30 de mayo de 2012

0695- ASI SE ESCRIBE LA HISTORIA.

Con demasiada ligereza escribimos o leemos hechos ocurridos en tiempos pasados, sin pararnos a pensar como se desarrollarían tales acontecimientos y como los sufrirían o los disfrutarían aquellas gentes que los vivieron en primera persona.
- En tal fecha se llevó a cabo la Batalla de no se cuantos... 
Si pero, ¿quien piensa en aquella gente que sin comerlo ni beberlo se enfrentó y resultó gravemente herida, mutilada e incluso perdió su vida por los intereses de cuatro ambiciosos gobernantes que miraban la batalla desde lo alto de una loma, mientras aquellos desgraciados perdían sus vidas?. Después de todas aquellas luchas, aquel dolor sobrehumano y aquella pérdida de vidas en el campo de batalla, dejando mujeres e hijos abandonados en sus míseras casas sin apenas nada que llevarse a la boca... ¿Qué dice de ellos la Historia?. Todo aquel dolor y aquellas vidas humanas perdidas por la ambición de los canallas de turno, los resume la Historia en unas líneas en las que se cita al que ataca y al que defiende desde el otero. Los que abajo se matan, no cuentan para nada ni para nadie.
- Murieron tropecientos mil de éstos y tropecientos mil de aquellos...
Si, si pero, ¿quienes eran?. ¿Como eran?. ¿Qué pasó con sus familias?.

En este momento de la Historia y tras cuatro largos años de mísera existencia por la crisis económica que vivimos, las noticias que tenemos cada día en prensa, radio y televisión, no pueden ser más negativas. España se hunde, como antes se hundió Grecia, sin que nadie sepa como atajar el problema. Si nadie lo remedia, también se hundirá Europa. Quiebran los bancos y las arcas de los Estados están bajo mínimos, viviendo del dinero que otros prestan intentando que el barco se mantenga a flote a costa de intereses desproporcionados.  
Sin embargo no hay que tener un "máster" en económicas para saber que son justamente las ayudas las que acabarán hundiendo la embarcación al más profundo de los abismos. Nadie conoce esto mejor que banqueros y gobernantes, pero ¡mientras suceda mandando los otros...! Todos sabemos que nadie puede endeudarse por encima de sus posibilidades. Cuando no se tiene en cuenta esa premisa, los intereses superan a los ingresos y la deuda no se puede devolver nunca, quedando a 
merced del prestamista.
Si llegas a ese punto sin retorno dejas de ser libre para convertirte en esclavo de aquel que te ha prestado el capital, el oxígeno con el que has respirado hasta entonces. Antiguamente, cuando no se podía devolver una deuda, mataban al acreedor. Esa ha sido siempre la historia del pueblo judío. 
Como incansables hormigas, apenas conseguían reunir unas monedas ya se las prestaban a sus vecinos con el consiguiente interés. En pocos años el capital inicial se había multiplicado mil veces y sus clientes dejaban de ser gente vulgar, para pasar a ser reyes y gobernantes. 

Las guerras continuas precisaban de grandes cantidades de dinero que los reyes no siempre tenían, pero allí estaban los judíos que no podían negar el préstamo a quien era dueño y señor de todo cuanto allí había. Todo iba viento en popa si la batalla se ganaba y el deudor devolvía el dinero. Si la batalla quedaba en tablas y el deudor podía ir pagando (al menos) los intereses nadie se quejaba tampoco. Pero las guerras también se perdían y aquellos que ocupaban el nuevo trono nada querían saber de las deudas del perdedor. Ante la insistencia del acreedor por cobrar lo que se le debía solo había dos caminos. Cederle el reino que avalaba la deuda  o cortarle la cabeza al prestamista. Por ser la más rápida y sencilla, como es natural, la segunda opción era la que se empleaba. Entonces, como ahora, recibir prestado un dinero para hacer realidad nuestros sueños, resulta mucho más fácil que devolverlo.


