21 de junio de 2012

0717- ABUSO DE PODER. (BRETTON WOODS)

Todo ocurrió en el Complejo Hotelero Bretton Woods, un lugar no muy conocido de vacaciones, en el estado de Nueva Hansphire (Estados Unidos.) En esta singular ocasión EEUU no saqueó a ningún país en concreto, sino a todos los habitantes del planeta. Hasta entonces y siempre por el uso de la fuerza, como todos los países imperialistas había expoliado territorios y bienes en cantidades incalculables pero, ya se sabe, nunca hay dos sin tres y con la práctica se aprende a mejorar los sistemas y el provecho de las operaciones. 

Buscaron en antiguas bibliotecas las fórmulas utilizadas en el medievo por los reyes y la iglesia y encontraron rápidamente la solución. No interesaba robar las tierras, sino las cosechas. La tierra da mucho trabajo y pobres beneficios. Quedaba una baza final, que era todavía más apetitosa: robar el dinero del trabajo ya realizado ¡y sin entrar en guerras, siempre costosas!. Los maquiavélicos pensadores estadounidenses lo tenían todo planeado y ponerlo en práctica solo era cuestión de tiempo. Se trataba de "sembrar" las condiciones adecuadas para que la "cosecha" llegara por propia inercia... Voluntariamente, sin presiones, sin tener que llamar a la puerta de nadie.

Los hechos sucedieron entre el 1 y el 22 de Julio de 1.944, tres semanas "provechosas" en las que EEUU esquilmaría la riqueza de todo un planeta sin que nadie pudiera evitarlo y casi sin que los mismos interesados se dieran cuenta de ello. De todas formas, poco importaba si alguien se daba cuenta. Peor para ellos. La bajada consciente de pantalones, aunque no haya defensa posible, es más vergonzosa todavía. Aunque lo parezca, el asunto no fue nada complicado...
Con medio mundo enfrascado en la II Guerra Mundial, Estados Unidos fue uno de los países menos afectados. No soportó destrucción alguna y se convirtió por contra en uno de los principales proveedores de armas y alimentos para las naciones enfrentadas. Incluso llegó a convertirse en el prestamista necesario para poder pertrechar de todo lo que los combatientes necesitaban para repeler al enemigo. En apenas cinco años y con solo el 7% de la población del planeta, EEUU redobló sus producciones habituales hasta conseguir para sus arcas el 50% del PIB mundial. 

Finalizada la guerra, con las ciudades destruidas y los países arruinados, el gobierno de los EEUU se dio cuenta del potencial económico que en ese momento representaban en el marco mundial. Viendo su dominio absoluto fueron a por todo el pastel, así de sencillo. Como había que hacerlo, era la única pregunta. Había que abrir las puertas, hasta entonces cerradas, del libre comercio y del flujo de capitales. No solo había que abrir oportunidades de mercado en todo el planeta, sino que también se había de garantizar el abastecimiento de las materias primas no disponibles en la Unión. También debería acordarse la libertad de circulación marítima que permitiera el paso de los diferentes cargamentos sin problema alguno. Más de dos años dedicaron los norteamericanos a preparar la conferencia que había de llevarles al punto de máximo poder mundial de forma permanente, o eso pensaban ellos. El Tesoro de los EEUU sería el encargado de decidirlo todo a su favor.

Todos los países del mundo fueron llamados a esa Conferencia de Bretton Woods, aunque solo 44 países se presentaron puesto que las naciones que conformaban el Tercer Mundo eran colonias de los allí presentes. Los que interesaban estaban. Sudamérica dependía del poder de Washington; Europa aún estaba desangrándose en la guerra; la India se unió a la delegación Británica; Alemania, Japón e Italia estaban siendo derrotados y los países dependientes de la Unión Soviética participaron pero no ratificaron los acuerdos; el resto, meros comparsas. EEUU producía en ese momento la mitad del carbón mundial, 2/3 del petróleo, el 50% de la electricidad e inmensas cantidades de barcos, coches, maquinaria industrial y toda clase de armas. En esas condiciones excepcionales EEUU no encontró impedimentos significativos para aprobar los textos por ellos diseñados en aquella Conferencia.

