6 de octubre de 2010

0169- RAICES DEL TEATRO BENAVENTE.

Estoy convencido que todos los habitantes de Cabanes, que han conocido el esplendor de este local de cine y espectáculos, revivirán con nostalgia y agrado cuanto aquí se exponga a continuación. Sin embargo los años pasan rápido y, puesto que solo estamos de paso en este mundo, poquísimas personas quedarán vivas ya para contar los inicios de tan emblemática sala. Sin embargo, sí quedan todavía muchas de aquellas gentes que hemos disfrutado de todo lo que allí se hacía como forma de alegrar las amarguras de la vida cotidiana de posguerra. Ahora, no es que todo esté en declive, sino...¡en ruína total!
Cuanto se expone a continuación, en cursiva y negrita, forma parte de un trabajo realizado por mi hija ANA MARIA FABREGAT SEGARRA, correspondiente a la asignatura optativa "Patrimonio Cultural", dentro de la Licenciatura de Humanidades, realizada en el año 2.000 en la Universidad Jaume I, de Castellón de la Plana. 

Para los pormenores de la exhibición cinematográfica y de espectáculos que allí se han vivido, así como los personajes y anécdotas allí sucedidos, remito al lector a mi entrada 0034-Teatro-Cine Benavente de Cabanes en la seguridad que encontrarán realidades y chascarrillos sobre las cosas que entonces eran cotidianas.

LAS OBRAS.
El año 1.926 el médico y cirujano cabanense Don Juan Bautista Torlá Pallarés, decidió la construcción del "Teatro Benavente" y él mismo elaboró todo el proyecto y planos correspondientes. Al frente de tan importante obra estaba el albañil de la localidad Rafael Julve y su ayudante Eulogio Traver, siendo otros muchos los oficiales y peones que trabajaron. Toda la decoración interior, el mobiliario y la fachada fueron encargadas a Jacinto Villanueva, que vino desde Valencia atendiendo la llamada de su amigo Torlá.

Don Juan, aparte de pertenecer a una de las familias más acaudaladas de Cabanes, era un gran aficionado a la música. Mientras estudiaba en Valencia la carrera de medicina, mantuvo contacto con numerosos intelectuales y artistas de la época y la influencia de éstos y su gran afición musical alumbraron en su mente la idea de construir un gran Teatro en su Cabanes natal. Tras un año de trabajos constantes, la inauguración del Teatro Benavente de Cabanes se llevó a cabo el día 14 de Marzo de 1.927.

EXPLOTACION.
Nunca ha cambiado de propietarios y actualmente pertenece a Don Félix Serrano Torlá, médico pediatra ya jubilado, nieto del fundador. Sin embargo sí cambió de empresarios.

Nelo Bacora sobre el escenario del Benavente.
El día de la inauguración del Teatro Benavente se programó cine mudo con la película "El cura del pueblo" (de Canaro), acompañada de gramola; el sainete "Nelo Bacora" (de Josep Péris) y la comedia "Mal de amores" (de Quijote). Posteriormente las películas de cine mudo se acompañaron siempre con piano. Habida cuenta la afición local al teatro, en esta primera etapa aparecieron compañías vocacionales de la localidad o pueblos próximos, pero unos años después se llevó a cabo la contratación de compañías foráneas. Estas actuaciones se alternaban con sesiones cinematográficas. Primeramente, fue el propio Juan Bautista Torlá el que dirigía el negocio pero, pocos años después, se dio cuenta del mucho trabajo que esto representaba y decidió alquilar el local. El primer empresario que lo alquiló fue Diego Perona, director de una compañía de teatro castellonense.

Una vez por semana (al parecer los domingos) su compañía representaba en el Teatro Benavente sus sainetes que complementaba con la proyección de alguna película. De su mano llegó a Cabanes en el año 1.936 la primera película sonora y varias compañías de teatro y variedades que llegaban desde Valencia. Sin embargo seguían proyectándose algunas cintas de cine mudo y, aún en los años 60, el famoso piano que ambientaba aquel tipo de cine y muchos de los espectáculos allí exhibidos todavía permanecía en la sala. Todos los que en este momento tenemos más de cincuenta años lo hemos conocido. 

Este señor mantuvo el local aproximadamente hasta 1.950, continuando la actividad Víctor Reverter, un señor de Almazora al que los cabanenses denominaban sencillamente "Víctor el cinero". Sin embargo solo estuvo al frente del negocio 7/8 años puesto que los jóvenes de la localidad se rebelaron contra él (impidiendo el paso de los espectadores a la sala) porque subió una peseta el precio de la entrada de adultos. Unas semanas después, ante las numerosas quejas de los vecinos por el cierre de la sala, el farmaceútico local Miguel Solsona se animó a abrirlo, aunque con poco éxito. Le siguió ya de forma definitiva Laureano Boira, propietario de una de las tiendas emblemáticas de la localidad y empresario que ya tenía otras dos salas de cine en pueblos cercanos.

