22 de enero de 2012

0591- EL DELICIOSO CHAMBI.


La niñez acude a mi mente porque fue hacia 1.960 cuando se disfrutó por primera vez (en nuestro pueblo) de este manjar de dioses. Sin embargo es hoy, 40 años después de su desaparición, cuando me entero de su simpático nombre latinoamericano.
No voy a intrigar más al lector. El chambi -mantecao, en valenciano- es el nombre del típico y primer helado casero que los niños disfrutamos en nuestra infancia, tras no pocos años de hambre y miseria. En las capitales de provincia seguramente el invento llegaría algunas décadas atrás pero, en nuestro pueblo, su llegada no se produjo hasta finales de la década de los 50 y de la mano de Vicentica "la Valenta" señora que llevaba entonces el "ambigú" del Teatro-cine Benavente, de Cabanes, mi pueblo y el de otros 2.401 habitantes que había en ese momento, según rezaba la gran losa de ladrillo enlucido que había a la entrada del pueblo, junto a la carretera de Zaragoza.

Hasta entonces, el atraso de los pueblos y el hambre de la posguerra no dejaban margen, al menos en nuestra comarca, para frivolidades.
Su fabricación es hoy barata y ciertamente fácil, pero no lo era tanto entonces cuando se carecía de los aparatos necesarios para fabricarlo y para mantenerlo. No es que Cabanes careciera de luz eléctrica, pero su fabricación a tan pequeña escala era manual y también la forma de mantenerlo duro hasta el momento de su venta. Pero vayamos al proceso:
Los ingredientes de la época eran simplemente leche, azúcar y vainilla. El método era hervir la leche con la vainilla y el azúcar en las proporciones requeridas y durante el tiempo suficiente hasta conseguir el punto de cocción necesario. Una vez conseguido se apartaba del fuego y se dejaba reposar hasta alcanzar la temperatura ambiente para posteriormente colocar la mezcla en un recipiente de latón de aproximadamente 20 cm. de diámetro por 50 cm. de alto.

El recipiente metálico se introducía dentro de otro de corcho de la misma altura pero de doble amplitud para posteriormente rellenar el espacio entre ambos de hilo picado, sal y cáscara de arroz.
La ingeniería química nos indica que la sal aumenta la temperatura de fusión del hielo, absorbiendo con ello una mayor cantidad del calor liberado por la crema y helándola durante el proceso. La mezcla del recipiente se congelaba, por lo que era necesario ir agitándola para evitar que se formasen cristales de hielo que eliminasen la sensación de cremosidad. La cáscara de arroz protegía del calor ambiente haciendo más duradero el hielo. El recipiente cilíndrico que contenía la crema estaba provisto de tapa, también de latón y asa correspondiente que ayudaba al frecuente movimiento de rotación, ejecutado por el dependiente, necesario para mantener el helado en su punto justo de frío y cremosidad.

Para atender la demanda de sus clientes el heladero, en este caso Vicentica "la Valenta", cogía un dispensador de dos puntos (según el tamaño y precio solicitado por el cliente) y colocaba una pequeña galleta en el fondo del mismo.
Acto seguido cogía una paleta metálica que le servía para coger el producto en pequeñas porciones y llenaba el hueco del dispensador hasta arriba para posteriormente colocar la segunda galleta. Empujaba el resorte hasta arriba y salía el helado que entregaba al cliente sujetándolo con una breve servilleta de papel.

Juro por Dios que me he vuelto loco tratando de encontrar en internet la foto del citado dispensador rectangular de latón que, provisto en el mango de dos puntos, permitía hacer el helado de dos grosores distintos a petición del cliente, pero no ha sido posible encontrarlo. ¡Ha llovido demasiado desde entonces...!
Ese era entonces el maravilloso y único helado del que se disfrutaba por estos lares: el Mantecado ó Chambi. En las ciudades, los heladeros ambulantes iban con su carrito manual o sujeto a un triciclo y llevaban dos recipientes o más, uno de los cuales era de "aigua cebà", bebida refrescante elaborada con agua, cebada tostada y azúcar aromatizada también con canela y sin duda precursora del actual granizado de café. Unos años después ya llegaron los polos, los vasitos y los helados "de corte" que pusieron punto y final al helado artesanal que, lógicamente, no podía competir con la variedad y precios de los helados industriales. Así es todo en la vida, nuevas puertas obligan a cerrar a las anteriores.

Sin embargo el helado industrial se había inventado mucho antes. Lo hizo en 1.913 cuando se inventó la máquina continua, una marmita de acero que congelaba el producto mediante el equipo eléctrico correspondiente y provista de unas aspas giratorias que iban raspando el producto a medida que iba helándose en las paredes del recipiente. Al mismo tiempo un cilindro iba moviendo la mezcla continuamente hasta alcanzar la consistencia deseada. De todas formas la máquina en cuestión no era industrial, en el término que damos hoy a las grandes cantidades, sino que se trataba de facilitar la labor de las heladerías de las grandes ciudades. Cada establecimiento tenía su propia máquina, algo inasumible en los pequeños pueblos, donde apenas se vendían dos litros de helado cada domingo.

Fue más tarde, ya en la década de 1.960, cuando llegaron los primeros helados elaborados industrialmente y con sus marcas correspondientes. Los primeros fueron FRIGO en el Bar Cabanes y en el Bar Tony; a la semana siguiente llegó CAMY al Bar de Xulla y AVIDESA al Bar de l'Agüelo...
El helado industrial era de gran cremosidad y sabor variado y agradable, si bien es cierto que contenía una gran cantidad de aire, lo cual mermaba notablemente la cantidad de materia prima necesaria para fabricarlo, con lo cual el coste de fabricación del producto era mucho menor. Este tipo de "modernos" helados se vendía en todos los bares y por lo tanto el "mantecado" de Vicentica la Valenta quedó pronto en el olvido, formando parte de la historia de Cabanes.

Si tenías las 2 pesetas en cuestión (1 céntimo de euro) ya no era necesario esperar al domingo para comerte un polo o un mantecado de corte. Con sus congeladores de arcón, los bares tenían el producto a disposición del cliente durante toda la semana. Es más, la novedad puso de moda el producto y no era necesario que fuera verano para saborear un estupendo helado. Independientemente de la estación del año en los bares muchos clientes, cansados de pedir siempre café o bebidas alcohólicas, solían pedir con cierta frecuencia un helado para salir de la rutina. También llegó la Fanta y la Coca-cola. Aquello era un antes y un después. ¡Estábamos en plena modernidad...!

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2 comentarios:

  1. Ahora puedes ver la foto del aparato que se necesitaba para los chambis si entras en Facebook a la cuenta de Heladería Los Valencianos, en Baza, Granada.

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  2. Gracias amiga Carmen. Había muchos modelos pero efectivamente es algo curioso, sobre todo para los jóvenes de hoy. Recibe un fuerte abrazo.

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