19 de abril de 2010

0063- ¿GLACIAR, VOLCAN... O LOTERIA?

No amigos, el Eyjafjälla no es un juego y tampoco una adivinanza, aunque tenga muchas incógnitas. Es el glaciar que alberga al volcán de Islandia que ha originado un desastre sin precedentes y de consecuencias aún desconocidas; el aviso de un planeta cansado de los múltiples abusos que sus moradores le infligimos. Sin embargo tampoco hay que ponerse histéricos pensando que sea esto el fin del mundo.
Son cosas de la naturaleza, cosas que han ocurrido siempre; cosas que actualmente se conocen instantáneamente y que apenas unas décadas atrás llegaban al conocimiento de la gente cuando prácticamente habían finalizado sus devastadores efectos, o de los que gran parte de los seres humanos que habitamos este planeta no llegaban a enterarse.
Son cosas de la modernidad. Este mismo fenómeno un siglo atrás apenas tendría repercusión mundial... Unos cientos de familias más próximas al desastre desplazadas por la nube de ceniza, algunos problemas respiratorios en algunas zonas de países próximos y poco más; pero actualmente... ¡Se imaginan los miles de aparatos que están volando simultáneamente en todo el mundo en un día cualquiera! Yo, la verdad, hasta ahora no me lo imaginaba.

Si en una zona, relativamente pequeña, en dos o tres días han quedado sin despegar 6.000 aviones, de los 21.000 previstos, ¿Cuantos vuelos hay simultáneamente en nuestro planeta en cualquier hora de un día normal? Y lo que es más importante, ¿Que podría ocurrir a nivel mundial si despertaran diez volcanes simultánea y estratégicamente situados?
Aparte los naturales contratiempos que este volcán ha podido ocasionar a un cierto número de personas, es también un aviso de nuestra fragilidad. No somos tan poderosos como algunas veces pensamos. Tenemos dominadas muchas cosas, pero no al planeta. De vez en cuando nos lanza un aviso que, debidamente interpretado, nos alerta haciéndonos bajar de ese pedestal al que con tanta alegría se han subido más de cuatro.
La gente normal, la vulgar a los ojos de esos otros que casi se consideran dioses, tenemos poco que perder pero ellos no tienen más. Sin embargo son incapaces ya no de reconocerlo, sino ni siquiera de imaginarlo. Al nacer se nos da la vida y nada más perdemos al morir.

Yo no digo nada de aquellos que no conocieron otra cosa más que la opulencia. Es natural que miren al resto de los mortales como la plebe que sin ninguna duda somos. A mí los que me hacen reír son aquellos que apenas unos años atrás estaban pidiendo limosna (es un decir), sin poder pagar ni siquiera los intereses del préstamo realizado, no ya para atender una grave enfermedad, ni siquiera para construirse una casa siempre necesaria, sino para pagar el banquete de una comunión o de una boda, de todo punto innecesaria y que hoy, que tras un golpe de suerte se han visto con un dinero fácil en la mano, miran al que era como ellos con desdén. ¡Que fácil les resulta olvidar quienes son y de donde vienen! ¡Que ridículas las pretensiones del nuevo rico!
Una lástima que no se den cuenta de ello ya que, de hacerlo, bajarían sin duda de ese falso pedestal en el que se han subido y, aunque con posibles, vivirían o tratarían al prójimo con más modestia.

No, no he olvidado que hablaba de volcanes, pero la cosa se ha ido por otros derroteros...
Ya sé que este volcán es mucho volcán y que estando cubierto de una placa de hielo de más de doscientos metros de espesor aumenta sobremanera su espectacularidad y su potencia, pero una vez más tengo que decir que la humanidad está actualmente sumida en una guerra nueva; la de conseguir una calidad de vida jamás conocida y que indefectiblemente pasa por la destrucción de la naturaleza que nos lo da todo cada día. No sé si será demasiado tarde, pero algún día tendremos que darnos cuenta de que no vamos por el camino correcto y que esta ambición desmesurada puede aniquilar a la propia raza humana solo capaz de pensar en el beneficio fácil y los lujos sin medida.
Tanto es así que hasta de la desgracia de los demás queremos sacar provecho. Es una lotería sí, pero una lotería que a la gente de bien no le toca nunca.


Una vez más la desgracia se pone de parte del oportunista. El Eyjafjälla llena las arcas de los sinvergüenzas que legalmente se aprovechan de una situación límite y como si de una orquesta perfectamente dirigida se tratara, ante la falta de atención de las compañías aéreas a sus pasajeros y la imposibilidad de encontrar billetes en trenes y barcos, taxis y vehículos particulares, a precios naturalmente desorbitados, brindan a los frustrados pasajeros la posibilidad de hacerles llegar a su destino; los coches de alquiler de aeropuertos y ciudades próximas multiplican su precio por diez, al tiempo que una misma habitación de hotel vale por la mañana 150 €, por la tarde 400 € y por la noche 850 €.
Con estas actitudes... ¿Hacia donde camina la humanidad?

EL ÚLTIMO CONDILL

No hay comentarios:

Publicar un comentario