4 de junio de 2012

0699. MEZQUITA DE SOLIMÁN EL MAGNÍFICO.

Llamada la Mezquita de Süleymaniye es sin duda una de las más bellas de la ciudad de Estambul y fue creada en honor a Süleyman Kanuni (1520-1566) conocido en occidente como Solimán el Magnífico, sin duda el Sultán otomano más poderoso de todos los tiempos. La construcción corrió a cargo de Mimar Sidán, el arquitecto más famoso de la época y su duración fue de 7 años ininterrumpidos. Aunque no es tan grande como la de Santa Sofía, refleja claramente la grandiosidad de ese periodo de la historia de Estambul. Sus cuatro minaretes indican que este sultán fue el cuarto de la dinastía otomana. Después de no pocos incendios y reformas consiguientes, sigue siendo una de las mezquitas más admiradas y visitadas de la ciudad. En sus jardines descansan los restos del Sultán y de su esposa Roxolana, así como los del arquitecto que construyó todo el complejo.

Solimán estaba hechizado por Hürrem Sultan, una de las chicas de su harén. Hija de un sacerdote ortodoxo de Ucrania, había sido capturada de niña y criada dentro del harén hasta llegar a ser su favorita. Roxolana era la forma de llamarla los dignatarios occidentales debido a su origen eslavo, pero en Estambul se la llamaba Rossa. Rompiendo la tradición otomana, por vez primera una concubina se convertía en esposa legal del Sultán, mientras la primera esposa (Gülbahar) pasaba a segundo plano, lo que provocó no pocos rumores palaciegos en toda Europa. 
Las dos esposas de Solimán le dieron ocho hijos, pero solo cuatro sobrevivieron a la década de 1.550. De estos cuatro hijos solo uno (Mustafá) era hijo de la anterior esposa del sultan pero, por ser el primogénito, era a quien correspondía heredar el trono. No es de extrañar que se considere a Roxolana responsable de las intrigas que finalmente acabaron con la vida de Mustafá y situaran a su hijo Selim como único heredero.


El legado de Solimán no solo fue territorial y militar. Bajo su mecenazgo brilló la Edad de Oro del Imperio Otomano y sus logros culturales llegaron al cénit, tanto en la arquitectura, como en la literatura, el arte, la teología y la filosofía. Las reformas administrativas y legales le otorgaron el nombre popular de "Dador de Leyes", garantizando la supervivencia del Imperio hasta muchos años después de su muerte. Esta gran herencia precisó de muchos herederos decadentes para poder acabar con los frutos cosechados por Solimán. El primer y más importante fracaso llegó justamente de la mano de Selím, el hijo de Roxolana, un juerguista que entró en la Historia como Selim el Borracho, aunque su madre no llegó a enterarse puesto que murió antes que su esposo y no pudo verle sentado en el trono. Casi quinientos años después el horizonte del Bósforo y muchas ciudades de la moderna Turquía y antigua provincia otomana siguen adornadas con la arquitectura del gran arquitecto Mimar Sidan. Por supuesto, el más importante monumento es la Mezquita de Süleymaniye y los mausoleos del sultán y de su esposa Hürrem, la favorita Roxolana.

Los trabajos de esta singular mezquita se iniciaron el año 1.550, en el mismo solar que había dado cobijo al Palacio Eski Saray. Mimar quiso imprimir una concepción más simétrica y racional que la llevada a cabo por los arquitectos otomanos precedentes. Aunque similar en magnificencia, reafirmó la importancia histórica de Suleymán. Esta mezquita fue devastada por un incendio en 1.660 pero fue restaurada por el sultán Mehmed IV. El terremoto de 1.766 derribó nuevamente la cúpula y los trabajos de recuperación dañaron la decoración original. A mediados del siglo XIX los italianos hermanos Fossati la restauran de nuevo intentando devolverle su estado original. Durante la I Guerra Mundial el patio de la mezquita se usa como almacén de armas y un incendio y posterior explosión la dañan nuevamente. No sería hasta 1.956 cuando se restauraría.


Hoy, ya en pleno siglo XXI, la mezquita disfruta plenamente del esplendor para la que fue concebida. Al igual que otras mezquitas imperiales goza de un monumental patio al oeste, rodeado de un peristilo con columnas de mármol y granito mientras que en las esquinas están los cuatro minaretes, un número solo permitido a los sultanes. Estos minaretes tienen un total de diez galerías, como indicativo de que Süleyman era el décimo Sultán de la dinastía otomana. 
La cúpula tiene 53 metros de altura y 26,5 metros de diámetro pero, siendo más pequeña en altura y diámetro que Santa Sofía, en el momento de su construcción era la mayor del Imperio desde la base. 



El interior es un espacio cuadrado de 59 metros de lado sobre el que descansa la gran cúpula, flanqueada por semicúpulas y arcadas con tímpanos rellenos de ventanas. La decoración interior es ligera, con azulejos de Iznik; mihrab y mimbar de mármol blanco y diseños sencillos. 


Al igual que sucede con otras mezquitas imperiales actualmente se utiliza como complejo multiusos.
Al exterior de la mezquita un bonito cementerio acoge los restos de destacados fieles, con sencillas lápidas de mármol blanco en las que nunca faltan los versos del Corán. 
En un rincón un imponente mausoleo contiene los restos del Sultán Süleymán I y de su esposa Hürrem (Roxolana). 
Estos féretros se encuentran en el interior de ese sepulcro al que se accede por una puerta lateral y que forma parte de la visita de fieles y curiosos turistas.


Junto a los féretros de los sultanes descansan otros príncipes y muy especialmente Mimar Sidán, el arquitecto que llevó a cabo toda esta obra y otras muchas que fueron el orgullo de Süleymán y lo son todavía de esta gran nación turca-otomana, otrora uno de los Imperios más grandes del planeta. 

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