Los británicos llevaron una propuesta alternativa, consistente en la creación de un órgano internacional de compensación con una nueva moneda internacional (el Báncor) vinculada con las divisas fuertes y canjeable en todos los países por medio de un cambio fijo. El plan era justo y democrático, pero no era el que interesaba a EEUU y ellos, en ese momento, tenían el 80% de las reservas mundiales de oro. Poco podía hacerse para convencerles y nada para imponerles. Aprovechando su influencia económica y la vulnerabilidad de los británicos, en ese momento con grandes necesidades crediticias para sufragar los gastos de la guerra, el proyecto británico fue rechazado. Como ya se sabía de antemano, la suerte estaba echada y solo la firma que ratificara el acuerdo era cuanto faltaba y cuanto podía hacerse. Como se ha dicho antes, la Unión Soviética no firmó y China, que sí lo hizo, se retiraría tras el triunfo de la Revolución Comunista de 1.949.

Incluso quedó determinada allí mismo la cuota a ingresar y el consiguiente poder de los países miembros del Fondo. A continuación y a modo de ejemplo, se indican los cinco primeros del grupo por la importancia de su aportación, sobre un Fondo total de 8.800 millones de dólares.
EEUU aportaría 2.740 millones (31,1%)
REINO UNIDO 1.300 millones (14,8%)
La URSS 1.200 millones (13,6%)
CHINA aportaría 550 millones (6,3%) y
FRANCIA aportaría 450 millones (5,1%)
Tan solo los cinco primeros países manejaban el 71% del capital total y para desbancar cualquier decisión de EEUU habían de ponerse de acuerdo los tres países que le seguían en importancia, puesto que entre todos los restantes cuarenta no eran suficientes. 

Con esa supremacía no tuvo problema alguno en que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional establecieran sus sedes en territorio estadounidense. A partir de aquel momento, cuando un país tuviera déficit debería financiarse a través del Fondo. El tipo de cambio se fundamentó sobre el Dólar con una relación, en ese momento, de 35,00$USA la onza de oro, concediéndose a todos la facultad de cambiar dólares por oro sin restricciones ni limitación alguna. El resto de países debería ajustar sus monedas a este tipo de cambio, con una fluctuación máxima del 1%.

Sin embargo (como nada es para siempre) con la llegada de la Guerra del Vietnam, EEUU hubo de mandar al exterior miles de millones de dólares para financiar la guerra y el país llegó a tener, por primera vez, déficit comercial. Algo inimaginable para los norteamericanos en los prolegómenos de aquella Conferencia de 1.944, cuando sus políticos se fumaban los sabrosos habanos en los mullidos sillones de Bretton Woods sabedores de que solo su voluntad saldría a flote.

De pronto cambiaron las tornas y el que otrora recibía los palos, estaba en condiciones de darlos. Los países europeos minoritarios, viendo la debilidad norteamericana, empezaron a cambiar los dólares en su poder por oro y pronto se sumaron a ello Francia y Gran Bretaña, con lo que las reservas de Fort Knox mermaron notablemente. Viendo la debacle, las autoridades norteamericanas impidieron finalmente el cambio y devaluaron el dólar a fin de incrementar las exportaciones. Incluso marcaron provisionalmente un arancel del 10%, obligando al resto de países a revalorizar sus monedas. A partir de ese momento la pretendida estabilidad monetaria, marcada con las imposiciones estadounidenses en la Conferencia de Bretton Woods, quedó anulada por ellos mismos. A las buenas o a las malas, el que domina la situación impone sus leyes y conveniencias. Cuando éstas dejan de ser favorables a sus intereses, quedan abolidas y se marcan otras. Así va este mundo, donde el dinero lo puede todo...

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