7 de abril de 2012

0649- LA SABIDURÍA DE LOS VIEJOS.

El saber de la edad.
Todo mentiras, lo que yo les diga. Los jóvenes pueden estar agradecidos a generaciones pasadas, por su lucha en transformar el mundo en lo que es actualmente. ¡Que vaya usted a saber si realmente merece esto las gracias...! Sin embargo lo del agradecimiento a los viejos, se ve que renta a los charlatanes (políticos) de turno. Sin embargo, lo que ya no tengo yo tan claro es lo del saber que proporciona la experiencia, habida cuenta el hecho de que somos la única especie que tropieza doscientas veces con la misma piedra... Sencillamente creo que ¡cuanto más viejos más dudas!.
Para empezar quiero decir que el listo nace y no se hace. Por muy viejo que uno se haga, o por mucho que uno estudie, si es tonto así queda para el resto de sus días. Por el contrario el que nace listo, con estudios o sin ellos, se busca la vida y de una forma o de otra siempre sale a flote. Ya sé que esta no es una buena enseñanza para el joven estudiante que pueda leer esta entrada, pero es mi opinión y ahí queda anotada. Sin duda lo mejor es ser listo y -además- tener estudios, cuantos más mejor.

La voz interior.
Yo además de no tener estudio alguno debo ser tonto porque, a pesar de los muchos años que tengo cumplidos, cada día lo tengo menos claro. Estoy mareado como una perdiz y ya no sé quien es el listo y quien es el tonto. Se ve que entran en contradicción las enseñanzas recibidas en la niñez con las realidades que veo día tras otro.
A todos los que ya peinamos canas, de niños nos inculcaron siempre los valores del trabajo, del ahorro, de no perjudicar a los demás, etc. y ¡claro! a la más mínima que pises la línea contínua ese medio cerebro, que es con toda probabilidad el que acumula las enseñanzas de la niñez, te dice: ¡Ojo, que te estás saliendo del camino marcado!. Y tú, esclavo de esa voz interior, vuelves inmediatamente al redil no sea cosa que lo que te enseñaron cuando eras niño sea cierto y "vayas al infierno", o te juzguen los vecinos, vigilantes permanentes de la paja de los demás y nunca de la viga propia, lo cual es sin duda mucho peor. Todos no tienen esa voz interior, motivo por el cual el mundo está lleno de desalmados e hijos de su madre.

El tren de la vida.
Cuando yo era niño, me enseñaron, como antes he dicho, a trabajar mucho y a gastar poco. Yo no es que fuera muy aplicado pero, tantos fueron los golpes de martillo que más o menos el clavo entró. Mientras fui joven hice lo que los demás y nunca me quedé corto en nada, pero después uno se casa y tiene hijos, con lo cual los ánimos se apaciguan.
Más pronto que tarde los hijos crecen y es obligado pensar más en ellos que en ti mismo. Se reducen las salidas y aumentan las horas de trabajo, por la satisfacción personal de darle a tu familia lo mejor a que puedas aspirar y también para demostrar que haces lo que todos esperan de ti. Total, que se acabó lo bueno y empieza el verdadero camino de la vida. Ese tren metido encima de la vía que, ni aún queriendo puede o debe descarrilar. Dejas de ser tú y pasas a ser lo que los demás quieren que seas. Al menos eso es lo que en algunos momentos de bajón piensas, pero la verdad es que nadie te obliga y realmente eres tu mismo y haces lo que te nace de dentro. Seguramente lo que -para bien o para mal- esa voz interior te marca.

El tonto que no lo es.
Sin embargo el verdadero motivo de esta entrada era para analizar aquello de la sabiduría, puesto que yo todavía no me he enterado donde está la verdad y muy especialmente estoy a falta de saber quien es el listo y quien es el tonto en este mundo de mentiras constantes. Como todo el mundo, hice lo que consideré oportuno pensando que hacía lo mejor pero, ¿era realmente lo mejor?. Habiendo nacido pobre, ¿fui listo o tonto al querer subir un peldaño más alto de lo que estuvieron mis predecesores, luchando para tener una buena casa, un buen coche y darles a mis hijas los mejores estudios que fueron capaces de sacar?. Alguien, que tenga ideas parecidas a las mías, puede pensar que la pregunta es -por obvia- una tontería pero yo, viendo lo que la vida depara, empiezo a tener mis dudas. Uno de los motivos es que sabiendo lo mal que está en este momento la economía nacional y sobre todo la particular de muchas familias, conozco a un montón de personas que pudiendo trabajar no lo hacen. Alguien con ganas de trabajar y que no encuentra donde, podrá pensar que estoy diciendo tonterías, pero no es así. Que diga esto no quiere decir que yo sepa donde hay trabajo pero que, a pesar de lo mal que está todo, aún hay quien desprecia el trabajo, es una verdad como un templo.

La ruina nacional.
Las ayudas sociales, que yo aplaudo cuando se dan a personas que verdaderamente lo necesitan, es la ruina que nos lleva a esta situación de holgazanería en la que muchos se han instalado y a los que la sociedad tacha de "basura", gentes de tercera categoría. Sin embargo son un verdadero ejército aquellos que, cobrando el subsidio de desempleo, reciben ofertas de trabajo que no cogen porque económicamente -o porque son unos haraganes- no les interesa. ¿Raro?. En absoluto, la explicación es muy sencilla... Reciben una paga sin hacer nada, con la posibilidad de encontrar algún "trabajillo" en negro, por el que no pagan impuesto alguno. Quien más quien menos, entre pitos y flautas, recoge 1000/1500 euros al mes limpios de polvo y paja... Mientras tanto la gente normal -los que no entran en ese juego- se las ven y se las desean para encontrar trabajo por 1.000 euros al mes (1.500 a lo sumo) de los cuales hay que deducir los impuestos correspondientes. Entonces -me pregunto yo- ¿quién es el listo y quién el tonto?. Porque, visto lo visto, estoy empezando a pensar que los tontos somos los que trabajamos y pagamos impuestos, para que esos "listos" cobren sin trabajar.

EL ÚLTIMO CONDILL

2 comentarios:

  1. Me gustaron varias cosas de su entrada - gracias por compartir. Saludos

    ResponderEliminar
  2. Es la simple opinión de quien ha visto de todo, pero no se puede generalizar. De todas formas, gracias por tu lectura y comentario. Un abrazo.

    ResponderEliminar