19 de enero de 2010

0030- EL CINTURON APRETADO.

Hace pocos días que hemos iniciado el año 2.010 y las cosas están como estaban, o sea, muy mal.
Quienes saben sobre el particular, aseguran que este año será incluso peor que el anterior. La razón es simple, algunos parados están próximos a que se les acabe la prestación por desempleo y aunque a ésta le siga una pensión de caridad (se dice de ayuda) necesariamente ésta será pequeña y de corta duración... ¿Qué pasará después?
Poco puede gastar quien poco tiene, pero el problema es que quien tiene tampoco gasta porque vislumbra un futuro incierto. Y claro, si no se gasta tampoco se puede vender ni fabricar, por lo que la lista de parados crece y crece cada día, sin parar. Es la famosa pescadilla que se muerde la cola. Pero... ¿hasta cuando? ¿Cómo podremos salir de este pozo, que parece sin fondo?
Si sumamos a todo esto la abandonada agricultura, la poca competitividad de nuestro sector industrial y la invasión irracional de productos made in China, ¿cual es el futuro de los españoles?

En las dos últimas décadas, nuestro país se ha movido (sobre todo) alrededor del turismo, pero actualmente se está detectando un preocupante cambio de tendencias. Cada día que pasa, los españoles con posibles salen más hacia otros países para saciar su curiosidad y en cuanto a los extranjeros, al menos aquellos que viajan más, conocen sobradamente España y los precios de nuestro país ya no están como para venir por cuestión de economía. Por consiguiente la pregunta es obvia... Si también nos falla el turismo, ¿de qué vamos a comer?. No voy a entrar en este artículo de si el gobierno actual lo hace bien o mal. Esa cuestión, como todas las relacionadas con la política, tendría respuestas para todos los gustos. Pero si que voy a decir una cosa... De vez en cuando la gente y también muy especialmente la economía, necesita cambios de gobierno que renueven la ilusión. Por muy bien que se haga, el cambio es necesario.

Yo no sé quien tiene la culpa de esta crisis sin precedentes, seguramente mucha gente. Mucha porque en ella están involucrados Bancos y Gobiernos de todo el mundo. Unos por malversación y otros por permisividad pero, al final del recorrido, el que paga los platos rotos siempre es el mismo: el desgraciado trabajador que ve como el salario y sus bienes desaparecen y con ellos el bienestar de toda su familia.
El cambio es pues necesario para que empresarios y trabajadores renueven sus ilusiones y se decidan nuevamente a invertir y a gastar. Y, por supuesto, un cambio de políticas económicas. Que vuelva a rodar la rueda, actualmente parada, y que el bienestar de una economía activa sea el motor que nos saque definivamente del enorme bache en el que nos encontramos.

¡Hay que apretarse el cinturón!... nos han dicho muchas veces.
Pero apretarse el cinturón no es, ni ha sido nunca, la solución a problema alguno. La solución es crear riqueza y disfrutarla, ampliando esa riqueza a los sectores más desfavorecidos.
Lo de apretarse el cinturón podrá decirlo quien tenga un margen suficiente de perforaciones en la correa, pero cuando esos agujeros se han terminado y no es posible hacer más, ¿como se sujetan los pantalones?
Si tienes... ¿la suerte?, de quedarte sin dinero y con la comida escasa, aún puedes pedir el apoyo de familiares y amigos y por medio de alguna "chapuza" adicional seguir comiendo, pero como te pille hipotecado (como ha ocurrido en la mayoría de los casos) no solo pierdes el trabajo y el bienestar, que tantos esfuerzos te ha costado conseguir, sino que pierdes también todos los bienes acumulados a lo largo de toda una vida de sacrificios.

Lo más bochornoso es que...
- El destinatario de tus bienes, ahora embargados, es el Banco.
- El destinatario de las ayudas estatales, salidas del Tesoro nacional que todos hemos ayudado a crear con nuestros impuestos, también es el Banco.
- Quien decide el interés a cobrar y a pagar, es el Banco.
- Quien decide si te niega o te concede una hipoteca y sus condiciones, es el Banco. Y cuando digo Banco, también digo Cajas, éstas últimas con políticos como dirigentes.

Con un negocio así... ¿quien quiere morir, para ir al Cielo?
Los Presidentes de Bancos y Cajas y cuantos forman parte de su séquito, gente de una inteligencia fuera de lo normal, saben perfectamente que no hay Cielo que anhelar ni Infierno al que temer. Tienen muy claro que solo hay una vida y que hay que aprovecharla al máximo, pero no para amasar dinero (que también) sino para disfrutar, sabiendo que no hay una segunda oportunidad.
Para ellos, el Cielo está en la tierra...

EL ÚLTIMO CONDILL

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