinas del Director y de Comisario, seguidas del cuarto de Curas y el Quirófano. Entrando a la derecha, la Farmacia y el Almacén general de ropa y utillaje. Constando el edificio de aulas a izquierda y derecha del patio central, en la de la izquierda se montó la sala 1ª con 40 camas y una habitación adicional para las curas a realizar a estos enfermos. Lo mismo se hizo en la parte derecha del edificio, que albergaba la Sala 2ª de iguales características. Cada una de las salas tenía su propio médico y asistencia de enfermería, así como los correspondientes servicios. Sin embargo las camas eran estrechas y no se disponía de sillas ni mesitas, por lo que la ropa o demás pertenencias de los heridos se guardaban bajo la cama de cada cual. 


Al fondo del patio o lado este del edificio, había una sala proyectada como capilla y en la que se instalaron multitud de colchones y hasta incluso paja en el suelo, para los heridos terminales a los que con frecuencia se les administraban altas dosis de morfina para calmar sus dolores. Al final del edificio se abrió un pasaje lateral que daba a la calle contigua y por el que se sacaba a los fallecidos que, cargados en un pequeña camioneta, eran llevados al cementerio local donde se enterraban sin ninguna anotación ni ceremonia. La única precariedad de este Hospital era que no disponía de cocina ni de comedor, por lo que la comida se preparaba en una posada situada detrás del hospital y a la que iban a comer los heridos que podían andar. Los que no podían hacerlo eran atendidos por personal auxiliar. El Director del Hospital de Guerra era un Comandante de Sanidad, de avanzada edad y siempre muy bien trajeado que, entre tanta sangre y miserias, llamaba la atención. Su papel en el complejo hospitalario era nulo puesto que el Comisario y el Administrador eran los que llevaban el control del recinto. 


Al carecer la instalación del servicio de Rayos X los heridos de bala o metralla retenida eran remitidos a la clínica particular de Don Enrique Casanz Díaz, médico titular de Cabanes que con una cinta métrica medía la trayectoria del proyectil y valoraba su ubicación como ayuda al cirujano en su posterior intervención. Poco tiempo después Don Enrique ya adquirió la instalación de Rayos X. La instalación hospitalaria de Cabanes resultó un acierto en comodidad y adecuada localización. La mayor parte de los heridos llegaban del frente de Sierra Palomera, en Teruel y del frente de Tirig-Calig donde, por la especial composición de las bombas y obuses empleados, se producían un gran número de heridos con lachas cortantes que atravesaban las ropas de los soldados llenándoles la espalda de pequeñas heridas que no llegaban al hueso. Tras la cura, estos enfermos eran alojados en el Hospital de Guerra hasta que nuevos envíos de heridos forzaban su desplazamiento al Hospital Base. 


Toda aquella tranquilidad acabaría a principios del mes de Mayo cuando, detenido el frente en Cuevas de Vinromá, se presentó en el Hospital de Cabanes una moto con sidecar y en el mismo un capitán Comisario que, siguiendo las órdenes del Coronel Ibarrola se hacía cargo del control del Hospital. A la mañana siguiente llegaba desde Valencia el Doctor Borrás y se instalaba en el Pla de l'Arc un improvisado aeródromo en el que se ubicaron alrededor de 90 aparatos, entre "chatos", "moscas" y katiuskas, al tiempo que un importante contingente de tropas y baterías del diez y medio pasaron en dirección al frente de Cuevas de Vinromá. El 16 de Mayo se inició la ofensiva a través de la rambla del río Cuevas, con tres brigadas republicanas y una internacional. Al anochecer el parte de guerra decía que el enemigo había atacado las posiciones siendo rechazado y dejando 268 muertos y numerosos heridos, pero los ataques siguieron dos días más con diferente resultado, a favor del ejército nacional.  


La derrota de las tropas republicanas fue clamorosa. Por el Hospital de Cabanes pasaron más de 1000 heridos que según la importancia de sus heridas eran intervenidos y hospitalizados, desplazados al Hospital Base, o llevados a la Capilla para esperar allí la muerte. Estos últimos eran los heridos en el abdomen con salida de vísceras y de cuello o cabeza con pérdida de masa cerebral. Con la eminente ocupación de Puebla Tornesa por las tropas franquistas, el 22 de Mayo se decidió la evacuación del Hospital de Cabanes ante el peligro de quedar con la vieja carretera de La Ribera como única vía de escape. La evacuación de heridos y médicos fue tan rápida que la mayor parte del material quedó abandonado. Según mis noticias, se dio la simpática anécdota de que uno de los heridos llegados a este Hospital de Guerra en esas difíciles fechas fue un tal Félix Vázquez, militar que acabó casándose con la vecina de Cabanes Consuelo Guía, que en ese tiempo ayudaba en los trabajos de la institución hospitalaria. Finalizada la contienda abrieron una tienda de ultramarinos en el número 7 de la calle Delegado Valera. Como siempre, por muchos que queden atrás, la vida sigue...

RAFAEL FABREGAT
El último Condill, español.   

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