24 de enero de 2012

0593- BICHOS PELIGROSOS.

Para simplificar, me limitaré en esta entrada a señalar lo que por su nombre parecen dos insectos, uno de los cuales no lo es en absoluto.
Bichos peligrosos hay muchos en este planeta. Algunos de ellos, justamente los más mortíferos, solo tienen dos patas y se llaman seres civilizados. Sin embargo en el día de hoy me limitaré a solamente dos especies y con número de patas muy superior:
- LA AVISPA DE MAR o Chironex Fleckeri y
- EL MOSQUITO ANOPHELES.
Ni uno ni otro tienen apariencia de peligrosidad alguna, pero son cerca de 3.000.000 los humanos que pierden la vida cada año por culpa de
sus picaduras de estos "angelitos".

La Avispa de Mar es una medusa, concentrada fundamentalmente en aguas tropicales australianas, aunque también está presente en algunas áreas del océano Pacífico y en la parte occidental del océano Indico. Aunque se desconoce si tienen una ubicación más o menos definida, se han avistado especímenes en Papúa Nueva Guinea, en Filipinas y en Vietnam. A diferencia de las medusas comunes, normalmente ciegas, la Avispa de Mar tiene cuatro grupos de veinte ojos cada uno y gran velocidad de desplazamiento (1,5 metros por segundo) lo que le permite cazar peces.

De la umbrela salen 60 cilios o tentáculos de hasta 80 centímetros de largo cada uno. Es tan transparente que es prácticamente invisible a los bañistas, lo que acrecenta el peligro de picadura.
En principio su roce pasa inadvertido y no deja lesiones visibles. Veinte minutos después comienza un fuerte dolor por todo el cuerpo, se triplica el ritmo cardiaco y sube la tensión sanguínea.
Caso de que el veneno penetre en la sangre, la muerte se produce tres minutos después, tras una embolia cardiaca. Cada una de estas medusas tienen veneno suficiente para matar a 60 personas.

A pesar de encontrarse en pocos lugares y perfectamente señalizados, hay contabilizadas más de 5.000 muertes por picadura de Avispa de Mar. Esa peligrosidad tan letal solo la producen los indivíduos adultos ya que los jóvenes solo tienen un 10% de células urticantes. Algunos animales son inmunes a la toxina. De hecho esta medusa forma parte de la dieta alimenticia de las tortugas marinas, sin que el letal venero suponga la más mínima molestia para sus predadores.

Sin embargo el enemigo público número uno de la especie humana, con cerca de dos millones de muertes anuales, es el mosquito Anopheles. Su mayor actividad es crepuscular o nocturna. Causante de la Malaria el citado insecto ha evolucionado y se presenta en diferentes especies según el continente o zona en que nos encontremos, afortunadamente no todas ellas igual de mortíferas. Si bien es el continente africano el más afectado por el paludismo o malaria, una buena parte de esas especies de mosquito podemos encontrarlas también en el continente americano y en otras partes del mundo. Como es de todos conocido el mosquito macho no pica puesto que solo se alimenta de néctares y jugos vegetales. Es la hembra a la que le es imprescindible chupar sangre para madurar los huevos de los que es portadora.

El contagio entre humanos solo se da entre madre y feto o por transfusión de sangre contaminada. También es posible la transmisión directa por picadura de mosquito común, que haya picado antes a una persona enferma.
Cada año se detectan alrededor de 400 millones de casos de paludismo aunque las modernas vacunas y medicamentos actuales evitan el desarrollo de la enfermedad o la minimizan. El 90% de la mortalidad se da en niños menores de 5 años. La mayor parte de la mortalidad por paludismo se registra en el continente africano y concretamente en los países situados al sur del Sáhara. La malaria es una enfermedad histórica, con posibilidades de que se trate de un patógeno del ser humano desde el inicio de la especie. De hecho se encuentran especies de la enfermedad, próximas a las humanas, en nuestros ancestros los chimpancés.

La mejor defensa son las fumigaciones masivas de las zonas afectadas y protección adecuada mediante repelentes químicos, así como es aislamiento físico de las zonas de descanso nocturno. Muy especialmente en el caso de los niños, por ser los más afectados y los más indefensos contra la enfermedad.

Con el descubrimiento de América, los exploradores españoles observaron que los nativos trataban la enfermedad con la corteza de un árbol llamado Chinchona que se descubrió posteriormente portador del alcaloide quinina. Los jesuitas fueron quienes trajeron a Europa aquel remedio rudimentario de la malaria. Sin embargo tendrían que pasar casi doscientos años (1.820) para que pudiera extraerse de forma eficaz el alcaloide de la corteza.

Hasta el descubrimiento de los antibióticos, los enfermos de sífilis eran infectados intencionadamente con malaria a fin de crear la fiebre característica. Al controlar ésta con la quinina los efectos de la sífilis y de la malaria disminuían.
No fue hasta 1.980 cuando se descubrió que el parásito podía quedar latente hepáticamente, lo que explicó el motivo por el cual algunos antiguos enfermos de malaria podían recaer nuevamente años después de haber sido eliminada la enfermedad del torrente sanguíneo del paciente.

En el escudo central de la bandera de Perú, lugar donde se descubrió el primer tratamiento de la Malaria, ocupa lugar destacado el Chinchona o árbol de la Quina. De todas formas no existe tratamiento o vacuna 100% eficaz. De hecho los casos de malaria aumentan año tras año. La prevención, el conocimiento de los síntomas y el rápido tratamiento de la enfermedad son la mayor garantía de supervivencia.

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