2 de mayo de 2012

0669- LA GRAN AMENAZA OCEÁNICA.

Entre 1.930 y 1.968, Estados Unidos mantuvo un programa intensivo de armas químicas en Panamá. Primeramente como protección del Canal y posteriormente, en previsión de guerra con Japón, como prueba de efectividad de las armas químicas en clima tropical. 
Decenas de toneladas de diferentes productos fueron almacenadas en su territorio y multitud de ensayos se llevaron a cabo utilizando incluso a sus propios soldados. En cierta ocasión, una decena de hombres fueron llevados a un edificio abandonado, equipados con máscaras antigás. Después de unos minutos en el edificio se les ordenó que se quitaran las máscaras. Poco tiempo después los oficiales que llevaban a cabo el experimento solicitaron otros diez voluntarios...(!)
Dijeron que los voluntarios no habían ser fumadores -recuerda un tal Candenheat que escapó de la muerte.
-Yo levanté la mano. Nos hicieron correr por el edificio pero muy pronto tuvimos problemas para respirar y fuimos llevados a un hospital cercano, asfixiados y con la boca amoratada.

Tras su jubilación Candenheat escribió a la Asociación de Veteranos pidiendo que se investigara el asunto, pero le dijeron que los archivos del Hospital donde fue atendido habían sido destruidos...
En cientos de pruebas llevadas a cabo en la isla de San José (Panamá) se empleaban cabras y todo tipo de animales.
El peruano José Ansola comenta: 
- Traían chivos de Ecuador y cuando les arrojaban los gases les caía la piel, se ponían rojos y quedaban cocidos.
Con el fin de aumentar la moral de la tropa, los americanos filmaron a tres chivos atados a un poste para una de esas pruebas. Uno de ellos llevaba una máscara de gas americana, otro la llevaba japonesa y el tercero no llevaba máscara alguna. Rociada la zona con gas mostaza el chivo con máscara americana salió ileso, mientras los otros dos se retorcieron y cayeron al suelo. Con el pase de la película querían inculcar a los soldados que, en caso de guerra química con Japón, ganarían seguro y con pocas bajas.

Después todo aquello pasó... 
El tema es viejo, pero no por ello menos importante. Son varios los cementerios de armas químicas usados por las grandes potencias, especialmente EEUU y antigua URSS, para enterrar un arsenal no operativo debido al acuerdo internacional alcanzado en 1.993. Los 188 países de la Convención Internacional de Armas Químicas acordaron desmantelar todo el arsenal químico, lo que entró en vigor el año 1.997. En esa fecha todos los países iniciaron los trabajos de destrucción del material. En un periodo relativamente corto de tiempo, las grandes potencias lanzaron al mar toneladas y más toneladas de armas. Solo en aguas estadounidenses, fueron lanzadas al agua 400.000 bombas y centenares de misiles con diferentes gases. Hasta 21.000 toneladas están sumergidas en aguas australianas y otros 6.000 toneladas en las costas de Japón, al tiempo que 40.000 toneladas de armas convencionales se lanzaban también al agua en el mar Báltico.

La guinda la puso EEUU al lanzar en aguas de Hawai otras 8.000 toneladas de armas químicas. Tras la II Guerra Mundial ya se había destruido una parte importante del arsenal no utilizado en la guerra, pero en los tiempos de la Guerra Fría este tipo de material se siguió fabricando. Las cifras citadas en el párrafo anterior son solo una muestra del armamento destruido, pero hay otros muchos lugares que sirvieron de vertedero para unos productos peligrosos que nadie quería cerca. El mar Báltico, el océano Atlántico, el océano Pacífico y el mar Mediterráneo son los lugares más afectados por esta clase de desechos, de permanente peligro para la humanidad. 
Pero bajo el mar hay más, mucho más. En aguas filipinas, solo en la Bahía de Subic, Golfo de Leyte y municipalidad de la isla de Coron, está la mayor densidad del mundo de aviones y barcos hundidos de la II Guerra Mundial, amén de los cientos de aviones y embarcaciones sumergidos en esas aguas por causas diversas. 

Claro que no solo las armas químicas en desuso envenenaron en las últimas décadas los mares del mundo. Entre 1.977 y 1.996 Francia llevó a cabo 127 pruebas nucleares en la Polinesia francesa, cada una de las cuales removía millones de metros cúbicos de arena y corales, destrozando el entorno y creando enormes cráteres artificiales. Como es lógico, las explosiones nucleares inyectaron el material radiactivo en las rocas carbonatadas que con los años son liberadas gradualmente en las aguas marinas, lo que sin duda afecta a los peces que llegan a nuestros puertos, a las corrientes marinas e incluso a la propia meteorología del planeta. Del mismo modo, investigadores de la Universidad de Florida advierten que los desechos armamentísticos lanzados al fondo marino, producen ondas marinas que distorsionan la capacidad auditiva de los cetáceos y otro tipo de especies afectando su comunicación, habilidades de caza y su comportamiento en épocas de apareamiento. 

Como consecuencia de la fabricación de armas químicas en tiempos de la guerra fría en Dzerzhinsk (Rusia) fueron vertidas alrededor de 300.000 toneladas de material químico a pozos subterráneos. Todavía en el año 2.003 la tasa de mortalidad superó a la de natalidad en un 260%. 
La producción química armamentística fue tan elevada, que las grandes potencias necesitarán mucho tiempo para deshacerse totalmente de su arsenal sin causar grandes tasas de contaminación que afecten a la población mundial. A fecha de hoy  Rusia solo tiene eliminado el 62%, lo que supone unas 27.000 toneladas métricas de material químico y no finalizará la destrucción completa hasta el año 2.025. EEUU ha trabajado con más rapidez y (según dicen ellos) dentro del próximo ejercicio 2.013 la destrucción de las armas químicas almacenadas habrá finalizado. Sin embargo la materia prima no fue considerada en dicha Convención y justamente este país parece ser que tiene un stock bastante elevado, a buen recaudo y sin ningún control. 
De todas formas la contaminación lanzada a ríos y mares de todo el mundo es tan elevada que, para acabar con la humanidad, no hará falta guerra alguna...

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