6 de julio de 2010

0108- LA JUVENTUD DE CABANES EN LOS 60.

Mucho llevo escrito de esa época (y lo que queda, si hay salud) pero es que yo nací en 1.949 y hacia 1960/65 es cuando empecé a "despertar" a la vida.
Pocos eran los gastos posibles en ese momento puesto que la oferta también era escasa pero, aún así, ni a esos mínimos podíamos llegar los muchachos de entonces habida cuenta que éramos una juventud sin dinero.
En el caso de tenerlo en abundancia y puestos a despilfarrar a manos llenas, hubiéramos podido...
- Fumarnos diez cigarrillos a escondidas................ 1,50 ptas.
- Hacer tres o cuatro consumiciones en el bar....... 8,50 ptas.
- Ir al cine y al baile con consumición incluída..... 20,00 ptas.
- Diez partidas al futbolín....................................... 5,00 ptas.


Ir al futbol era gratuíto para muchachos menores de 16 años y nada más podía hacerse en un pequeño pueblo como el nuestro. En aquellas fechas, el máximo "despilfarro" hubiera sumado la (escandalosa) cifra de 35 ptas. (31 céntimos de euro)
Mi paga eran 20 ptas. semanales, cuando la entrada de cine valía 7 ptas. y otras 3 ptas. se gastaban fácilmente al intermedio; no había por tanto otro cigarrillo que aquel que pudiera liarme de las hojas, de cosecha propia, que mi padre guardaba en el desván de la casa y las visitas al bar eran contadas y mirando mucho la consumición a realizar. 

Caso de quedar con los amigos para la sesión de cine de jueves ó sábado, había que pedir ayuda paternal extra. Todo miserias, pero así estaban las cosas entonces.
Sin embargo dicen que el hambre aguza el ingenio y así iba trapicheando la juventud de entonces que, como ya he relatado en ocasión anterior, echaba mano de soluciones que pasaban por realizar algún trabajo extra, normalmente organizado por la propia pandilla de amigos y que consistía en contratar unos jornales en tiempo de vendimia, ir a "espigolà" (buscar almendras en campos ya recogidos por el propietario) ó limpiar alguna parcela de monte para la venta de los haces de matorral (tallá malea).

Por aquel entonces los hornos de las fábricas azulejeras de la provincia se alimentaban con los típicos "gavells de malea", que primeramente con carros y mulas y posteriormente con camiones, llegaban a dichas fábricas procedentes de todos los pueblos de la comarca.
Los jóvenes, a 5 ptas. los 25 garbones o "gavells", íbamos algunos domingos por la mañana a parcelas cedidas por nuestros padres, que no tenían interés en ello y que agradecían que se limpiara el monte. La pandilla con esta labor reunía un dinero extra para organizar unas cenas, para la compra de discos y, en más de una ocasión, llegó a servir incluso para la compra comunal del propio pik-up, nombre que se daba entonces al tocadiscos que nos llevaba todos los domingos de casa en casa a los guateques de la época. 


Cuando no había dinero siempre era factible el ir a tomar el baño a alguna de "les basses" del Pla de l'Arc, o a realizar alguna fechoría en las afueras del pueblo.
Por todas las circunstancias citadas rara era la pandilla de jóvenes que no hubiera realizado alguna de "les tallaes de malea" a la montaña de turno. 
Dos o tres transportistas del citado material, te facilitaban los cordeles en atados de 25 unidades y adquirían el compromiso de comprarte todo cuanto se pudiera cortar en un plazo máximo de 10 días, con la única condición de su parte que "la malea" debía almacenarse a porte de camión, o sea, junto a camino que éste pudiera acceder. 
El plazo de 10 días era el necesario para contener dos fines de semana de trabajo y almacenaje por parte de los cortadores y que las gavillas no llegaran a secarse ya que si el matorral se secaba en exceso podía perder parte de la hoja y por lo tanto empeorar su presentación.
De todas formas era bastante dinero el que se podía reunir con dos días de corte entre 4/6 jóvenes bien avenidos.

Yo tuve alguna suerte especial con respecto a mis amigos de pandilla puesto que, siendo mi padre fabricante de escobas y haciéndole falta producción, algunas noches esporádicas de verano, tras la cena y con la compañía de algún amigo, me iba un par de horas al taller y hacía 5 o 6 docenas de escobas que mi padre me pagaba al precio que corría en ese momento para los empleados. 
Otra ventaja añadida era que, aunque sin madre pero sí con madrastra que quería hacerlo excelentemente bien, me dieron algún capricho como el de seguir un curso de idiomas por correspondencia que iba acompañado del correspondiente pik-up y que, con toda seguridad, fue lo que me movió a pedir a mis padres el seguir dicho curso.
Desde ese momento pasé a ser pieza importante de la pandilla ya que, la nuestra no tenía tocadiscos comunal y solo otro de los compañeros tenía dicho aparato. 
Pepe "el Maquet", que así se llamaba y se llama dicho compañero, no siempre estaba disponible puesto que él no iba nunca a misa que era el lugar de cita de la pandilla y principalmente con las chicas, donde (a la salida) quedábamos para el guateque de la tarde y más de una vez ya íbamos a casa de algún amigo a bailar un rato, hasta la hora de comer.


Nuestra pandilla, aunque ensayamos un par de veces el hacer serenata a las chicas de nuestros sueños (con "Paquito el de Basilia" a la guitarra) tampoco éramos buenos cantantes así que, con el tocadiscos ASKAR de la foto, propiedad de "Fransuà" y que funcionaba con pilas, cuando nos cansábamos de estar en el bar no antes de las doce de la noche, íbamos de casa en casa dando "la tabarra" poniendo "nuestra canción" y molestando al vecindario, principalmente a los padres de la "susodicha" que eran los que tenían la habitación a pie de calle. 
La chica de nuestros sueños, dormida como una marmota en una de las habitaciones interiores de la casa, nunca se enteraba de nada; sin embargo, aunque aún ignoro la fórmula empleada, siempre sabían que habíamos estado. 
¿Se quejarían directamente a ella sus padres por la intempestiva "serenata de Adamo", o por la del Dúo Dinámico?.
Los años cambian opiniones y perspectivas y lo que entonces nos parecía una situación insufrible, hoy lo recordamos como un tiempo idílico y feliz.
Que bonito y que inocente todo... ¿verdad?

RAFAEL FABREGAT

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