Cuando las cosas van bien, devolver un préstamo con sus correspondientes intereses no es fácil pero, hacerlo en las actuales circunstancias de crisis profunda, se hace prácticamente imposible. Las soluciones siguen siendo las mismas: perder el bien que has adquirido y que ya tienes a medio pagar o matar a quien te ha otorgado el crédito. Siglos atrás el acreedor era una sola persona y su asesinato era posible, pero los Bancos de ahora son miles de indivíduos y nadie en concreto, con lo cual eliminar a quien nos ha concedido el préstamo resulta imposible. No nos queda otra alternativa que perder esa casa, ese solar o ese coche de nuestros sueños, con el hándicap de que además quedas deudor de una parte del préstamo. Para satisfacer la deuda no es suficiente con que pierdas el bien adquirido, ya que éste se ha devaluado y ya no vale el dinero que tu has pagado por él. Quedas pues endeudado y sin bien, es decir: sin plumas y cacareando. Muy probablemente en una "lista de morosos" que jamás te permitirá poder acceder a un nuevo préstamo y ni siquiera poder disfrutar de una simple tarjeta de crédito, hoy tan popular entre la ciudadanía.  

Cuando eso sucede, las siete plagas bíblicas caen sobre ti, sobre tu casa y sobre tu familia. Para colmo de desgracias puede que hasta tu mujer quiera apartarse de quien ella considera que es el apestado que ha provocado tan siniestra desgracia. 
- ¡Eres un desastre!. ¡Ya te lo dije! -sentencia. 
Si tienes suerte te echarán a la calle, como un perro sarnoso, pero también puede ocurrir que la mujer se quede con la casa y tu con la deuda, sin poder levantar cabeza en lo que te resta de vida. A cambio, naturalmente, podrás ver a tus hijos dos fines de semana al mes, mientras el resto del tiempo estarán con su nuevo papá al que llaman "tío Alberto-José"; un cubano de 1,90 y de 120 kilos de peso, que tiene a tu mujer "contenta como unas castañuelas". 
Mientras esto sucede, tú habrás tenido que volver a vivir con tus padres por no pudrirte en la calle, puesto que el mísero sueldo (y que no falte) apenas te alcanza para la pensión que tienes que pagar a tu mujer con el fin de dar sustento a tus hijos y al cubano. ¿Qué le vamos a hacer?. 

Así están las cosas en este momento. 
Con los Bancos hundiéndose y quienes gestionaron la quiebra, marchando a sus casas "de rositas" y con indemnizaciones millonarias.
Los banqueros y los gobernantes son razas inteligentes y trabajadoras. ¡Por eso están donde están!. Nunca hubo paz para ellos, pero sus arcas siempre estuvieron repletas. También por eso nunca escarmentaron. 
Conocen el terreno que pisan, saben perfectamente que la ambición da buenos frutos, por eso cierran los ojos al riesgo del que siempre salen victoriosos. 
En todo caso, si el barco irremisiblemente se hunde, serán los depositantes y no los banqueros quienes queden con el culo al aire. Gobierno y Capital son una misma cosa, que nadie lo dude y los lobos nunca se muerden entre sí. Caiga quién caiga primero, el otro le echará un salvavidas pero, ¿alguien nos lanzará a nosotros, aunque solo sea una soga podrida con la que probar suerte?.

Al final del banquete los lobos se marchan y es entonces cuando hay cabida para los cuervos. Pobres inocentes con depósitos preferentes que, por cobrar un punto más de interés, llenaron las arcas que permitieron a los lobos engordar mientras ellos lo perdían todo. Algún hueso siempre queda. Lo que sí está claro es que la Historia la escribirán los lobos y a su manera. Para que pueda repetirse y para que aquellos que la lean, unas décadas después de que esto acabe, puedan saber que fueron ellos la raza inteligente que consiguió acabar con la crisis y que devolvió a Europa y al mundo la tranquilidad económica necesaria. 
No importa quién murió en la batalla, ni quien se enriqueció con ella. Eso es irrelevante. Lo que interesa es el hecho innegable de la caída y de la posterior recuperación. Nadie se acordará de los inocentes cuervos, que aportaron las semillas para la productiva siembra...

EL ÚLTIMO CONDILL

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