28 de agosto de 2012

0777- LOS GENERALES MALDITOS.

Buena parte de los generales que colaboraron con Franco en el Alzamiento Nacional y posterior Guerra Civil nunca lo hicieron pensando que como resultado de la contienda se instalara su dictadura. Ellos lucharon contra una república tocada por el comunismo radical y permisiva con las actuaciones de las bandas anarquistas. Nunca pensaron que la meta había de ser otra cosa que no fuera la reimplantación de la monarquía a corto plazo y así se lo hicieron saber al "generalísimo" al acabar la contienda claro que, para entonces, Franco ya tenía hechos sus planes y su respuesta fue la destitución, cuando no la persecución, de todos los que no le apoyasen en sus ansias de poder. Se dice que tampoco Franco había tenido nunca, como plan premeditado, convertirse en dictador de aquella España que nacía tras la victoria del Alzamiento. Sucedió al parecer que, como a los escaladores, tras la victoria tan duramente alcanzada a Franco le asaltó el "mal de altura". Ese mareo propio del que ha subido más alto de lo que sus facultades permiten, una borrachera que después de la correspondiente reflexión puede tener dos resultados bien diferentes: retirarse a descansar o envalentonarse para hacer cumbre. 

Franco optó por lo segundo pero, en esa nueva batalla, todos ya no estaban dispuestos a ayudarle.  A él ya no le importaba, para entonces Franco ya lo tenía claro y decidido: CUMBRE o NADA. 
Un elevado número de altos cargos fueron destituidos, degradados, algunos incluso desterrados, otros encarcelados o enviados a la reserva. Otros tuvieron más suerte y pudieron presentar su dimisión, que naturalmente les fue aceptada. La Audiencia Nacional, al servicio del dictador, elaboró un sumario de "Delitos contra la Humanidad". No vamos a enumerar la larga lista de los imputados, pero si a señalar a algunos de los más destacados colaboradores de la victoria franquista en la Guerra Civil de 1.936 que formaron parte de la "Lista de los veintisiete" que conspiraron contra Franco en la esperanza de recobrar para España la monarquía. Hasta treinta y cinco fueron acusados por supuestos "crímenes de guerra", muchas veces por cumplir las órdenes de quién ahora les acusaba.


General Aranda
Aranda Mata (General)
Galarza Morante (Coronel)
Tella Cantos (General)
Varela Iglesias (General)
Solchaga Zala (General)
Limia Ponte (General) 
Kindelan Duany (General) etc., etc.
Terminada la Guerra Civil todos empezaron a presionar. Nadie quería en el poder a un dictador. Si no todos, la mayoría eran eran partidarios de restablecer la monarquía, Gobierno tradicional español que había elevado a España a los niveles más altos del planeta. De palabra y por carta todos ellos hicieron saber a Franco sus ideas al respecto. Estas cartas, entregadas en Septiembre de 1.943, obligaron a Franco a actuar con la rapidez y la contundencia necesaria para anular la amenaza. Tras cada lectura una degradación, un destino forzoso, un envío a la reserva o un encarcelamiento. Poco importó que se tratara de militares intachables que habían colaborado activamente en la victoria de la recién finalizada Guerra Civil.
El conspirador principal de la maniobra de restauración monárquica fue el General Aranda. En la primera actuación de represión franquista Aranda ya fue arrestado aunque, en su condición de héroe nacional, hubo que liberarle aunque apartándole de los puestos de poder. De la Capitanía General de Valencia a la Escuela Superior del Ejército y en 1949 a la reserva. 


General Tella
El General Tella fue uno de los perseguidos más duramente por su patente enemistad con Franco. Destituido como Gobernador General de Burgos y con más carácter que Aranda tuvo la osadía de decirle a Franco que no había hecho la guerra para perpetuarle a él en el sillón, sino para restaurar la monarquía legal. Enviado inmediatamente a la reserva fue acusado más tarde de irregularidades administrativas. Obsesionado por la injusticia que con él se había cometido con los años fue perdiendo el juicio. 
General Kindelan
El general Kindelan, creador de las fuerzas aéreas españolas, tuvo claro desde el primer momento que la Corona debía ocupar la España arrancada de las manos republicanas y así se lo hizo saber a Franco. El resultado fue su arresto y humillación pública al ofrecerle al general Yagüe el Ministerio del Ejército del Aire. Uno tras otro fueron cayendo todos. Aquel "generalito", al que tantos tacharon de tan limitadas habilidades, lo tenía claro y se salió con la suya. 
Poco a poco, todos los que no estuvieron de acuerdo con que ostentara el poder de forma permanente quedaron relevados de sus cargos y prebendas. 


El resultado es obvio por tan conocido. Instalado bajo la sombra de los palios eclesiásticos, aquel dictador de menuda estatura demostró que no le temblaba la mano a la hora de asegurarse la permanencia en el poder. Mutuamente ambas fuerzas se daban la tan fresca y agradable sombra. Hasta su muerte, casi 40 años después, tuvieron en sus manos el destino de España y lo que es más importante, el de todos los españoles. Los primeros años tras la contienda, muchos de los perdedores fueron duramente perseguidos. Algunos, con justicia o sin ella, fueron encarcelados durante meses. Otros incluso fueron fusilados. Por duro que nos parezca todos sabemos que, independientemente de quien sea el ganador, es lo que suele suceder tras una guerra de esas características. Si hay un Dios a quien se le pueda pedir algo está claro que evitar una guerra civil es, detrás de la salud, lo más importante. 

EL ÚLTIMO CONDILL





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