25 de junio de 2012

0720- LOS TARTESSOS.

Escritura tartéside
Los Tartessos eran un pueblo con lengua propia y, según la opinión de los Griegos, la primera civilización de Occidente. El primer pueblo lo suficientemente preparado para apreciar y hasta para producir toda clase de objetos (armas, telas, cerámica, orfebrería, etc.) que solo los pueblos más adelantados eran capaces de poseer en esos tiempos. Este pueblo, que ellos llamaban Tartéside, se consideraba como heredero del Bronce final Atlántico y estaba situado al suroeste de la península Ibérica. Un pequeño territorio triangular formado por las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, aunque con influencia en los pueblos vecinos y especialmente los del actual Algarve portugués. El territorio ocupado por esta civilización estaba cruzado por el actual río Guadalquivir, nombre de origen árabe. Se cree que ellos llamaron a este río Tartessos, de la misma forma que posteriormente los romanos lo bautizarían con el nombre de Betis.

Herodoto de Halicarnaso
La primera noticia escrita de los Tartessos, nos la da la Historia de Herodoto, en el siglo V a.C. al hablar del rey Argantonio como compendio de sabiduría y bondad, así como de las incontables riquezas que poseía. En la Ora Marítima, de Rufo Festo Avieno (siglo IV a.C.) se habla nuevamente de la civilización Tartéside y dice que los datos utilizados vienen de muy antiguo y de autor desconocido. La obra cuenta un viaje (periplo) naval que describe las costas mediterráneas, a sus pueblos y a sus gentes, realizado por un marino greco-cartaginés que, partiendo de Britania, llegó hasta Massalia (Marsella). Este viaje imaginario basado en datos de antiguos navegantes relataba lógicamente los lugares supuestamente visitados por el marino y muy especialmente los de las costas peninsulares de Iberia.

Zona de influencia Tartéside
No se conoce con seguridad que hubiera existido una ciudad llamada Tartessos, puesto que no se han encontrado restos de su posible ubicación. Tampoco los investigadores se han puesto de acuerdo en si esta civilización era indígena o llegada de fuera de la península Ibérica, aunque va tomando forma la creencia de que efectivamente el pueblo tartessio tenía su origen en la evolución de los pueblos locales del Bronce culturizados al entrar en contacto con los fenicios establecidos en las costas próximas del Golfo de Cádiz. Se han dicho muchas cosas al respecto y aunque no haya una concreción absoluta sí ha quedado demostrado por sus restos arqueológicos que estaban ligados a dioses orientales como Astarté, Baal o Merkhart, representado en forma de toro.

Obra de Rufo Festo Avieno
Se conocen varios pueblos tartessos, pero ninguno con la entidad suficiente para ser su capital. Ésta, de haberla, estaría sin duda en algún lugar del delta del Guadalquivir pero muy difícil de ubicar puesto que este delta ha cambiado de lugar decenas de veces en estos tres milenios. Según la descripción de Rufo Festo Avieno, la desembocadura del río tenía entonces varios brazos y sus consiguientes islas, así como lagos alimentados por otros ríos menores. La civilización Tartéside ya existía con seguridad 1000 años antes de nuestra era, pero no todavía con los conocimientos que sus restos arqueológicos nos muestran. Tendrían que llegar posteriormente los llamados Pueblos del Mar (fenicios) y con ellos los conocimientos suficientes que les permitieran explotar las famosas minas de cobre y plata y les enseñaran el arte de la navegación que les llevaría hasta Britania de donde importarían el estaño con el que fabricar las armas de bronce.

Mosaico de Gerión
Los literatos clásicos nos cuentan que su forma de gobierno era la monarquía, así como una serie de leyes que tenían escritas sobre lienzos de cobre desde tiempo inmemorial. Es justamente esa forma de gobierno la que demanda una capital desde la que se controlara todo el territorio y que no se ha podido encontrar todavía. Sin embargo el asunto se complica al comprobar que esta civilización tenía dos grupos monárquicos: los mitológicos y los históricos. Los mitológicos eran Gerión, Norax, Gárgoris y Habis.
Gerión era un gigante tricéfalo que pastoreaba grandes rebaños de bueyes en las praderas junto al Guadalquivir y que se enfrentó con Heracles.
Norax era nieto de Gerión y fundador de la ciudad de Nora (Cerdeña)
Gárgoris era rey de los curetes e inventor de la apicultura.
Habis era hijo bastardo de Gárgoris al que su padre ordenó matar pero escapó y fue criado por una cierva. Ya todo un hombre fue reconocido por su padre. Inventó el arado y prohibió el trabajo a los nobles.

