11 de octubre de 2012

0816- EL MONASTERIO DE GUADALUPE.

¡Me daría de cabezazos...! pero claro, es que todo no se puede saber... Yo que creía haber recorrido prácticamente toda España y en las varias veces que he estado en Extremadura, o cerca de ella, no visité el majestuoso Monasterio de Guadalupe, uno de los mayores símbolos de la región extremeña y lugar de cobijo de su patrona por excelencia la Virgen de Guadalupe. Nada, nada. ¡Que no tengo perdón de Dios!. En fin, que si es menester voy aposta... Guadalupe es un municipio de la provincia de Cáceres, de poco más de 2.000 habitantes pero el interés de su visita no es por el pueblo -que también- sino por el Monasterio que alberga, dedicado a la Virgen de Guadalupe. Una imagen de grandes leyendas, que no sabemos cuanto pueden tener de realidad. Lo que si salta a la vista es que el conjunto monumental es importante y el pueblo que lo alberga todavía tiene muchas cosas interesantes que bien merecen nuestra visita. 

La ciudad de Cáceres la tengo recorrida de punta a punta y con ella todos sus monumentos y museos, de la misma forma que he visitado Trujillo y Mérida, internándome en Portugal por Badajoz, pero en fin... ¡Nunca visité Guadalupe!
La tradición cuenta que esta imagen de la Virgen de Guadalupe había sido esculpida por San Lucas, discípulo de Saulo de Tarso y uno de los cuatro evangelistas que, según los códices de su tiempo, era hombre de gran cultura y médico de profesión. La leyenda dice que esta Virgen María fue realizada por Lucas de Antioquía, que tenía en el arte de la pintura y la escultura una de sus aficiones favoritas. Una pintura de María, en las catacumbas de Priscila (Roma) es también atribuida al mismo autor. Lucas viajó en numerosas ocasiones con Saulo, motivo por el cual se sabe que el apóstol no era hombre de mucha salud y precisó en varias ocasiones de su docta sabiduría para aliviar sus males. De acuerdo con la indicada leyenda, Lucas tenía gran devoción a "su" Virgen y al morir pidió ser enterrado con ella. Así se hizo y al ser trasladados sus huesos a  la Basílica de los Santos Apóstoles de Constantinopla, a mediados del siglo IV, la imagen fue nuevamente enterrada con él. 


Sin embargo, elegido papa Gregorio Magno en el año 590, que era conocedor de estos hechos, mandó desenterrar esta Imagen y llevarla a su oratorio particular pues era gran aficionado a la iconografía y no quiso que tal reliquia se pudriera con su autor. Posteriormente al ser afectada Roma por la peste, solicitó a la Virgen su protección y la llevaron en procesión por toda la ciudad con la mejora inmediata de toda la población. Por razones que se desconocen, quizás alguna plaga que afectara tierras andaluzas, el propio Gregorio Magno regaló unos años después esta imagen de María al que después sería San Leandro, entonces arzobispo de Sevilla, mandándola a través de su hermano Isidoro que estaba entonces en Roma. A su llegada a Sevilla, tras una fuerte tempestad que milagrosamente les permitió a los viajeros llegar a puerto, la Virgen fue entronizada en la iglesia principal de Sevilla. Allí estuvo la virgen hasta el año 714 cuando, con motivo de la invasión musulmana, varios clérigos huyeron hacia el norte llevando consigo a la Virgen y otras reliquias. Un escondite junto al río Guadalupe sirvió de cobijo para aliviar la carga de los fugitivos, que nunca volvieron a recoger sus pertenencias. 
Reinando en aquellas tierras Alfonso XI de Castilla (1312-1350) un grupo de pastores guardaban sus vacas en un paraje llamado Alía, hoy dehesa de Guadalupe. 


Uno de aquellos pastores, llamado Gil Cordero, advirtió que le faltaba una de sus vacas y marchó en su busca. A los tres días encontró la vaca muerta junto a una fuente cercana al río. No pudiendo hacer nada por ella sacó un cuchillo y se aprestó a desollarla para aprovechar su piel. Haciendo una primera incisión en el pecho a modo de cruz, como es costumbre, se levantó la vaca y quedó quieta mientras él se echaba atrás espantado.  Entonces se apareció la Virgen y le dijo que llevara su vaca con las demás y contara lo sucedido, diciéndoles a los clérigos que en este mismo lugar que ocupara la vaca muerta hallarían una imagen suya bajo las piedras. Que no la cambiasen de lugar, sino que levantaran una pequeña choza para darle cobijo provisional puesto que, con los años, ya se levantaría iglesia notable para ella. 


