5 de junio de 2012

0700- LA HOMOSEXUALIDAD, ALGO NATURAL.

Ni pecado ni enfermedad, solo anormalidad. Nunca me ha parecido que un homosexual, sea hombre o mujer, sea una persona enferma y mucho menos aún alguien a quien se pueda tratar farmacológica y psicológicamente con unas mínimas garantías de éxito. El homosexual nace y se hace ya que, según las enseñanzas y libertades que haya tenido en su niñez, serán más o menos las posibilidades de desarrollar esa tendencia inicial con la que haya nacido. La permisividad que políticamente se disfrute también propiciará que exteriorice o no su instinto natural que, en este caso, es la atracción por personas de su mismo sexo.
Se trata pues de una peculiaridad, fallo de la naturaleza si quieren, pero no de un trastorno que altere para nada la felicidad o desgracia de quien lo tenga, ni que tenga el por qué afectar a la gente de su entorno, si no fuera porque la sociedad mira esta anomalía con burla y demasiadas veces como un vicio que debe atajarse. Afortunadamente la sociedad ha cambiado mucho en los últimos años y buena parte de esa gente ha decidido "salir del armario" proclamando a los cuatro vientos cuales son sus instintos. 

El homosexual tiene los mismos derechos que cualquier ciudadano y también las mismas obligaciones, sin embargo son muchos todavía quienes sonríen cuando ven a una pareja de novios dándose unos "picos" por la calle y sin embargo miran con asco a quienes hacen lo mismo siendo homosexuales y muy especialmente cuando se trata de varones. Todo depende de las circunstancias. Las libertades sexuales pueden ir a más o cortarse y reprimirse como antes lo estuvieron. 
Pocas veces es la sociedad la que reprime o concede las libertades. Son las religiones y las políticas las que gobiernan el mundo y son ellas las que dan o quitan esa libertad como forma de demostrar su poder. Supuso un gran avance que en el año 1.973 la comunidad científica internacional dejara de considerar la homosexualidad como una enfermedad. El ser humano es demasiado complejo para que pueda cortarse con un mismo patrón y la homosexualidad es una más de esas complejidades que lo hacen distinto del resto de los animales. 

La cultura también ha ayudado mucho a la comprensión de este fenómeno por parte del humano llamado "normal" y están quedando aparcados los prejuicios que había al respecto, muy especialmente los religiosos. La propia iglesia niega la existencia de homosexuales, a la vez que reconoce prácticas de conducta homosexual como desviaciones de la conducta de ciertas personas. La homosexualidad no es pues hereditaria sino que, más bien al contrario, difícilmente se podrá encontrar esta conducta en hijos con padre o madre de esta tendencia. 
Cuando esta anormalidad no es de carácter físico, está claro que solo desde el punto de vista psicológico se puede buscar motivo por el cual una persona se vea atraída por el mismo sexo. Hay que considerar sin embargo que este no es el comportamiento natural de la especies para perpetuar la vida en el planeta, tal y como la conocemos. La procreación humana ha exigido hasta ahora el emparejamiento entre macho y hembra y solo con ese atractivo entre los diferentes sexos han podido proliferar las especies hasta abarrotar el planeta. 

Es cierto que ante las presiones políticas y religiosas que ha habido hasta hace bien poco, eran muchos quienes escondían su tendencia natural y se unían a una pareja del sexo contrario, por dar satisfacción a la familia y a la sociedad. Sin embargo esas presiones apenas existen en la actualidad y cada día son más los que pregonan sus preferencias sexuales sin avergonzarse de ello. Desde luego no hay el por qué. En este mundo hay gente de todos los colores y de todos los gustos. Por lo tanto puede considerarse natural que, en mayor o menor proporción, también en el aspecto sexual haya diferencias. Lo extraño sería justamente que no las hubiera. 
Los neurocientíficos han estudiado el tema en profundidad y han llegado a la conclusión que el homosexual no es un enfermo, pero si que tiene anormalidades neurológicas que son en cierto modo corregibles a una edad temprana. Así pues, aparte de los factores naturales que puedan predisponer a que se desarrolle una tendencia homosexual, durante los primeros años de vida existen cambios hormonales y enseñanzas que pueden condicionar el carácter sexual del individuo adulto. 

De hecho se piensa que solo un 10% de las personas son totalmente heterosexuales ya que en general, aunque se prefiera a uno u otro sexo, la mayor parte son tendentes a la bisexualidad, un hecho que no está mal visto en la mujer pero que no se acepta en el hombre. Dos mujeres que se encuentren por la calle pueden abrazarse y besarse sin llamar la atención, pero este mismo proceder no está bien visto en el caso de que se trate de dos hombres. Se darán la mano o, como mucho, podrán abrazarse pero jamás se darán un beso por mucho que el cuerpo se lo pida y mucho menos mirarse a los ojos. Es también una forma de educación que se nos ha dado. Las estadísticas nos dejan perplejos al indicar los altos porcentajes de personas que dentro del anonimato se definen como bisexuales; un porcentaje que según estudios recientes se estima alrededor del 35%.(!)  
Este estudio reafirma opiniones de expertos que determinan el alto porcentaje de personas que nacen con predisposición indefinida y que pueden inclinarse en uno u otro sentido, en base a la educación que reciban en sus primeros años de vida. En fin, la homosexualidad no es nada nuevo. Ya en tiempos remotos estaba presente en todos los estratos de la sociedad.

Actualmente los niños ya no juegan como antes en la calle, pero antiguamente los juegos dependían y mucho de la película que echaran el domingo en el cine.
Indefectiblemente los lunes se jugaba a indios o a policías y cuando se podía también jugábamos con las niñas a médicos. La niñez es tiempo de aprendizaje natural y uno suele hacer lo que le enseñan o lo que ve que hacen los demás. Claro que esto solo sucede en las personas blandas y maleables, es decir, en ese 35% sin personalidad definida. Después solo los castigos y las persecuciones han frenado la tendencia, escondiendo la realidad que circulaba por las venas de los afectados. 
Torturas y hasta la pena capital se sigue aplicando en determinados países por el único pecado de ser fieles a los sentimientos de su propio cuerpo. Han sido muchos los quemados en la hoguera de la homosexualidad y aunque en el mundo civilizado de hoy todos somos más permisivos, lo cierto es que el matrimonio homosexual solo se permite en una docena de países, de los más de doscientos existentes en el mundo. Queramos o no es algo contrario al orden natural y, aunque la mayoría estamos a favor de la libertad, no podemos negar que esta forma de comportamientos es contraria a la salvaguarda de nuestra especie, primera norma de vida en el planeta.

Somos muchos los que estamos a favor del amor, venga de donde venga, como también estamos a favor de las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Sin embargo también somos muchos los que no hubiéramos llamado matrimonio a estas uniones, puesto que la palabra matrimonio define la unión entre hombres y mujeres. Ya que se trata de una cosa diferente, tendría que haber sido llamado de diferente forma aunque, por supuesto, manteniendo los mismos derechos del matrimonio convencional. En cuanto a lo de tener o adoptar niños... ¡Ahí me habéis pillado!. Me parece tan antinatural que dos hombres o dos mujeres tengan un hijo como que lo adopten, por lo tanto no sé qué pensar y no quiero negar ni otorgar. Lo siento, pero vais demasiado deprisa. Tened en cuenta que la educación recibida por la ciudadanía no fue justamente la más adecuada para entender según que cosas y también vosotros habéis de comprender a quien no os comprende. Todos necesitamos tiempo... 

EL ÚLTIMO CONDILL 

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