20 de septiembre de 2012

0796- LA VAINILLA, UNA ORQUÍDEA MUY ESPECIAL.

Sobralia altíssima.
A pesar de nuestra lógica adoración a esta bella flor, la orquídea no goza de exclusividad alguna puesto que se calcula que hay alrededor de 25.000 especies naturales diferentes. Por si eso no fuera ya de por sí suficiente se calcula que, justamente por su belleza, los diferentes horticultores del planeta han conseguido sumar a esa cifra hasta 60.000 híbridos diferentes. (!) Tampoco se puede hablar de exclusividad al mencionar su ubicación natural, puesto que habita en casi cualquier lugar del planeta. Concretamente, en España parece ser que tenemos 25 especies diferentes. Naturalmente fuera de las zonas tropicales planta y flor suelen ser más pequeñas pero no menos hermosas. 
Sin embargo debemos ser humildes y reconocer que el extraordinario brillo y color de estas maravillosas flores (fuera de invernadero) solo se consigue en las zonas tropicales donde temperatura y humedad es la adecuada para esta especie. En cuanto al tamaño de la planta, las hay de apenas unos pocos milímetros (Bulbophyllum) hasta los más de 13 metros a que puede llegar la Sobralia alttísima, incluso de tallo leñoso y con varios racimos de hasta 8/10 flores cada uno, que ya se vende en los viveros del mundo entero, al igual que otras muchas especies bellísimas pero de tamaño mediano.


Vanilla planifolia.
Sin embargo el objeto de esta entrada es para hablar concretamente de la vainilla, una variedad de orquídea de características muy especiales. Dentro de la familia de orquídeas de vainilla hay hasta 110 clases diferentes, pero todas ellas tienen el factor común de producir la vaina que deleita a la humanidad por su perfumado aroma y exquisito sabor que transmite a los diferentes elaborados. Dicen que la mejor es la vanilla planifolia, natural de México y Uruguay, descubierta por los primeros españoles que llegaron al Nuevo Mundo y que le dieron ese nombre por sus frutos en forma de funda de espada o vaina. 
Otras muchas variedades, distintas y ubicadas en otros lugares del planeta, también producen parecida especia pero no tienen la misma intensidad aromática. Cultivada única y exclusivamente por la producción de sus vainas, es la única variedad que no tiene valor ornamental. Se trata de una planta trepadora que, en su hábitat natural (la selva) puede llegar a alcanzar los 35 metros de altura. A falta de los árboles que encuentra en el medio natural, en las plantaciones se le colocan soportes para que pueda trepar y desarrollarse, siempre en lugar sombreado.


Los primeros en descubrir la vainilla como especia fueron los totonacas, indígenas que habitaban la comarca de Veracruz (México). La leyenda transmitida por sus antecesores decía que el rey y padre de la princesa Xanat, le había prohibido casarse con un mortal, motivo por el cual había huido a la selva con su amante. Siguiendo las órdenes recibidas, allí donde fueron encontrados, los amantes fueron decapitados. Allí donde la sangre manchó el suelo, brotó la planta de tallos largos y hojas carnosas. Las flores, de un amarillo verdoso y que no tienen aroma ninguno, se abren por la mañana y se cierran exactamente ocho horas después. Dicha flor es hermafrodita aunque, para evitar la autofecundación que debilita la planta, órganos masculinos y femeninos están separados por una membrana. Esta autodefensa natural  de la planta no era conocida primeramente y fueron muchos los que intentaron llevarla a todas las partes del mundo sin éxito, puesto que la planta se hacía hermosa pero no producía las codiciadas vainas. Si la orquídea de la vainilla ya es de por sí una planta muy especial, no lo era menos su polinización.