Sus compañeros se rieron del relato de su amigo pero él pidió que miraran la herida de la vaca y éstos le creyeron. También los clérigos dudaron pero, muerto el hijo del pastor éste pidió por él a la Virgen y el hijo resucitó. Viendo el milagro los clérigos mandaron gentes a cavar allí donde el pastor hallara muerta su vaca y a poca profundidad encontraron una pequeña cueva a modo de sepulcro. Dentro una imagen de la Virgen, una campanilla y una carta de las que no se conoce paradero. Sacado todo al exterior los allí presentes levantaron una choza de piedra seca y en su interior unas piedras arregladas a modo de altar donde pusieron a la Virgen. 

Hecho esto regresaron a Cáceres y contaron a todos que las palabras del pastor habían sido ciertas. Tras esto, el pastor y toda su familia quedaron encargados por los clérigos de custodiar la miserable ermita y la imagen que ésta contenía, siendo otros de su mismo linaje quienes siguieron custodiando las renovadas y mayores construcciones que allí se hicieron con los años. Sin embargo la talla que allí se venera es románica, de madera de cedro policromada y los entendidos la creen del siglo XI como mucho. Es más, la gran diferencia de habilidad artística entre la Virgen y el Niño, hace pensar que son de autores diferentes.


Pero, en fin, volvamos a la leyenda que, verdad o no, siempre es interesante... El lugar fue inmediatamente preso de gran devoción y alrededor de la ermita las gentes de la comarca fueron construyendo sus casas buscando la protección de la Virgen.  Las primeras noticias históricas del lugar, se refieren a documentos de otorgamiento de tierras a esos primeros pobladores por parte de Alfonso XI (1.340) que dependían entonces de Talavera de la Reina. Siete años después (1.347) el poblado ya tiene nombre propio y se denomina Puebla de Santa María de Guadalupe, otorgando dos años después a su prior el título de "Señor de la Puebla". Esta titulación la siguen recibiendo todos sus priores hasta el año 1.820 cuando se constituye el primer Ayuntamiento de la localidad. En 1.833 población y tierras, hasta entonces dependientes de Talavera de la Reina, pasan a formar parte de la provincia de Cáceres y por lo tanto de Extremadura. En el censo de 1.842 la Puebla de Guadalupe contaba con 700 hogares y 3.835 vecinos, casi el doble de los que tiene actualmente.  

El Real Monasterio de Guadalupe que hoy podemos contemplar (siglos XIV y XV) con recinto de fortaleza, tiene un marcado carácter mudéjar y está construido con elementos góticos, renacentistas y barrocos. Claustro mudéjar de dos pisos y templete central gótico-mudéjar revestido de ladrillos de Manises. El conjunto tiene otro claustro adicional gótico que fue antiguamente botica y hospital. Tanto en la iglesia como en la Sala Capitular, Camarín y Sacristía, se exhiben destacadas obras de los más famosos pintores españoles: Zurbarán, Goya, El Greco, etc. así como un museo de antiguos libros de coro de valor incalculable.


La Puebla de Guadalupe, bien merece también nuestra visita pues se trata de un conjunto Histórico-Artístico del siglo XIV al XVI, de estrechas y preciosas callejas, algunas empedradas, en las que destacan importantes monumentos como el Colegio de Infantes (s.XVI), arcos medievales, antigua judería y no menos de media docena de Albergues y Hospitales del siglo XIV en uno de los cuales (el de San Juan) se practicó, por primera vez y con bula del papa Eugenio IV (1.442) la práctica de la cirugía y la disección.  Amén de otras curiosidades, como el "Castaño abuelo", de 12 metros de circunferencia y que ya se cita por su colosal tamaño en un escrito del siglo XIV.
Total, ¡que habremos de ir sin excusa de ninguna clase...!

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