17 de febrero de 2012

0610- EL DESIERTO DE LAS PALMAS.

Monasterio Carmelita de Benicasim. (Castellón)
La historia y las gentes de Cabanes se enmarañan por simple proximidad con las de Benicasim. De hecho y antes de que ambos pueblos existieran, sus gentes ya estaban unidas en la defensa de los castillos de Miravet y Montornés, históricos baluartes construídos por los moros que habitaban estas tierras desde comienzos del siglo VIII.
Hoy, ya dentro del siglo XXI, todavía son muchas las familias cabanenses que tienen casas, bienes y negocios en el próspero pueblo benicense que, careciendo de tierras abundantes para el cultivo, supo agarrase en el momento adecuado al tren de la modernidad y del turismo, como fuente de riqueza alternativa.

La Orden de los Carmelitas nace junto a la falda del monte Carmelo, en Israel y junto a la fuente del profeta San Elías (850a.C.) que se enfrentó a poderosos y corruptos e hizo llegar la palabra de Dios al pueblo israelita en el Monte Carmelo, que desde entonces quedó unido a su memoria. Nace de la mano de San Bartolo que, junto a un grupo de eremitas, se instalan en el monte Carmelo en el siglo XII, conocido allí como "el Jardín de Palestina". Recientes excavaciones en Wadi-es-Siah han demostrado presencia humana en la zona, al menos desde el siglo IVa.C., lo que nos indica la actividad ininterrumpida de gentes en tan sagrado lugar.

Numerosas grutas, antaño habitadas y ruinas milenarias ratifican los relatos sobre la presencia de eremitas en el Carmelo desde tiempos inmemoriales.
Los eremitas que acompañan a San Bartolo, contruyen en mitad de la piña de celdas una pequeña iglesia que dedican a la Virgen María con la advocación de Nuestra Señora del Carmen. En 1.209 San Alberto, entonces patriarca de Jerusalen, les dio como regla la vida contemplativa, la meditación y el trabajo.
Uno de los emblemas más representativos de la Orden es el Escapulario del Carmen. Según la tradición, el día 16 de Julio de 1.251 la Virgen María se le apareció a San Simón y le entregó el escapulario con estas palabras: "Toma este hábito, el que muera con él no padecerá el fuego eterno".

Hasta hace bien poco era habitual que el primer escapulario de la Virgen del Carmen fuera impuesto a todos los niños y niñas en el día de su primera comunión ya que obligatoriamente este primer escapulario debía ir acompañado de la correspondiente bendición sacerdotal. El citado escapulario son dos pequeños rectángulos de tela de aproximadamente 2x3 cm. unidos con dos cordoncitos que se pasan alrededor del cuello, de forma que el que lleva la imagen de la Virgen queda en el pecho y el otro, un trocito de la misma tela que lleva el hábito de los frailes en la espalda del creyente, con lo que se simboliza una abreviatura de la vestimenta de la Orden.

Como bien dice su nombre, el Desierto de las Palmas, paraje en el cual está ubicado el Monasterio de los Carmelitas Descalzos de Benicasím (Castellón) tiene su enclave en la falda orientada al sur del Monte del Bartolo, lugar en el que se crían en gran cantidad las matas del "palmito o margalló", planta común de la zona mediterránea que se ha usado desde tiempo inmemorial para la fabricación de escobas. De la abundancia de esa planta en dicho paraje, proviene la denominación de Desierto de las Palmas. La propiedad donde está ubicado el ermitorio, prácticamente toda la ladera sur del monte Bartolo, linda con el barranco de Miravet ya término municipal de Cabanes y habitado unas décadas atrás por un buen número de masoveros que vivian en los caseríos, hasta el punto de tener escuela propia de niños y niñas. En una de esas masías vivía un tal Joaquinet "el Raboso" y su mujer, ambos dedicados en verano a segar el palmito de la finca de los frailes Carmelitas, que vendían posteriormente al padre de quien escribe, para la confección de escobas. La relación era muy cordial entre ambas familias y con motivo de la fiesta de la Virgen del Carmen solíamos bajar mis padres y yo a pasar un par de días con ellos.

Mayormente eran rudimentarias masías construidas por ellos mismos y sin otra comodidad que un habitáculo multiusos para ellos y un pequeño corral para los animales.
A falta de vehículo y con una distancia aproximada de Cabanes de unos 12 Km. salíamos a pié después de comer y llegábamos a última hora de la tarde. En la pequeña masía tenían instalado negocio de taberna y allí acudían tras la cena los vecinos de los alrededores a pasar la velada, a la luz de un candil y a tomar unos vinos o bailar al son de una guitarra desafinada. El tal Joaquinet adquirió el primer aparato de radio del Barranco de Miravet a pilas, puesto que se carecía en aquellos parajes de luz eléctrica. El aparato pesaba más de 25 Kg., de los cuales la mitad del peso eran las cuatro pilas, de tamaño superior a lo que actualmente se conoce como vasos tubo o "cubalibre" y que seguramente costarían un pastizal pues pesaban más de un kilo cada una. En aquella época las emisiones eran normalmente de discos dedicados y por tanto conectar el aparato significaba iniciar el baile. Incluso la poca publicidad que había entonces solía ser musical.

