29 de agosto de 2012

0779- LA DEVOTA DOÑA CECILIA.

El pueblo de Borja (4.000 habitantes) está situado junto a la N122 a medio camino entre Soria y Zaragoza (España). Estos días pasados ha sido noticia por un hecho curioso, de mucha menos trascendencia de la que se ha querido dar, por falta de noticias de mayor calado. Para desgracia de todos, las de mayor importancia nunca faltan, pero ya estaban muy trilladas. En plena canícula, tenía que ser algo refrescante y el chivo expiatorio fue la señora Cecilia Giménez García, una octogenaria que, al igual que hacen cientos de feligreses en España y el mundo, dio unas pinceladas sobre las manchas de humedad de una de las pinturas de la ermita de la localidad, pintura sin firma relevante (curiosamente de su abuelo) y que ya había sido otras veces retocada por ella misma sin que nadie le llamara la atención, según Cecilia reconoce y afirma. 


El problema, en esta ocasión, es que estando la "restauración" a medio camino le salió a la señora un viaje del IMSERSO y el trabajo quedó pendiente para el regreso, con tal mala fortuna que antes de su retorno alguien, que desconocía el asunto, dio la voz de alarma por el mal aspecto que presentaba la pintura en cuestión. Originalmente la citada pintura era un Ecce Homo de escaso tamaño, pintado por Elías García sobre uno de los pilares de la ermita dentro del Santuario de la Misericordia pero no del siglo XIX como algunos han indicado. El tal  Elías era un afamado pintor de Requena (Valencia) que había nacido en 1.894 por lo que con toda seguridad la pintura es de bien entrado el siglo XX. 


El pintor valenciano tenía amigos y familiares en Borja, motivo por el cual pasaba parte de sus vacaciones estivales en esta localidad y fundamento para obsequiar a los vecinos de la misma con la pintura que ubicó en uno de los pilares del santuario y que podemos contemplar a la derecha de esta fotografía. Al Ecce Homo en cuestión la "restauradora" no había hecho otra cosa que borrarle las partes dañadas por la humedad que, como afirma Cecilia, estaban pendientes de pintarse nuevamente. Seguramente el resultado habría sido una chapuza pero, ya que se hizo con buena intención, debemos darle el beneficio de la duda. Doña Cecilia no era el típico malhechor que entra en un templo o en un cementerio a robar o a realizar destrozo alguno. 


Se trataba de una feligresa ejemplar, nieta del autor además de devota y aficionada a la pintura que, cansada de ver cada día el deterioro de la obra de su abuelo sin que las autoridades demostraran el menor interés, decidió dar unas pinceladas para aliviar la pena de ver como toda la imagen de Jesucristo se caía a pedazos. Como se ha dicho anteriormente ella afirma haberlo hecho ya otras veces, aunque no sabemos si fue en la misma obra o en alguna otra parte del templo. No es algo tan extraño. Cientos de edificios religiosos de nuestro país están cayéndose a trozos sin que nadie haga nada por preservarlos y con más frecuencia de la que sería deseable, cualquier aficionado da unos retoques. Es de suponer que los especialistas dejarán la imagen tal cual la hizo el autor, o al menos eso esperamos.


A 8 Km. de la población el Santuario de la Misericordia está situado en la Muela Alta de Borja, una de las últimas estribaciones de la sierra del Moncayo, a 672 metros sobre el nivel del mar. Hasta 1.578 era tan solo una simple ermita con casa para el sacerdote que la custodiaba. En el 2.000 se hicieron grandes cambios, entre ellos la adecuación de un albergue que da servicio a quienes visitan los Parajes Naturales aledaños. 
Después de tanta polémica resulta ser que casi 200 países del mundo saben donde está Borja, cosa que ni siquiera el 80% de los españoles conocían hasta ahora. Cientos de visitantes escudriñan cada día la pintura y deambulan antes o después por la población dejándose sus dineros. Resulta extraño que la fama de una región, un pueblo y los extraordinarios vinos que allí se elaboran, lleguen de una forma totalmente ajena a la esencia de esas tierras y sus gentes.
Así es la vida. Lo que no pudo conseguir la excelente Garnacha de estas tierras, una de las mejores de España y del mundo, lo consigue una señora octogenaria sin otras dotes que su buena voluntad y un pincel del "todo a cien". El pueblo de Borja está "haciendo su Agosto" nunca mejor dicho, encantado con la polémica creada con las escasas dotes pictóricas de la vecina Cecilia y agradecido a su protagonista. Incluso las autoridades tienen dudas sobre si restaurar o no la pintura que ha llevado al pueblo a la fama. De risa, pero así son las cosas...

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