11 de enero de 2012

0582- DOS PASTORES Y UN REBAÑO.


Europa está cansándose, con o sin razón, del excesivo protagonismo que están llevando a cabo Ángela Merkel, y muy especialmente su partner Nicolás Sarkozy. Ya son varios los países que reclaman una mayor participación en los debates sobre la aplicación de diferentes soluciones que den luz verde a estos tiempos de incertidumbre. Todos tienen claro que Alemania lidera con holgura la Unión en la aplicación interna de medidas y resultados, pero tampoco puede pretender convertirse en dictatorial dueña y señora del destino de los demás.

En toda unión debe haber un consenso y cuando no lo hay, la voz cantante debe llevarla la mayoría de los allí reunidos. Otra cosa, no es una unión. Todos tenemos claro que, quien más tiene más vale, pero esta clase de juegos no son para que los ricos se hagan más ricos, sino justamente para que los pobres puedan (unidos) defenderse mejor de los ataques de los poderosos.
Para eso y no para otra cosa se crearon las Cooperativas y las sociedades de pequeños empresarios o comerciantes, para defenderse de los poderosos y no para ser ovejas de ningún pastor. Todos sabemos que, en este momento, Alemania ha conseguido superar la crisis y es líder económico europeo pero, más que su dinero, lo que necesita el resto de países del euro es aplicar esas o parecidas medidas para poder salir también del embrollo en que estamos metidos.

Su dinero, si tiene confianza en la seriedad y capacidad de trabajo de determinados países, que lo preste y si no la tiene que se lo guarde debajo del colchón, pero pretender erigirse en capitán general de Europa, es algo que mosquea bastante a sus colegas y a todo el pueblo en general. En cuanto a Sarkozy, en su casa no lo tiene todo arreglado, así que mejor empiece por arreglar la economía francesa y después, si le sobra tiempo, gustosos aceptaremos sus consejos, pero no sus órdenes.
Estos dos mandatarios, que tanto se prodigan en la televisión, no pueden pretender dirigir Europa en solitario. El resto de países miembros también tienen intereses y derechos que exponer y debatir, así como fórmulas para la solución del problema que, como mínimo, deben ser escuchadas.

Merkel y Sarkozy no son las únicas estrellas que brillan en el firmamento y mucho nos tememos más de cuatro que sus soluciones internas pasen por debilitar a los demás y eso, no solo no puede permitirse, sino que representaría el más bajo de los golpes a la Unión y a la democracia europea. Los tiempos de dictaduras quedaron atrás, pero parece ser que los ricos olvidan fácilmente cuales son los principios básicos de la democracia.

Europa empieza a clamar contra los recortes y el exceso de protagonismo de Alemania y espera por tanto alguna rectificación al respecto. De no ser así, más pronto que tarde, la ciudadanía puede salir a la calle para recordarle su falta de interés en volver a tiempos pasados. Alemania está siendo considerada por el ciudadano europeo, cabecilla de la intolerancia y dueña de las decisiones del Banco Central Europeo. Muchas son sus exigencias para con los demás y poca la flexibilidad y las ventajas que ofrece para compensar tales sacrificios. Al final, como es lógico y natural, solo nuestro trabajo será quien nos saque del embrollo. Así pues, ¿qué papel juega en todo esto Alemania y por qué tiene que marcarnos el camino de forma dictatorial? -nos preguntamos.

Apretar el cinturón de los demás, que es su única propuesta, no llena el plato de los pobres. Algo más habrá que hacer -digo yo. Los duros sacrificios que Alemania propone, han de verse clara y rápidamente recompensados con progresos efectivos, de lo contrario el europeo medio se ve estafado, envuelto en una situación burlesca que siempre afecta a los mismos.
Esto no quiere decir que no veamos en Alemania un gran espejo en el que mirarnos, pero también creen muchos que este país podría hacer mucho más por dar solución al problema común. Como esto no se solucione pronto, las protestas anti-europeas pueden producirse en cualquier momento y eso tampoco le interesa a Alemania.

Merkel debe comprender que los países, independientemente de cual sea su economía, tienen su orgullo, por lo que difícilmente será aceptado que uno solo de ellos se convierta en pastor y dueño del rebaño. Máxime en un problema global del que nadie se siente culpable. Nadie lo permitirá, sobre todo si el pastor no llena el pesebre.
Si lo llenara... ¡Ya no te digo yo que no!.

EL ÚLTIMO CONDILL

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