Todos aquellos masoveros estaban muy interconectados con los frailes y por lo tanto eran de misa dominical obligatoria. A la mañana siguiente a nuestra llegada a la masía de Joaquinet, tras tomarnos un tazón de "té de roca" con unas sopas de pan, todos nos encaminamos hacia el Monasterio distante un par de kilómetros. Yo tenía entonces poco más de cinco años y la mujer de nuestro proveedor de palmito se había empeñado en que los frailes me impusieran mi primer escapulario para que pudiera ir al cielo, en el caso de morir antes de tomar mi primera comunión. Mi padre era republicano de izquierdas y mi madrastra comunista radical y ex-afiliada de la CNT pero, por no llevar la contraria a los anfitriones, accedieron a sus pretensiones. Llegados al ermitorio la señora Carmen, que así se llamaba la esposa de Joaquinet, habló con el prior que accedió a la petición de tan buenos feligreses. Ellos quedaron allí fuera mientras el monje me llevaba hacia la Sacristía.

Mi corta edad y la exaustiva ceremonia hizo que me impresionara bastante, hasta el punto de que casi sesenta años después aún la recuerde como si fuera ayer mismo. En la sacristía habría no menos de una docena de monjes que, a la orden del prior me hicieron acostar boca abajo en el suelo con los brazos en cruz y todos ellos en un círculo a mi alrededor iniciaron rezos durante no menos de diez minutos que se me hicieron eternos. Incienso y agua bendita completaron la ceremonia tras la cual me impusieron aquel primer escapulario que, con caracter especial, se me concedía sin haber tomado aún la primera comunión. Día y noche lo llevé durante años, mostrándolo con orgullo al resto de mis compañeros de colegio, puesto que ninguno de ellos podría ser portador del mismo hasta los ocho años o más de edad.

El primer monasterio del Desert de les Palmes se funda a partir de la compra de la "Masía de Gavarrell" en 1.691 y del resto de la finca por un total de 23.000 libras. Sin embargo el acta de posesión lleva fecha del 2 de Febrero de 1.694 debido a las reticencias de la propia Orden y de las impugnaciones del Barón de Benicasim y de los Franciscanos de Castellón que pretendían imponer sus derechos sobre el territorio. Finalmente el 23 de Diciembre de 1.693 se cerró la disputa con la licencia del rey favorable a la creación del nuevo convento. Los frailes del Desert de les Palmes siguen la Regla de la Orden, de oración y trabajo. En 1.698 se inician las obras del nuevo ermitorio en el llamado "bancal de la Colada" que finalizan en 1.709. Las vicisitudes son muchas, como su encierro en la Guerra de Sucesión por presunta ocultación de armas lo que retrasa las obras y la iglesia no se termina hasta 1.733. Se cultivan campos y crean huertos de los que alimentarse, al tiempo que se construyen hasta trece ermitas, que son oratorios donde se retiran en soledad para el rezo y la meditación.

En 1.783 lluvias torrenciales agrietan el convento que amenaza ruina y un año después inician las obras en el emplazamiento actual que finalizan iglesia en 1.796, llevándose a cabo el translado de cadáveres en 1.802. La invasión napoleónica no estuvo exenta de abusos, a los que seguiría la amenaza de Exclaustración Religiosa promulgada por el Gobierno Liberal de 1.833 y ligado a la Desamortización.
El pueblo de Benicasim, agradecido por la ayuda recibida por los monjes en una reciente epidemia de cólera, les apoyan y consiguen la supresión de la orden. Los últimos acontecimientos nefastos en la Orden llegaron con la Guerra Civil de 1.936, en la que fueron asesinados 16 monjes de la comunidad.

Todas esas penalidades quedaron atrás. Desde hace muchas décadas los frailes se dedican también a la recolección de plantas aromáticas de la montaña y a la creación de su famoso licor Carmelitano. La vida de Santa Teresa va también muy unida a la Orden de los Carmelitas y determina la austeridad de sus construcciones a lo largo de la carretera que atraviesa la propiedad. Hoy la fe no es tanta como en tiempos pasados, pero ellos van a lo suyo y siguen con sus oraciones, su meditación y su trabajo.
Allí reciben semanalmente multitud de visitas de curiosos turistas que compran su licor y sus souvenirs, visitan el museo y sus instalaciones. También desde hace ya muchos años atrás, montaron un restaurante en el que los visitantes pueden comer sus especialidades y que les incrementa algo más sus ingresos.
En fin, ya se sabe lo interesante de aquella máxima que dice: ¡Vive y deja vivir!.

EL ÚLTIMO CONDILL

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