Los propios españoles habían intentado cultivarla en África y Asia, en hábitat propicio, pero no consiguieron el ansiado fruto. Otros muchos lo probaron pero no lo consiguieron. El motivo, se supo trescientos años después, era que la planta no aceptaba otro cónyuge que una especie local de abeja polinizadora. Descubierto el problema intentaron llevar la abeja en cuestión a otros continentes, pero los insectos morían. La abeja polinizadora de la vainilla solo sobrevivía en Veracruz y la polinización artificial se presumía imposible. Trescientos años más le duró a México el monopolio de la vainilla y bien que el país supo aprovecharlo. Demandada mundialmente, solo el azafrán la superaba en precio. Sin embargo, claro está, todo era cuestión de tiempo. Un buen día, un esclavo de la isla hoy llamada Reunión (Edmon Albius) descubrió la forma de polinizar artificialmente la flor de la vainilla. Con cuidado de no dañar la flor y ayudándose de una astilla de bambú, levantó la membrana que separa la antera del estigma y traspasó el polen de los órganos masculinos a los femeninos. ¡Eureka!, la flor dio el fruto apetecido.


Hasta entonces las plantas se desarrollaban perfectamente pero, cuestiones de la evolución, sin la ayuda de aquella especie de abeja autóctona de Veracruz no producían ni una sola vaina. El problema estaba resuelto. Desde entonces el cualquier lugar del planeta, que reuna las condiciones climatológicas adecuadas, la vainilla puede cultivarse. Sin embargo, además de no dar fruto antes de los tres años, polinizarla es un auténtico problema por el coste que 
representa. 
Diariamente el productor tiene que repasar los campos y polinizar manualmente una por una todas las flores que se abran ese día. En ese aspecto no hay confusión posible puesto que las plantas solo suelen abrir una flor cada día y lo hacen durante la noche o en las primeras horas de la madrugada. Los productores tienen pues toda la mañana para proceder a la polinización, puesto que la flor se cierra al mediodía. El premio, en las plantaciones bien desarrolladas, suele ser un promedio de 40/50 vainas por planta, lo que supone un kilo de vainilla de buena calidad que representa un rendimiento económico adecuado.


A los 6 meses de la fecundación la vaina ha alcanzado los 15/20 cm. de longitud que es el tamaño comercial. De un verde intenso pasa un mes más tarde al color amarillento de la parte final de la vaina que indica el momento óptimo para su recolección. Ya que la polinización suele durar alrededor de tres meses, ese mismo tiempo dura la recolección. La producción, ya se ha dicho, suele ser de un kilo de vainas verdes por planta.  Naturalmente México perdió el monopolio puesto que el cultivo se extendió por todo el planeta. 
Actualmente el principal productor mundial es Madagascar y todos los archipiélagos de su entorno que suelen producir alrededor de 3 toneladas por hectárea. Con unas necesidades de humedad permanentes es imprescindible que sea posible su irrigación, por si la lluvia se retrasa, siendo también obligado que la plantación sea sombreada, natural o artificialmente. Tras la cosecha debe procederse al adecuado tratamiento de secado natural, único método que permite conservar totalmente las propiedades naturales del fruto. El clima no suele acompañar en esas zonas productoras, lo que hace que la perfecta elaboración de la vainilla suela costar de cinco a seis meses y siempre con gente especializada. 


En las grandes plantaciones resulta obligado el secado artificial pero lógicamente el resultado no es el mismo. Una vez seca y perfectamente clasificada en tamaños idénticos, se ata en mazos de medio kilo y se deposita en cajas de lata y posteriormente caja exterior de madera con 20 Kg. lista para la exportación. Las vainas de la más alta excelencia, (tamaño extra, con cultivo y secado natural) alcanzan tan alta cotización que permiten el envasado en estuches de madera de 10 vainas. 
Visto lo visto, no es de extrañar que sea un producto caro...

EL ÚLTIMO CONDILL 


2 comentarios:

  1. Gracias, muy ilustrativo. Soy apasionado de las orquídeas, buscando información sobre la gigante peruana llegué a tu blog. Saludos desde Lima Perú.

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  2. Hola Fernando.
    Las etiquetas de la barra lateral indican el contenido de mi Blog..
    Gracias por tu interés y hasta siempre.

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