ESPLENDOR.
Con Laureano Boira, el Teatro-Cine Benavente vivió sus años de máximo esplendor. La oferta semanal era sesión de estreno la tarde y noche de los domingos y películas de menor calidad en las sesiones de noche los jueves y sábados. Para la sesión dominical el empresario no reparaba en gastos y las películas más actuales llegaban a Cabanes al mismo tiempo que en el mejor cine de la capital. 

El lleno estaba asegurado y el llamado Laureano no arriesgaba en absoluto el elevado coste de traer a un pequeño pueblo cintas de estreno. Lo mismo sucedía con los espectáculos de "variedades" que el citado empresario era muy dado en traer a la localidad.
Cualquier fecha distinguida, o la llegada de la Compañía a nuestra capital provincial, eran suficiente excusa para que los vecinos de Cabanes pudieran disfrutar de un espectáculo, nunca permisible económicamente para localidades de tan pocos habitantes. Laureano tenía vista de lince para los negocios y no dejaba nada al azar. Apenas contratado el espectáculo de turno, la edición de unos fajos de folletos y un par de vehículos con altavoces montados en la baca, informaban a todos los pueblos del entorno. Unido esto a la impresión de una buena cantidad de folletos, que se lanzaban y se repartían también en los cines la semana anterior, quedaba garantizado el lleno de la sala.

Dependiendo de lo que contrataba Castellón (sábado noche o domingo tarde) el avispado empresario de Cabanes, obtenía siempre un mejor precio (si era en sábado) o la posibilidad de hacer dos funciones por el mismo precio, si era en domingo. 
El éxito era tal que, ante la insuficiencia de las butacas disponibles, la gente se sentaba con sillas en los pasillos de la sala, tanto el central como los laterales, en una actuación insensata que el empresario permitía. Afortunadamente nada pasó jamás...

VIGENCIA

Aunque no tengo datos sobre la fecha de cierre, no será muy aventurado decir que el local funcionó hasta mediados de la década de los años 70, que es la del fallecimiento del citado empresario ya que nadie más explotó el local, con la única excepción de diferentes funciones de teatro llevadas a escena por parte de la Asociación de Pensionistas y Jubilados de Cabanes, "La Velà" organizada por la Asociación Juvenil y otros espectáculos creados por la Asociación de Padres de Alumnos del Colegio Público Nuestra Señora del Buensuceso de Cabanes.
Después, silencio...

Gary Cooper y Burt Lancaster ya no vacían su revólver contra los indios; Sofía Loren no luce su espléndido escote ni se besa con Cary Grant, en películas casi siempre para mayores de 18 años. Tampoco suenan en la sala las voces de Jorge Negrete, Antonio Molina, Pepe Blanco y Carmen Morell, Antonio Machín o Rafael Conde "el titi"...
Ya nadie pregona las populares "rosquilletas"; tampoco los cucuruchos de cacahuetes y altramuces o las gaseosas locales Beltrán.
La "tía Carmen" abandonó las "chucherías y marchó a Pobla Tornesa, "Paulino" se casó y también marchó a vivir a Oropesa del Mar, "Vicentica la Valenta" abrió tienda en su casa del "Planiol".
Todo acabó... Ya no sale el insoportable "tufo" que asfixiaba a los espectadores próximos al Servicio de caballeros, es más, como puede verse en la foto la caseta que los ubicaba esta prácticamente derrumbada... Ya no salen los espectadores por la puertecita que se ve a la izquierda de la fotografía a fumarse en el patio un cigarrillo en el descanso.

 Los hierros de las puertas enrejadas que, desde la calle, dan acceso a los patios de tan emblemático local ya no son doblados por los niños que, ante la miserable situación de no tener en el bolsillo las dos pesetas que costaba la entrada, accedíamos a la sala saltando tan peligrosa verja, vulnerando la sagaz vigilancia del "tío Sentet el Teulé" que, aunque no cobraba jornal, vigilaba muy de cerca las fechorías de los muchachos cabanenses...
Ya nadie nadie va, tras la obligada misa, a ver los "cuadritos" de la película de la tarde dominical, tampoco nadie lucha por conseguir butaca en la última fila del cine, ni en la última grada del "gallinero" cabanense... que tantas cosas nos podrían contar.
Como tantas veces he dicho... ¡NADA ES PARA SIEMPRE!

RAFAEL FABREGAT

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