22 de noviembre de 2012

0854- JÚPITER, DIOS Y PLANETA.

Júpiter Óptimus Máximus.
Júpiter fue algo más que el quinto planeta del Sistema Solar. Júpiter fue el número uno de los dioses de la mitología romana. Hijo de Saturno y de Ops, esposo de su hermana Juno y padre de Minerva. Mismo dios al que la mitología griega veneraba con el nombre de Zeus y a quien Cicerón llamaba "Numen praestantissimae mentis" (Sobrecogedora mente suprema). Durante la República romana, Júpiter era la divinidad a la que el cónsul dirigía sus plegarias al iniciar su mandato. En el mayor de los templos romanos, construido para la adoración de Júpiter en la colina Capitolina, se le veneraba como "Júppiter Óptimus Máximus" (Júpiter, el mejor y el más grande", protector de la Ciudad y del Estado, de quien emana la autoridad, las leyes y el orden social. El templo Capitolino fue terminado por Tarquinio el Soberbio, pero inaugurado el año 503 a.C. ya en época republicana. En la actualidad apenas se conservan algunos ángulos y restos de su cimentación que pueden ser vistos en el Palazzo dei Conservatori y en el Museo Capitolino de Roma.


Tamaño de la Tierra y Júpiter.
Júpiter es también el quinto planeta del Sistema Solar y el primero de los planetas exteriores o gaseosos. Recibe su nombre de la mitología helénica y romana y es el que más brilla en el cielo, debido a su tamaño (2,5 veces mayor que todo el resto de planetas juntos) y por tratarse de un estado gaseoso, formado principalmente por hidrógeno y helio. Su tamaño es 1.317 veces el de la Tierra, aunque su masa solo sea 318 veces mayor. También su rotación es muy superior a la de nuestro planeta ya que gira sobre sí mismo cada 9h 55" 40' lo que, dado su enorme tamaño, provoca grandes turbulencias y  vientos que pueden superar perfectamente los 500 Km. de velocidad. No hay una delimitación precisa entre su atmósfera y la parte líquida del planeta, sino que ambas se difuminan gradualmente.


Mancha roja. (Foto Voyager 1)
La atmósfera de Júpiter se presenta dividida en zonas que forman cinturones, claros u oscuros, perfectamente alineados en paralelo y visibles con un simple telescopio de aficionado. Estas bandas delimitan zonas de vientos de gran intensidad que giran alrededor del planeta, alternándose y a velocidades totalmente diferentes. En una de esas bandas, destaca la llamada "Gran Mancha Roja" que meteorológicamente viene a ser una especie de anticiclón situado en latitudes tropicales del hemisferio sur y de 2,5 veces el tamaño de la Tierra. El año 2.006 se detectó la formación de una segunda mancha menor que ha ido aumentando de tamaño con el tiempo. 


Interior de Júpiter.
Estas manchas se considera que son formaciones gaseosas que se elevan sobre la atmósfera principal y que se hacen notablemente visibles al impactarles la luz solar.
El planeta, formado por hidrógeno, helio y argón se comprimen haciendo que el primero se transforme en líquido metálico a una profundidad de 15.000 Km. Su enorme masa impide la liberación del calor acumulado en su formación. Aunque sin pruebas que lo certifiquen, algunos científicos presuponen que Júpiter puede tener un núcleo rocoso de entre 7 y 18 masas terrestres, aunque no faltan quienes discrepan de la existencia de dicho núcleo.


Satélites Galileanos.
Hay otra particularidad en el planeta que son sus satélites y anillos. Los "satélites Galileanos" fueron descubiertos por Galileo Galilei en 1.610 y fueron motivo de controversia en la disputa de que para unos la Tierra era el centro del Universo, mientras otros sugerían que el centro era el Sol ya que con éste era más fácil demostrar la existencia y el movimiento de los satélites de Júpiter. Los cuatro satélites, aunque muy diferentes entre sí, son de características similares al planeta Tierra. El más interior (Ío) es volcánico activo;  el siguiente (Europa) está totalmente helado y con presunción de agua líquida en su interior; el tercero y más grande (Ganímedes) tiene núcleo de hierro y costra rocosa helada exterior; el cuarto (Calisto) es también de tipo rocoso y el que presenta mayor cantidad de impactos espaciales. Los cuatro son perfectamente visibles desde la tierra con un simple telescopio de 60 mm. Pero eso no es todo. Aparte de los satélites Galileanos, Júpiter tiene no menos de otros 63 satélites más. Cuatro del Grupo Amaltea y otros 59 satélites irregulares de tamaño menor, alguno de los cuales no ha sido ni siquiera "bautizado"; eso sin contar los numerosos "troyanos" situados en los "Puntos de Lagrange" y que no son otra cosa que asteroides que siguen o preceden a Júpiter en su órbita alrededor del Sol. El mayor de todos ellos es "624 Héctor" y tiene un diámetro de 225 Km. 


Anillos de Júpiter.
En lo que respecta a sus anillos, los de Júpiter son de carácter muy tenue y difíciles de ver. Son tres y no habían sido descubiertos hasta la llegada de las sondas de la NASA que los midió y fotografió para sorpresa de todos. El más visible de esos anillos, el intermedio, tiene 6.400 Km. de anchura pero no llega a los 10 Km. de alto, por lo que el espesor óptico es tan reducido que lo hace casi invisible desde la Tierra. El interior se denomina halo, mientras que el exterior es el mayor de tamaño pero también el más tenue puesto que es más disperso.


Júpiter y anillos con el sol detrás. (Foto sonda Galileo)
Los tres están formados por polvo estelar y no por hielo, como es el caso de Saturno. Se cree que los anillos de Júpiter están formados por material de los satélites Adrastea y Metis que se ve arrastrado hacia el planeta por su alta gravedad, ya que se encuentran en la misma órbita. Igual ocurre en el caso de los satélites Amaltea y Tebis que realizan la misma tarea, pero en este caso proveyendo de materia al anillo exterior. 
Estimados lectores... ¿Sois conscientes de nuestra insignificancia?.

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