19 de agosto de 2012

0771- LAS MINAS DE RIOTINTO.


Río Tinto, Company Ltda. era el nombre de uno de los fundadores del Grupo adjudicatario (desde 1.873) de los yacimientos mineros de Río Tinto, en el municipio de la provincia andaluza de Huelva (España). 
La riqueza de sus profundidades ya fue conocida y explotada desde 3.000 años antes por los Tartesos y posteriormente por fenicios y romanos. De hecho, sus alrededores son un montón de miles de millones de toneladas de la escoria histórica de su explotación. 
La primera compra de los derechos de explotación se produce en 1.725 cuando el sueco Liebert Wolters consigue del gobierno de España el régimen de alquiler durante 30 años. 

Tras este periodo, en 1.783 retornaron al Estado que las mantuvo abiertas hasta la llegada de la Guerra de la Independencia en 1.810.
La bancarrota en la que se encuentra inmersa España a mediados del siglo XIX (es el sino a que nos tienen abocados a los españoles nuestros facinerosos políticos) hace que en 1.873 el gobierno de la I República venda por 94 
millones de pesetas las minas a la compañía inglesa antes citada. 
De hecho se dice que esta venta salvó de graves compromisos al gobierno español puesto que la cifra pagada era entonces una suma considerable. 
En 4 de Febrero de 1.888 miles de personas de la comarca se manifiestan en contra de los propietarios por las emanaciones sulfurosas que se desprenden del lugar debido a las "teleras", calcinaciones de minerales al aire libre. El enfrentamiento de las fuerzas públicas con los manifestantes se produce con tal intensidad que se abre fuego contra la multitud produciéndose más de un centenar de muertos. 


El mayor beneficio de su explotación para los habitantes de la zona se produce con la instalación de un economato que abastece a la población a precios muy ventajosos, así como la llegada del ferrocarril desde Huelva capital, claro que aquello también tuvo su contrapartida ya que con el ferrocarril llegaron miles de 
personas de otras comarcas y hasta del mismo Portugal en busca de trabajo. Sin embargo no fueron los foráneos los que provocaron la pérdida de identidad de Río Tinto como pueblo. 
De pronto, la dirección de la mina argumenta que la situación de la localidad impide la expansión de la mina puesto que sus vetas principales se internan en esa dirección... Fueron muchos los que se opusieron a la venta de sus casas y traslado a la nueva ubicación, pero de nada les valieron sus protestas. El antiguo Río Tinto, también llamado La Mina, fue demolido y sus gentes trasladadas, voluntaria o forzosamente a barrios de nueva planta que se construyeron en lugar apartado con este fin. 


Los ingleses habían comprado suelo y subsuelo pero detectaron importantes vetas sobre las que había un pueblo difícil de desahuciar. Se provocó su derrumbe (cayeron 7 calles) al no rellenar las galerías excavadas bajo el pueblo y la gente, asustada por el peligro, cogió la indemnización y marchó a otros pueblos próximos o al poblado construido por los ingleses. Era lo que los 
ingleses pretendían. Con este traslado la compañía disponía de los terrenos que le eran de interés y en su dispersión, acababa con un pueblo solidario y unido que le era hostil. 
El nuevo poblado nacía en barrios diseminados, próximos al diferente lugar de trabajo que cada cual tenía y por lo tanto más fáciles de dominar. Claro que no todo era tan generalista. En esta nueva ubicación se construyeron dos partes perfectamente diferenciadas: El Valle, en donde se coloca a la gente del antiguo pueblo de Río Tinto en diferentes barrios dispersos y Bella Vista, un barrio construido para albergar al personal de origen inglés que brillaba por su lujo y exclusividad. En este barrio se conserva todavía la "Casa del Consejo", donde todo el mobiliario era de estilo victoriano.


De las casi treinta calles que tenía la localidad de Río Tinto, en 1.945 solo le quedaban seis. El año 1.982 el pueblo quedaba totalmente desalojado y dado de baja en el censo. Las casas que en esa fecha quedaron sin derruir eran visitadas diariamente por gente que desmontaba puertas y ventanas, aprovechando las tejas y la vigas de madera en mejor estado, hasta que solo quedaron las paredes. El campanario fue lo último que se demolió en una explosión controlada. En diez años (1.992) los estériles de la mina habían enterrado la población y solo quedaba visible una punta de la calle Méndez Núñez y la fuente de la plaza principal. El año 1.999 todo lo que quedaba del pueblo estaba bajo los escombros de la mina. Así murió un pueblo mítico que tuvo la desgracia de ser construido sobre una mina, de propietarios (británicos) poco escrupulosos.


El paisaje actual es, por lo abstracto, de una belleza espectacular. Aquel nuevo poblado construido en zona apartada de la mina ya no está tan lejos de ella. También en las proximidades se ubica una necrópolis romana del siglo II. De todas formas lo más sobresaliente (como no) es como hemos dicho anteriormente el barrio de Bella Vista, aquel que los mandamases de la explotación se construyeron para sí mismos. 


En el mismo destaca la Capilla anglicana, el Club y lugar de esparcimiento y la Casa del Consejo, lugar que disponía de mayordomo, cocinero, camareros, etc. y donde todos los muebles eran de estilo victoriano. En esta casa y con motivo de invitación de los británicos, se hospedó el rey Alfonso XIII. 
Actualmente propiedad de ENDESA, son 446 m2. construidos y 5.946 m2 de parcela declarados Patrimonio de Bien Cultural por la Junta de Andalucía y que se pretende restaurar para convertirla en sede de la Universidad de Huelva.


En 1.951 el dictador Franco fue incrementando las tasas y gravámenes para hacer inviable su explotación. Los ingleses que habían comprado los derechos a perpetuidad tuvieron que abandonar la zona y todas sus propiedades fueron nacionalizadas. El gobierno apenas mantuvo las minas abiertas durante un cuarto de siglo ya que para 1.975 los precios del metal bajaron y dejaron de ser rentables. El cierre fue de un terrible impacto para la comarca pues miles de personas quedaron sin trabajo. Actualmente los precios han subido de forma considerable y no se descarta una nueva apertura de las instalaciones. Han pasado casi cuarenta años de aquel cierre que se preveía definitivo pero, como tantas veces se dice en este blog, en este mundo, definitivo no hay nada salvo la muerte. Eso es lo único que podemos asegurar que es para siempre...

EL ÚLTIMO CONDILL




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