Argantonio
Argantonio es el único rey del que se tienen referencias históricas. Fue el último rey de los Tartessos y (según Herodoto) reinó durante 80 años (630a.C./580a.C.) muriendo con 120 años de edad. Los historiadores creen que se trataría de varios reyes con el mismo nombre. Propició el comercio con los Foceos (griegos) durante más de 40 años, haciendo que bajo su reinado se establecieran en la costa varias de sus colonias.
Las leyes tartésides no daban poder a los nobles sobre el pueblo esclavo, pero sí sobre el trabajo de éste. Tras los príncipes y los sacerdotes, el máximo poder era el militar. Prueba de ello son las estelas funerarias con armas guerreras y los ricos ajuares que en estas tumbas se han encontrado. Aunque tenían una fuerte aculturación fenicia, se cree que su religión era politeísta. En sus territorios se han encontrado santuarios fenicios y exvotos en varios puntos de Andalucía.

Estelas funerarias
No se sabe por qué razón los Tartessos desaparecieron repentinamente de la Historia, aunque se cree que serían barridos por los Cartagineses, unidos o no con los fenicios de Gadir (Cádiz) en la Batalla de Alalia, entre griegos y cartagineses. Con esa aniquilación pagaban su alianza con los griegos focenses. Los romanos llamaron Tartesius Sinus a la Bahía de Cádiz pero en esa época su reino ya no existía. Se considera probable también que al agotar las vetas minerales la economía tartésica se colapsaría dando lugar a la desaparición de la unión política y social de este pueblo, basado principalmente en la producción de los metales. Otras teorías posteriores señalan la posibilidad de desastres naturales en la zona, pues se tiene constancia de importantes terremotos en esa época, aunque tampoco se descarta alguna posible invasión celta llegada del norte peninsular.

Excavaciones en el Carambolo
Su paso por la zona y su potencial económico y artístico queda suficientemente probado con el hallazgo de importantes tesoros como los de: El Carambolo, Aliseda, Belvís de la Jara, Necrópolis de la Joya, Cancho Roano o Tejada la Vieja, entre otros.Restos de conjuntos arquitectónicos que nos hablan no solo de Fenicia, sino de tierras tan alejadas como Mesopotamia, Siria y Canaan, con características de la apadana persa y del iwan de las arquitecturas sasánidas y árabes. Restos también de ciudades de los siglos VIII y V a.C. de perímetro amurallado que servían de punto de encuentro entre la comarca minera y los puertos del Guadalquivir. Son muchas las referencias históricas que hablan de esta cultura, excepcional para su época. A continuación se citan algunas de ellas, aunque son muchísimas más las que dan fe del paso de esta civilización por nuestra península. 

Tesoro del Carabolo
El profeta Ezequiel (siglo VI a.C.) nos cuenta que Tiro comerciaba con Tarsis. En el Libro de Jonás (siglo VIII a.C.) dice que Jonás bajó a Yoppe y se embarcó en una nave que zarpaba hacia Tarsis, para alejarse de Yahvéh. El poeta Estersícoro (siglo VI a.C.) narra que Euristeo encomendó a Heracles que matara al gigante Gerión que gobernaba un reino cercano a Tartessos. Anacreonte en el año 530 a.C. cita la riqueza y complejidad política del reino tartésico. Cuando Pausanias visito Grecia en el siglo II a.C. vio dos cámaras en el Santuario de Olimpia que las gentes de Elis afirmaban estar hechas con bronce tartesio. Herodoto, hablando del rey Argantonio, cuenta que un navío samio viajaba a Egipto y fuertes vientos del este lo empujaron hacia las columnas de Hércules llegando a Tartessos, un lugar sin explotar, por lo que adquirieron un cargamento de tan importantes beneficios que ningún griego hubiera conseguido jamás. En el Tratado de Roma y Carthago del año 348 a.C. se establece la Mastia de los Tartesios (Cartagena) como límite sur que podía alcanzar Roma en la península Ibérica.
Esta es, a groso modo, la historia de los Tartessos. Uno de los pueblos más importantes que habitaron nuestra península Ibérica.

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